¿Qué significa la palabra «cándido»? ¿Cuál es su origen?

La habitualidad de las palabras nos genera familiaridad, pero ¿qué significan en realidad y de dónde nacen? La profesora de letras especialista en idiomas, Maia Swiatek, explica el origen y alcance de la palabra «cándido».

Valeria Elías

RTS Medios

El significado de las palabras y sus orígenes no siempre van con el uso diario que se hacen de ellas, la palabra «cándido» o su femenino, son de uso coloquial, en la duda de su alcance y etimología, RTS Medios consultó a la profesora de letras especializada en Lingüística y Pragmática, especialista en la cultura polaca y profesora de francés,  Maia Swiatek, quien brinda un panorama en detalles históricos la cultura de la palabra «cándido».


Para introducir al tema la profesora explica: “A simple vista, pocas cosas parecen unir a un político en campaña con un joven ingenuo de un cuento filosófico. Sin embargo, la palabra «cándido» es el hilo invisible que ata la pureza, la ambición política y la literatura universal. Su historia es un viaje que comienza en Roma, pasa por la pluma afilada de Voltaire y aterriza en la historia fundacional de Argentina. Para entender la palabra, debemos mirar a la antigua Roma. El término proviene del latín candidus, que no significaba simplemente blanco, sino un blanco resplandeciente, brillante o deslumbrante (a diferencia de albus, que era un blanco mate). Esta distinción era vital en la política romana. Aquellos que aspiraban a un cargo público frotaban sus togas con tiza blanca para destacar entre la multitud y simbolizar la pureza y honestidad de sus intenciones. A esta prenda se la llamaba toga candida. Por extensión, a quien la vestía se le denominaba candidatus. Así nace nuestra palabra candidato: etimológicamente, alguien «vestido de blanco puro». Curiosamente, la palabra cándido (ingenuo, sin malicia) y candidatura (la acción política) son hermanas de sangre nacidas de la misma raíz visual”.


“Si Roma nos dio la política,– continuó su relato– Francia nos dio el arquetipo literario. En 1759, Voltaire publicó Cándido, o el optimismo (Candide, ou l’Optimisme). En este cuento filosófico, el protagonista se llama Cándido precisamente por su naturaleza: un joven de alma transparente, incapaz de desconfiar, que cree ciegamente en las enseñanzas de su maestro Pangloss («vivimos en el mejor de los mundos posibles»). Voltaire usa el nombre para ironizar sobre la «candidez» no como una virtud de pureza, sino como una ingenuidad peligrosa ante la crueldad del mundo real. Gracias a esta obra, el adjetivo cándido en la cultura occidental consolidó su matiz de «persona simple o fácil de engañar»”. 


Luego, agregó: “En la lengua española, aunque el nombre propio existía previamente en los santorales católicos (haciendo referencia a San Cándido, mártir de la Legión Tebana), el uso del adjetivo se documenta formalmente en los primeros diccionarios del Siglo de Oro. Una de las primeras apariciones lexicográficas clave figura en el «Tesoro de las dos lenguas francesa y española» de César Oudin (1607), donde ya se define asociado a la blancura y la pureza de ánimo. En el Río de la Plata, la primera «referencia de uso» intelectual del nombre fue clandestina ya que durante el Virreinato, el Cándido de Voltaire estaba prohibido por la Inquisición. Sin embargo, sabemos por registros históricos que jóvenes revolucionarios como Mariano Moreno y Manuel Belgrano leyeron copias contrabandeadas de esta obra. Para los padres de la patria, Cándido no era solo un cuento, sino un manual de escepticismo contra el dogma religioso y el absolutismo. Ya en la Argentina consolidada, el nombre cobra vida propia en la figura de «conocido» como «el manco de Curupaytí», fue el pintor que retrató la Guerra del Paraguay. Al igual que el personaje de Voltaire, este Cándido argentino fue un testigo de la tragedia de la guerra, pero en lugar de ironía, nos dejó un testimonio visual de una honestidad (o candidez) brutal y detallista. Más tarde, el nombre cobraría vida propia en la figura de Cándido López (1840-1902)., el «manco de Curupaytí», pintor que retrató la Guerra del Paraguay con una minuciosidad y veracidad (una candidez visual) que no ocultaba la tragedia”.


“La próxima vez que escuches la palabra candidato, recuerda que lleva escondida en su etimología la promesa de una blancura deslumbrante (candidus). Y si alguien te llama cándido, puede que te esté elogiando por tu pureza romana, o quizás, recordándote al pobre héroe de Voltaire que tardó demasiado en aprender cómo funciona realmente el mundo. No sería raro que tal vez asocies esta palabra al hongo Candida albicans, que curiosamente combina ambos términos para significar «blanco puro que se vuelve blanco», siendo considerado a menudo una tautología”, finalizó la docente.

Fuente: RTS Noticias