El 5 de septiembre fue la fecha elegida para instaurar este día en el calendario internacional. Esta celebración nació durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América reunido en Tihuanacu, Bolivia, en 1983.
Valeria Elías
RTS Medios
La idea era dar reconocimiento a todas las mujeres indígenas valientes que han jugado y seguirán jugando un rol importante en la pervivencia de la cultura de sus tribus, así como su lenguaje y fuerza de carácter. Soledad Lezcano es referente de la Comunidad Mocoví Shiraigo de Granadero Baigorria, Santa Fe, integrante de Comunidades Constituyentes Santafesinas y del CCPP. Escritora, educadora popular, activista indígena y ambiental, desarrolla su trabajo y militancia en la defensa de los derechos de los pueblos originarios, el ambiente, los humedales y los territorios.
— ¿Qué significa al día de hoy ser una mujer indígena o descendiente?
— Ser una mujer indígena hoy significa reconocerme en una identidad que sobrevivió a generaciones de silencio, negación e invisibilización, y hacerla presente desde el orgullo y la lucha.Todavía existe la idea de que los pueblos indígenas pertenecen solamente a la historia o que para ser indígena hay que vivir de determinada manera, hablar una lengua o habitar un lugar específico. Y eso también es una forma de negarnos.
Los pueblos indígenas estamos vivos, existimos, habitamos las ciudades, los barrios, las islas, las comunidades y los territorios. Tenemos una historia, una memoria y también luchas actuales.
Como mujer, además nos toca ser sostén de la memoria, la transmisión de saberes, el cuidado de los hijos, de los mayores, de la comunidad y también la defensa del territorio. Pero no quiero hablar de las mujeres indígenas solamente desde el lugar del cuidado o del sacrificio. Somos también quienes estudiamos, trabajamos, militamos, tomamos decisiones y disputamos espacios políticos.
Para mí es muy importante poder decir quién soy sin tener que demostrar permanentemente mi identidad ante los demás. Y también entender que mi identidad no está separada de mi historia. Yo crecí muy vinculada al río y a la isla, viendo el trabajo de mi papá y aprendiendo, quizás sin saberlo, que la tierra también guarda memoria. Allí entendí que para muchas familias el territorio no es solamente un lugar donde vivir o trabajar: es parte de quienes son, de lo que recibieron y de lo que quieren dejar a sus hijos.
Entonces, ser mujer indígena hoy también significa defender el derecho a existir como somos, a nombrarnos, a organizarnos y a decidir sobre nuestro presente y nuestro futuro. No queremos que otros hablen por nosotras ni que otros decidan por nuestros territorios: queremos ser protagonistas de nuestra propia historia.
— ¿Cómo se educa a las niñas hoy en día dentro de su cultura y tradiciones?
— Yo creo que la educación dentro de una cultura no ocurre solamente en una escuela o en un aula. Se educa todos los días: en la palabra de los abuelos y las abuelas, en las historias familiares, en la relación con la naturaleza, en las ceremonias, en la manera de entender el respeto por los demás y por el territorio.
Para mí es fundamental que las niñas puedan conocer su historia con orgullo. Porque durante mucho tiempo la educación tradicional nos enseñó una historia de los pueblos indígenas contada desde afuera, muchas veces como si hubiéramos desaparecido. Entonces es muy importante que las nuevas generaciones sepan que somos pueblos vivos y que nuestra identidad es algo que debe ser llevado con orgullo.
También creo que hay que transmitir la cultura sin convertirla en algo encerrado o congelado en el pasado. Las niñas de hoy viven en un mundo diferente, van a la escuela, usan tecnología, estudian y tienen otros desafíos. La cultura también se transforma y se adapta. Lo importante es que esa transformación no signifique perder la memoria ni el vínculo con nuestras raíces.
Son muy importantes los espacios de encuentro, las ceremonias, el compartir saberes, la relación con la tierra y el ambiente. Y también considero que educar es enseñar a defender los derechos. Que una niña sepa quién es, conozca sus derechos y aprenda que su voz vale es también una forma de fortalecer su identidad.
— ¿Se puede decir que hay una paridad o igualdad entre los roles de hombre y mujer?
— Creo que esta pregunta merece una respuesta sincera. Hablar de los pueblos indígenas como si todos fuéramos iguales o como si no existieran desigualdades sería una idealización. Como en el resto de la sociedad, existen desafíos y discusiones en torno a los roles de género.
Pero también es cierto que las mujeres indígenas tenemos y hemos tenido históricamente un papel fundamental en la vida de nuestras comunidades. No solamente en la transmisión de conocimientos y en el cuidado, sino también en la organización, en la defensa de los territorios y en las decisiones colectivas.
Hoy muchas mujeres estamos ocupando espacios que antes quizás eran más difíciles de habitar: espacios políticos, comunitarios, académicos y de representación. Y eso es algo que tenemos que seguir fortaleciendo.
Para mí, la igualdad no significa necesariamente que hombres y mujeres tengamos que hacer exactamente las mismas cosas, sino que ninguna tarea, responsabilidad o lugar de decisión sea impuesto por el hecho de ser mujer. Que podamos participar, opinar y decidir en igualdad de condiciones.
Y creo que todavía tenemos mucho por construir. Las mujeres indígenas también atravesamos las desigualdades de género, además de la discriminación y el racismo que muchas veces sufrimos por nuestra identidad. Por eso es importante que nuestras voces estén presentes cuando se discuten políticas públicas, territorios, ambiente y derechos. Pero también quiero destacar nuestra fortaleza. Las mujeres indígenas no somos solamente quienes resistimos: somos quienes nos organizamos, levantamos la voz, sostenemos a nuestras comunidades y llevamos adelante muchas de las luchas que hoy mantienen vivos nuestros territorios y nuestros derechos. Somos fuerza, somos presencia y somos protagonistas de este tiempo. Y cuando una mujer indígena avanza, no avanza sola: abre camino para las que vienen detrás.
— ¿Cómo celebran un día como este?
— Una fecha como esta no debería ser solamente una celebración. Es también un día para recordar a las mujeres que estuvieron antes que nosotras y a todas las que lucharon para que hoy podamos ocupar espacios y hablar con nuestra propia voz.
En las comunidades, los encuentros son muy importantes. Compartir la palabra, realizar ceremonias, encontrarnos con otras mujeres y otras comunidades, recuperar la memoria y agradecer a la tierra, La Pachamama (Ñuque Mapu y Qarate’e ‘lavá, Pachamama en mapuzungun y mocoví), son formas de fortalecer nuestra identidad.
Pero también creo que celebrar es organizarnos. No podemos separar la cultura de las luchas actuales. Hoy seguimos defendiendo el territorio, el agua, los humedales, el derecho a una vida digna y el reconocimiento efectivo de nuestros derechos.
Para mí, celebrar nuestra identidad también es poder encontrarnos con otras mujeres, aprender unas de otras y reconocer la fuerza colectiva. Muchas veces, cuando una mujer se anima a hablar y a ocupar un espacio, abre también un camino para otras.
A mí me parece importante decir que la defensa de los pueblos indígenas no es solamente una causa de quienes pertenecemos a una comunidad. Cuando hablamos de defender los territorios, el agua, los humedales o el río, estamos hablando de bienes y de condiciones de vida que nos afectan a todos.
Mi vínculo con esta lucha también nace de mi propia historia y de mi familia. He visto de cerca lo que significa vivir y trabajar en territorios donde muchas veces las decisiones se toman sin escuchar a quienes los habitan desde hace generaciones. Eso me llevó a interesarme cada vez más por los derechos indígenas, por el ambiente y también por el Derecho como una herramienta para defender esos derechos.
Creo profundamente que la tierra no es solamente un recurso, ni una mercancía; es memoria, identidad, trabajo, alimento y vida. Y las mujeres tenemos mucho para decir y para aportar en esa defensa.
Que nunca nos falte la memoria de quienes estuvieron antes, la fuerza de quienes caminamos hoy y la esperanza de las niñas que vienen detrás.
Fuente: RTS Noticias