Las construcciones de una ciudad hablan de su historia y de una forma de mirar el mundo. Los estilos, los diseños y los materiales que se utilizan son claves para comprender las ideas que circulaban por aquellos tiempos. El Dr. en arquitectura Luis Müller dialogó sobre los edificios paradigmáticos de la ciudad de aquel período.
Valeria Elías
RTS Medios
La arquitectura santafesina combina una interesante evolución histórica que va desde las construcciones coloniales hasta las tendencias contemporáneas. A mediados del siglo XX se adoptaron líneas racionalistas sin ornamentación en edificios públicos, además de obras monumentales de hormigón. El doctor en Arquitectura y magíster en Ciencias Sociales, Luis Müller conversó con RTS Medios sobre el estilo moderno en la arquitectura santafesina.
— ¿Qué entra en el concepto de arquitectura moderna en Santa Fe?
— La arquitectura moderna es una expresión que, como principio, incluye la vocación de ser internacional. Por lo tanto, está bien planteada la pregunta al referirse a la arquitectura moderna en Santa Fe y no a una «arquitectura moderna santafesina», ya que sus características no difieren demasiado de aquellas producidas en otras ciudades argentinas (incluyendo a Buenos Aires) o en otros países. Por supuesto que se pueden encontrar matices, declinaciones singulares que pueden reconocerse a partir de las condiciones propias de cada lugar (por ejemplo, disponibilidad de materiales, tradiciones constructivas, formación de los profesionales, el clima, entre otras) pero siempre será a partir de una base común que distingue a esta arquitectura de la que se había realizado hasta entonces. Esta manifestación de una renovación profunda de la arquitectura, en sintonía con las experiencias de vanguardia en el arte, surgió en las primeras décadas del siglo pasado y en esta ciudad tuvo un desarrollo relativamente intenso a lo largo de un período que, en términos generales, podríamos ubicar entre 1935 y 1955.
También podríamos distinguir que los procesos de modernización han tenido diferentes fases o etapas en las que se pueden distinguir distintos lenguajes arquitectónicos, muchas veces conviviendo al mismo tiempo, incluso con los provenientes del academicismo del siglo XIX que se siguieron practicando largamente. Así, para diferenciarse de estos últimos, expresiones de la renovación podrían reconocerse en el Art Nouveau, el Art Déco, el Neocolonial y otros lenguajes antiacadémicos, pero al referirnos a la Arquitectura Moderna por lo general, lo hacemos en relación con el racionalismo funcionalista y sus posibles matices, que pueden incluir rasgos expresionistas.
— ¿Cómo la podemos distinguir de otras?
—La aproximación más evidente para reconocerla es a partir de las formas, su organización espacial y funcional. La base será de una geometría de volúmenes puros, a partir de figuras geométricas básicas que se interrelacionan (prismas de base cuadrada o rectangular, círculos, triángulos). Superficies lisas, sin molduras ni ornamentación agregada o superpuesta, por lo general en terminación de color blanco, lo que resalta el juego de los volúmenes por incidencia de la luz. También es posible encontrar una combinación con grandes superficies revestidas en mármoles pulidos como zócalos altos o aplicados en paños completos. Esta materialidad en ocasiones se acompaña con detalles de herrería cromada en barandas, pasamanos, en detalles de aberturas y artefactos de iluminación.
Aparte de la ausencia de ornamentación, otro aspecto que resulta contrario a los estilos académicos es el dinamismo de la organización de los cuerpos en el espacio, evitando las simetrías y poniendo interés en que lo que sucede en el interior del edificio se exprese en el exterior. Esto también es consecuencia de la organización funcional, que busca establecer una optimización del uso de los locales y de sus relaciones entre sí organizando las circulaciones de un modo eficiente.
Dado que este tipo de arquitectura estaba compenetrada con teorías de higiene y salud, no solo las superficies lisas y la ausencia de molduras contribuyen a la eliminación de polvo para asegurar la limpieza, también la iluminación natural y la ventilación de las habitaciones forman parte de un conjunto de soluciones al efecto, como las aberturas (amplias y horizontales a diferencia de la verticalidad que presentaban anteriormente), las fachadas buscando las mejores orientaciones y el uso de distintos mecanismos para aprovechar (y controlar) el asoleamiento y la circulación del aire.
—¿Qué edificios son emblemáticos en Santa Fe que conserven esta arquitectura?
— La ciudad de Santa Fe tiene muy buenos ejemplos tanto en la arquitectura pública como privada. Se pueden destacar las escuelas Vicente López y Planes, Cristóbal Colón, José M. Drago, W. Escalante, entre otras, la Cabina de Control Caminero en la llegada del puente carretero desde Santo Tomé, el cuartel de Bomberos Zapadores, el palacio municipal, el Hospital Psiquiátrico, el edificio que ocupa hoy el Ministerio de la Producción (antes de Agricultura y Ganadería), el Correo Central, todos ejemplos que muestran el interés de distintos gobiernos por representarse «modernos y eficientes»; en tanto que, desde el ámbito privado, el edificio Primicias (San Martín y Salta) y el de J. B. Rodríguez (San Martín y Mendoza) exhiben la modernidad de las torres, así como numerosas viviendas lo hacen –principalmente en las proximidades del centro comercial y de los bulevares– expresando la modernización del ámbito doméstico.
— ¿Existe algún edificio en particular que se pueda visitar y qué detalles o características habría que prestar atención?
— Un buen ejemplo es el del Ministerio de la Producción, Ciencia y Tecnología (antes de Agricultura y Ganadería y originalmente Instituto de Fomento Agrícola) ubicado en Bv. Pellegrini y Urquiza. Se puede apreciar la articulación dinámica de los volúmenes, la escala pública sin llegar a la monumentalidad, la horizontalidad del aventanamiento corrido, el uso de los materiales (en especial el gran plano de mármol travertino que contiene el mapa de la provincia) y, al ingresar al hall la espacialidad de la doble altura, que contiene una escalera con un gran paño vidriado como plano de fondo y, especialmente, la baranda, que es una extraordinaria pieza de herrería en la que destaca la materialización de sus formas curvas, brillante y pulida.
— Los arquitectos ¿eran santafesinos? ¿Quiénes fueron?
— Muchos de los arquitectos proyectistas fueron santafesinos, recibidos en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional del Litoral que funcionaba en su sede de Rosario, algunos de ellos se formaron en el extranjero (como León Lamouret) y se destaca el caso de Wladimiro Acosta, emigrado de Ucrania, recibido en Roma y residente en Buenos Aires, que fue contratado por un breve período para las obras del plan de salud de 1938 entre las que proyectó el hospital psiquiátrico), pero en su mayoría provenían de la formación recibida en Rosario. Entre los más destacados se encuentran Salvador Bertuzzi, Carlos Navratil, Guerino Guerra, Eugenio Neyra, Reynaldo Varea, Leopoldo Van Lacke, César Fernández Paredes, Carlos Galli, Francisco Baroni, Pedro Galán, Ángel Gronda, Pedro Mazzucchelli, sin dejar de mencionar una importante cantidad de Técnicos Constructores egresados de la Escuela Industrial de la UNL que también adhirieron a las formas de la arquitectura moderna.
Fuente: RTS Noticias