“Bajo el liderazgo de Macacha Güemes se organizó un movimiento de mujeres de todos los sectores sociales”

Las mujeres también dejaron huella en la historia argentina y cumplieron roles militares y de poder. Macacha Güemes es la estratega de una guerra que se peleó con la fuerza pero también en base a la inteligencia.  El Lic. en Historia, Roberto Arnaiz conversó en RTS Medios sobre esta aguerrida revolucionaria.

Valeria Elías

RTS Medios

Su familia, la apodó “Macacha”, era rica y pertenecía a la élite. Con su hermano Miguel, y el advenimiento de la Revolución, fueron de los primeros salteños en adherir a la causa y darle soporte a la expedición al Alto Perú. Las crónicas de la época señalan que Macacha se convirtió, en ese período, en ministro de su hermano, porque la consultaba y le pedía que actuase como «operadora política». El ejemplo más relevante sucedió en 1816, en el conflicto con José Rondeau, que comandaba las fuerzas del gobierno. Gracias a la mediación de Macacha, se acordó que Salta seguiría con su «guerra gaucha» bajo la conducción de Güemes y ayudaría a las tropas enviadas desde Buenos Aires.  El Lic. en Historia y Mg. en Alta política y estrategia Roberto Arnaiz destacó las particularidades de esta mujer independentista.

 

 

—Cuando se habla de Martín Miguel de Güemes suele aparecer una figura fundamental: su hermana Macacha. ¿Quién fue realmente Macacha Güemes y por qué ocupa un lugar tan importante en la historia argentina?

 

 

—Macacha Güemes fue mucho más que la hermana de Martín Miguel de Güemes. Su nombre completo era María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, y se convirtió en una de las grandes protagonistas políticas de la Guerra de la Independencia en el norte argentino.

Desde Salta, cumplió un papel decisivo en la resistencia patriota. Organizó redes de información, protegió a quienes luchaban por la causa revolucionaria, transmitió mensajes, reunió recursos y sostuvo el vínculo entre los jefes militares, los gauchos y el pueblo. Su acción silenciosa permitió anticipar movimientos del enemigo y fortalecer la defensa del territorio.

Su importancia no estuvo en empuñar un sable ni en comandar tropas en el campo de batalla, sino en comprender que una guerra también se gana con inteligencia, organización y liderazgo político. Mientras Güemes conducía la lucha militar, Macacha ayudaba a sostener desde adentro la estructura que hacía posible esa resistencia.

Por eso su figura resulta indispensable. Sin mujeres como ella, la independencia no habría tenido la misma fuerza popular. Macacha Güemes fue estratega, dirigente, mediadora y símbolo de un patriotismo activo, capaz de servir a la Patria desde el coraje, la inteligencia y el compromiso con su pueblo.

 

 

—Al hablar de la Independencia solemos recordar a los grandes jefes militares. Sin embargo, alrededor de Macacha Güemes surgió un protagonismo femenino pocas veces mencionado. ¿Cómo nació ese movimiento de mujeres y por qué fue tan importante para la historia argentina?

 

 

—La Guerra de la Independencia transformó profundamente el papel de las mujeres. En el norte argentino dejaron de ser simples espectadoras para convertirse en protagonistas activas de la resistencia. Bajo el liderazgo de Macacha Güemes se organizó un movimiento integrado por mujeres de todos los sectores sociales: damas, campesinas, comerciantes, criadas y lavanderas. Cada una encontraba una manera de servir a la causa de la libertad.

Muchas de ellas formaron parte de Las Bomberas, una extraordinaria red de inteligencia y logística que obtenía información sobre los movimientos del ejército realista, transportaba mensajes, ocultaba patriotas, reunía recursos y mantenía comunicados a quienes defendían la frontera norte. Otras colaboraban asistiendo a los heridos, abasteciendo a las tropas o sosteniendo a las familias que sufrían las consecuencias de la guerra.

Lo más extraordinario fue que aquel compromiso atravesó toda la sociedad. No importaban la edad, la condición social o la fortuna. Por primera vez, cientos de mujeres participaron de manera organizada en una causa política y militar de alcance colectivo, demostrando que la defensa de la Patria era una responsabilidad compartida.

No se trataba de un movimiento feminista, como lo entendemos en la actualidad, sino de un movimiento profundamente patriótico. Sin buscar privilegios ni reconocimiento, aquellas mujeres demostraron que la independencia argentina no fue únicamente la obra de generales y soldados. También fue posible gracias al coraje, la inteligencia y el compromiso de quienes, desde el anonimato, hicieron de la libertad una causa de todos.

—Además de ser una figura clave en la Guerra de la Independencia, el pueblo la llamaba «la Madrecita de los pobres». ¿Cómo nació ese apodo?


—Porque Macacha Güemes entendía que servir a la Patria también significaba servir a quienes más lo necesitaban. Mientras organizaba la resistencia contra los realistas, dedicaba gran parte de su tiempo a asistir a viudas, huérfanos, enfermos y familias que habían quedado desamparadas por la guerra.

Su ayuda no se limitaba a entregar alimentos o recursos. Escuchaba los problemas de la gente, intervenía para resolver conflictos y utilizaba la influencia que había ganado para proteger a quienes no tenían cómo defenderse. El pueblo encontraba en ella a una mujer cercana, siempre dispuesta a tender una mano.

Por eso comenzó a llamarla «la Madrecita de los pobres». No fue un título otorgado por un gobierno ni una distinción oficial. Fue el reconocimiento espontáneo de una sociedad que veía en Macacha una combinación poco común de firmeza y sensibilidad.

Ese apodo resume una de las facetas más admirables de su vida. Fue una estratega de la independencia, una dirigente política de enorme influencia y, al mismo tiempo, una mujer profundamente comprometida con el bienestar de su pueblo. Esa capacidad de unir liderazgo y solidaridad explica por qué, más de dos siglos después, su figura sigue despertando admiración.


—¿Fue Macacha Güemes la mujer más poderosa de la Argentina durante la Guerra de la Independencia?


—Si entendemos el poder como la capacidad de influir en los acontecimientos y cambiar el rumbo de la historia, creo que Macacha Güemes ocupa un lugar excepcional. Sin ejercer un cargo formal, logró conducir voluntades, organizar la resistencia, mediar en conflictos políticos y convertirse en una figura indispensable para sostener la causa patriota en el norte argentino.

Su autoridad no nacía de un decreto ni de un uniforme. Provenía de la confianza que inspiraba. Los gauchos la respetaban, los jefes militares escuchaban sus consejos y el pueblo encontraba en ella a una dirigente comprometida con el bien común. Esa combinación de inteligencia, firmeza y cercanía le permitió ejercer una influencia extraordinaria en una sociedad donde las mujeres estaban excluidas de la vida pública.

Por supuesto, la Independencia también contó con mujeres extraordinarias como Juana Azurduy, Remedios del Valle o Mariquita Sánchez de Thompson, cada una protagonista desde ámbitos diferentes. Todas dejaron una huella profunda en la construcción de nuestra Nación.

Pero Macacha posee un rasgo que la distingue. Demostró que el liderazgo no depende de un cargo, de un rango militar ni de una autoridad legal. Depende de la capacidad de inspirar confianza, organizar a un pueblo y mantenerse firme cuando el destino de la Patria está en juego. Por eso, más de dos siglos después, sigue siendo una de las mujeres más admirables de la historia argentina.


—¿Por qué los españoles ofrecían recompensas para capturar a Macacha Güemes?


—Porque los jefes realistas comprendieron que Macacha Güemes era mucho más que la hermana del general Güemes. Sabían que se había convertido en una figura clave de la resistencia patriota y que gran parte de la organización política y de inteligencia del norte pasaba por sus manos.

Capturarla significaba mucho más que detener a una persona. Esperaban desarticular las comunicaciones entre los patriotas, quebrar la moral de la población y debilitar el movimiento que sostenía la Guerra Gaucha. Habían comprendido que, mientras Macacha permaneciera en libertad, la resistencia seguiría organizada.

Paradójicamente, ese interés por capturarla terminó demostrando la importancia que había alcanzado. El propio enemigo la consideraba un objetivo estratégico, algo reservado únicamente para quienes ejercían una influencia decisiva sobre el desarrollo de la guerra.

Hay un principio militar que dice que el valor de un objetivo se mide por el esfuerzo que el adversario está dispuesto a realizar para neutralizarlo. Si los realistas ofrecían recompensas para capturar a Macacha Güemes, era porque reconocían, quizá mejor que muchos de sus contemporáneos, que estaban frente a una de las figuras más influyentes de la resistencia en el norte argentino.

Fuente: RTS Noticias