Día del bibliotecario: El Estado y las bibliotecas en Santa Fe

Las bibliotecas son espacios formativos, de estudio y lectura. Los bibliotecarios son los administradores y custodios de toda la información que se contiene en ella. Su rol es fundamental: clasificar, ordenar y cuidar el material presente.

Valeria Elías

RTS Medios

En el día del bibliotecario se conmemora la creación de la primera Biblioteca Pública de Buenos Aires (hoy Biblioteca Nacional), por parte de Mariano Moreno. Aquella institución nació un 13 de septiembre de 1810. La fecha celebratoria fue establecida en 1942 por el Congreso de Bibliotecarios en Santiago del Estero y oficializada a nivel nacional en 1954 mediante el Decreto Nº 17.650. Los cargos iniciales fueron otorgados al Dr. Saturnino Segurola y a Fray Cayetano Rodríguez. Para profundizar en la temática, el escritor rosarino Héctor Berenguer comentó para RTS Medios algunos datos interesantes y su experiencia con la vida de las bibliotecas.


Para introducir el tema, este escritor compartió una cronología de cómo se fueron fundando las bibliotecas: “Cada biblioteca es el resultado del esfuerzo de una política del Estado respecto de la educación, no hechos aislados:


1- La política de Estado previa (1870-1910):

La Ley Nacional 419 de Sarmiento crea la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. El Estado Nacional dice: el libro debe llegar al barrio. Santa Fe adhiere. Por eso el salto: de 191 bibliotecas en 1910 a 625 en 1917 en todo el país. Santa Fe está en ese movimiento.

2- La aparición del Estado provincial como protagonista (1912-1915):

– 1912 – El Estado reconoce lo barrial: El 5 de octubre de 1912 nace la Biblioteca Popular Mariano Moreno, de barrio obrero en Santa Fe. No son sólo vecinos: sus estatutos son aprobados en diciembre de 1912 por el gobernador Manuel Menchaca. El Estado le da personería. El mismo año, el 24 de julio de 1912, la Municipalidad de Rosario abre la Biblioteca Argentina con la donación de Juan Álvarez. El municipio pone el edificio, el presupuesto.

– 1913 – El Estado crea política: Gobierno de Menchaca, con las Comisiones Auxiliares de Enseñanza. El objetivo oficial es alfabetizar. Para eso manda crear bibliotecas. Ya no es iniciativa suelta, es política pública.

– 1915 – El Estado crea biblioteca para maestros: 24 de mayo de 1915, Biblioteca del Maestro en el Consejo General de Educación, con 650 obras. Es el actual Domingo Sarmiento. El Estado forma a sus formadores.

3- El auge municipal consolidado (1932-1950):

El Estado municipal se hace cargo del modelo mixto.

– 1932: Aparece en diarios y ordenanzas la Dirección de Estadística y Biblioteca Municipal.

– 1937: El Estado permite y fomenta la Asociación Protectora, figura mixta civil que sostiene lo estatal.

– 1938-1950: La Pedagógica crea 53 filiales en escuelas primarias de la provincia en 12 años. Valijas ambulantes. 

– 1948-1950: Biblioteca Municipal Bernardino Rivadavia ya consolidada, con balance de 5 años de vida en 1950.


«El auge de las bibliotecas municipales en Santa Fe no es una suma de fechas sueltas de vecinos generosos. Es el resultado de una política del Estado respecto a la educación que aparece con fuerza en 1912-1915. El Estado reconoce, aprueba, financia y multiplica. Esa es la celebración. Sobre esa base estatal, se asentó una composición mixta, hecha en parte por el Estado y en parte por bibliotecas liberales de cualquier índole, que es la que le dio vida barrial. Para que exista un día de la bibliotecario tiene que haber la necesidad y el entendimiento colectivo de que el conocimiento y el saber son imprescindibles para el desarrollo como sociedad organizada, por lo tanto una sociedad tiene necesidad de bibliotecarios y de bibliotecas para hacer una noción universal y a la vez local de la vida de los ciudadanos tanto argentinos como extranjeros; con una visión más amplia se necesitaron y se necesitarán siempre bibliotecas como referencia del saber universal de que yo me he asistido toda la vida, esto es mi vida, soy un hijo de la biblioteca”, asintió el entrevistado.


“Mi experiencia fue muy particular con la biblioteca – continúa explicando–  porque tuve mentores que eran verdaderamente criaturas literarias, entre ellos algunos inmigrantes e hijos de inmigrantes que prontamente me incitaron en la adicción por la literatura misma y por el saber para lo cual debimos de pasar por el camino de las bibliotecas, ellos como mentores, yo como un aprendiz de esos saberes que fueron creciendo con el pasar del tiempo. Pero nada es lo que es, si uno no ama el saber, siendo parte de una visión de la vida en compañía de otros seres de modo que la gran cadena solidaria del saber cómo diría Federico García Lorca, tiene dos hambres «el hambre que se puede saciar que es la del pan y el hambre del conocimiento que nunca tendrá saciedad», yo pertenezco a la vida que se gestó entre la biblioteca y mi casa, entre mi casa y la escuela y el club de mi barrio donde también encontré gente de saber”.


“El saber de los libros, es el que nos enseña que saber es también aprender a durar y a comprender otras circunstancias y de otras personas, que somos legatarios, somos herederos de un lenguaje y que el lenguaje nos ha formateado, lo supe desde hace mucho tiempo cuando encontré viajando por América otra forma del lenguaje y supe definir que era el lenguaje rioplatense sus límites y sus grandes virtudes. El conocimiento siempre te enseña sus límites entonces tienes la avidez de no renunciar a lo que ya sabes hasta que no hayas entendido por qué lo sabes aprender a dudar, es la base de la pirámide del conocimiento. Hay muchísimas personas individuales que nos han transferido ese amor maravilloso que es el sentimiento de duda frente a dogmas establecidos dictaduras y formas de pensamiento unívocos”, comentó.


Para finalizar dijo: “Hay dos textos impresionantes respecto a este tema, uno es el de Federico García Lorca cuando da un discurso para la fundación de la biblioteca de Fuente Vaqueros. Es un modelo ejemplar de lo que podría llamarse la consideración de una biblioteca, yo lo tengo porque estuve en dicha biblioteca, la conocí personalmente y me regalaron el texto allí mismo. Segundo, hay un escrito de José Ortega y Gasset llamado «La función del bibliotecario». Estos dos modelos son rectores para tener una idea de en qué mundo nos metemos con los libros, por algo se queman los libros, por algo sucedieron las cosas que sucedieron y el libro pasó a tener el carácter de una avanzada sobre el tiempo que cada generación ha tenido que vivir. Por ejemplo el hecho de quemar libros, significan un ejemplo terrible de lo que es la negación hacia el conocimiento. Esto ya me sucedió en la época de la llamada triple A acá mismo en Argentina, tuve que deshacerme de un montón de libros que estaban destinados a ayudarme a ser mejor no a que yo me convirtiera en revolucionario. En fin, preguntarle a los inquisidores que significaba un libro sería muy bueno”.

Fuente: RTS Noticias