Squash en los Juegos: desde Bolivia, la historia de Andrea Fuertes y Cristhiam Roldán

Los integrantes del doble mixto boliviano repasaron sus inicios en los deportes de raqueta. Los deportistas se mostraron sorprendidos y agradecidos por la calidez del público rosarino.

Para ambos deportistas, el ingreso al squash fue una transición natural impulsada por la curiosidad, el entorno familiar y las ganas de recorrer el mundo. «Empecé a los 11 años por mi papá, en una época en la que no hacía mucho deporte. Él jugaba al racquetbol y un día en mi pequeño pueblo abrieron una cancha de squash. Lo que me atrapó fue la adrenalina, la cantidad de amagues y la variedad de tiros que te podés inventar. Es muy divertido, se corre demasiado y, aunque a veces te estresas, lo disfrutas mucho», contó Andrea Fuertes.

 

Por su parte, Cristhiam Roldán recordó la particular motivación que lo llevó a inclinarse por esta disciplina: «prácticamente lo hice porque me dijeron que con el squash iba a viajar más y a conocer más países”.

 

“Me encanta entrar a la cancha y salir habiendo gastado dos remeras de tanto transpirar. Me fascina cómo cada rival tiene una estructura de juego diferente», agregó el atleta.

 

Caídas, aprendizaje y crecimiento personal

 

El camino hacia el alto rendimiento exigió sobreponerse a derrotas abrumadoras y a procesos de entrenamiento exigentes que moldearon su carácter competitivo. «En mi primer torneo internacional Junior en Perú tuve una dura caída y me frustré. Pero empecé a entrenar más duro, a agarrarle la maña, y te das cuenta de que podés mejorar esforzándote», rememoró Fuertes sobre sus difíciles comienzos en el circuito.

 

Roldán también reflexionó sobre la evolución de sus metas desde la infancia: «si mi yo de 12 años ve todo esto ahora, no se lo cree. Uno empieza jugando con amigos para que no le ganen, pero de a poco la competitividad fue creciendo y las oportunidades se fueron dando».

 

La calidez rosarina y la mística de la Villa

 


Más allá de la exigencia en el campo de juego, la estadía en Rosario significó un capítulo muy especial para la delegación boliviana, que destacó el intercambio cultural y el trato recibido por parte de los organizadores y los vecinos.

 

Para Andrea, estos Juegos sirvieron además para amigarse con el país tras una vivencia desafortunada del pasado: «personalmente tenía un recuerdo feo porque hace unos tres años en Mar del Plata me desgarré en mi primer partido y pensaba que Argentina tenía algo en contra mío. Ahora veo que no es así, estoy amando a la gente de acá, es muy amable y cálida. Rosario está increíble y los voluntarios están haciendo un trabajo excelente. Con el intercambio de pines te das cuenta del cariño de la gente; para los próximos juegos me voy a traer muchos pines de Bolivia para que todos se lleven un lindo recuerdo».

 

Finalmente, Cristhiam valoró el formato del evento y la posibilidad de convivir con atletas de todas las disciplinas: «estar todos los países juntos en la Villa, con el Museo del Deporte y tener todas las disciplinas concentradas en el Parque de la Independencia es un plus enorme. Te permite hacer amigos dentro y fuera de la cancha. No solo se acerca la gente de las delegaciones, sino también el voluntariado, la prensa y los vecinos con mucha calidez. Se siente lindo transmitir lo mucho que nos gusta este deporte».

Fuente: Juegos Suramericanos