Un repaso por los hechos que marcaron a la actividad deportiva en la etapa más oscura de nuestro país. Desde el Mundial 1978 hasta el día a día de los deportistas, Claudio Morresi y Luis Larpin relatan lo vivido en la época.
Por Tiago Irasuegui
RTS Medios
La relación de la dictadura cívico-militar con el deporte dejó secuelas que hasta hoy resuenan.La utilización del fútbol, teniendo en cuenta la pasión que genera en Argentina, fue un medio para validar un sistema y tapar abajo de la alfombra las aberraciones que estaban sucediendo.
Tal como narra el documento “Dictadura, Deporte y Memoria”, que se encuentra en el Archivo Nacional de la Memoria, durante el régimen de facto se multiplicaron por ocho los costos previstos para la organización de la Copa del Mundo, se llevó a cabo un plan de erradicación de las “villas miseria” y, desde la prensa, se llevó a cabo una campaña propagandística desde el Estado para cubrir los crímenes de lesa humanidad.
Al mismo tiempo, lejos de las luces y reflectores, se vivió más de cerca el terror que azotaba a la sociedad. El temor consiguió que, de a poco, deporte y participación política sean caminos que se alejen.
RTS Medios dialogó con Claudio Morresi, exfutbolista y hermano de Norberto, asesinado durante el régimen militar. Y con Luis Larpin, amigo Gustavo Bruzzone, ajedrecista santafesino que fue secuestrado y asesinado en 1977, para retratar cómo la dictadura atravesó al deporte.
El fútbol como herramienta de distracción
La Copa del Mundo 1978 que se realizó en el país es uno de los hechos deportivos más memorables de la historia de la Selección, ya que le permitió bordar la primera estrella a su escudo. Sin embargo, este suceso también sirvió al gobierno militar para vender una falsa imagen al mundo de la realidad del país y para correr del foco social los delitos que estaban cometiendo.
Claudio Morresi fue un futbolista que se destacó en la década de los 80, principalmente en Huracán y River, donde logró el título de la Copa Intercontinental 1986. En el plano personal es un firme activista de los derechos humanos y fue secretario de Deportes entre 2004 y 2014. Su vida está marcada por la pérdida de su hermano Norberto, que en 1976 fue asesinado a los 17 años.
Él estuvo el 2 de junio de 1978 en el estadio Monumental, cuando se llevó a cabo la inauguración del Mundial. En aquel entonces ya llevaba dos años buscando a su hermano, que había sido secuestrado el 26 de marzo de 1976.
Morresi recuerda con mucho enojo las palabras de Jorge Videla aquel día. “Decían que los argentinos éramos derechos y humanos, cuando en realidad en este país existían centros clandestinos, donde se detenía la gente, donde la gente desaparecía”, señaló.
El ex futbolista recordó también los cruentos sucesos que acontecían en la ex ESMA; el centro de detenciones y tortura más grande del régimen, a pocas cuadras de distancia de la cancha del Millonario. A su vez valoró algunos trabajos periodísticos del extranjero durante la cita mundialista, como los neerlandeses Frits Barend y Jan van der Putten que entrevistaron a Madres de Plaza de Mayo, sirvieron para difundir los hechos que ocurrían.
“A través de ese reportaje, se empezó a escuchar de voz de las víctimas directas lo que estaba sucediendo. Entonces, recién en el mundo se empezó a saber y en la Argentina tardó un tiempo más” añadió.
Así como Morresi, hubo muchos argentinos que durante el Mundial tuvieron que convivir con el dolor de haber perdido seres queridos por la represión y al mismo tiempo encontrarse con esta fiesta agridulce que daba un éxito de tal magnitud en el deporte más pasional del país.
En su caso particular, el ex secretario de Deportes pudo separar lo acontecido con la dictadura de lo futbolístico y pasional. “Por más que los militares quisieran utilizarlo, el fútbol y la alegría popular que le puede dar la Selección a su país estaban por encima”, concluyó.
“Hay testimonios de sobrevivientes que cuentan que, cuando se jugaban los partidos, no los torturaban porque los asesinos los estaban mirando. Entonces también es el fútbol producía esa pausa que por lo menos esa víctima no sufría la tortura”, recordó Morresi.
Según las palabras del ex futbolista; dentro de la industria del deporte, y en consonancia con otros ámbitos de la sociedad, el desconocimiento o el miedo a una represalia hizo que hablar de los hechos que sucedían en el país sea algo delicado para los deportistas.
“El fútbol se mantenía un poco al margen de lo que pasaba en el país. Pero también sucedía en otros estamentos sociales, yo creo que en gran parte de nuestra sociedad se vivía en ese miedo constante de no poder denunciar lo que iba sucediendo”, concluyó.
Morresi también se refirió al nivel de injerencia de las Fuerzas Armadas en los partidos del fútbol argentino y recordó la represión en el estadio de Estudiantes de La Plata que terminó con la vida de Gregorio Noya, simpatizante de Huracán. “Había mucho patrullaje de camiones militares, donde iban parapoliciales y gente vestida de civil, no estaban tanto dentro de los clubes pero sí en sus alrededores”, acotó.
El ataque a los deportistas que alzaban su voz
Según el libro “Deportes, Desaparecidos y Dictadura” de Gustavo Veiga, se estima que entre 220 y 240 deportistas fueron secuestrados y torturados durante la última dictadura. Según el autor, en gran parte de los casos eran personas que además de su rol de atletas tenían una vocación de militancia activa en centros de estudiantes. Muchos casos han tenido un reconocimiento nacional como los rugbiers de La Plata.
En la provincia de Santa Fe, hay un caso que resalta y es el de Gustavo Bruzzone. Nacido en la ciudad de San Javier en 1954, fue ajedrecista y llegó a competir en eventos nacionales. En el año 1977 fue secuestrado y asesinado en Rosario por su vinculación a la Juventud Universitaria Peronista.
Luis Larpin, compañero de escuela y amigo de Gustavo, lo acompañó en sus inicios como militante. “En el último año del secundario, ambos, fuimos parte de toda la lucha por el medio boleto estudiantil que se dio en la ciudad de Santa Fe en tiempos de dictadura, estaba el presidente general Lanusse”, comentó.
Luis vio en primera fila como estas actividades fueron moldeando los ideales de Gustavo: “Esa cuestión de poder ser parte de un reclamo colectivo, que era un derecho para el conjunto y que superaba los derechos individuales, todos luchamos por la igualdad de condiciones para todos, eso llevó a tener una conciencia de lo que el papel que hay que cumplir en la sociedad”.
Entre partidas de ajedrez, en las que incluso practicaba junto a los que a la postre fueron sus rivales en torneos locales, y participaciones diarias en reuniones políticas, Bruzzone fue conllevando su pasión por el deporte y su sentido de responsabilidad social.
Así como el, muchos otros deportistas a lo largo y a lo ancho del país profesaban una vida política que, en muchos casos terminaron costándoles la vida. Este accionar del régimen dictatorial contra aquellos que tenían una opinión diferente al relato que buscaban imponer terminó generando un alejamiento de los deportistas y la participación en estos temas.
“La persecución totalmente organizada y coordinada por parte de enormes fuerzas armadas de seguridad y de inteligencia, tenía como principal objetivo desarticular, desarmar, aterrorizar y que no haya vinculación en los ámbitos sociales y vinculación de las actividades políticas”, concluyó Larpin.
Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.
Fuente: RTS Medios