Trasplantarse en la salud pública: “Te cambia la calidad de vida; es volver a vivir”

Gabriela Varalda cuenta lo que significó recibir tres trasplantes renales a lo largo de su vida. Los dos últimos fueron realizados en el Hospital José María Cullen, donde continúa en seguimiento.

La resiliencia acompaña la vida de Gabriela Varalda desde la infancia. Tenía apenas un año y diez meses cuando sufrió un Síndrome Urémico Hemolítico que dañó sus riñones y marcó el inicio de un largo camino de tratamientos, controles médicos y desafíos.

A los 13 años comenzó a realizar hemodiálisis y, poco antes de cumplir 14, recibió su primer trasplante renal. El riñón fue donado por su madre y le permitió recuperar una vida plena. “Tuve una adolescencia hermosa y totalmente normal”, recuerda. Ese primer trasplante la acompañó durante 19 años y medio.

Cuando el órgano dejó de funcionar, volvió a la diálisis durante más de tres años. Luego recibió un segundo trasplante con un órgano proveniente de un donante fallecido. Sin embargo, una infección por virus BK provocó la pérdida del riñón apenas tres años después.

Lejos de bajar los brazos, Gabriela siguió adelante. En 2020 recibió su tercer trasplante renal, también gracias a la donación de un órgano cadavérico. Ese riñón continúa acompañándola hasta hoy.

A lo largo de este recorrido, el Hospital Cullen se convirtió en una referencia fundamental. Allí se realizaron sus dos últimos trasplantes y continúa efectuándose los controles periódicos. “No tengo palabras más que para agradecer. Los médicos, enfermeros, cirujanos, nefrólogos y urólogos siempre estuvieron presentes. Nunca me descuidaron”, asegura.

Hoy, a punto de cumplir 50 años, Gabriela disfruta de una vida normal junto a su esposo y sus dos hijas, Milagros y Alma. Para ella, los trasplantes que recibió nunca fueron una limitación sino nuevas oportunidades. “Yo no vivo contando los años desde el trasplante. Vivo la vida. Me trasplanté, renací y seguí adelante”, resume.

Fuente: Gobierno de Santa Fe