Nicasio Oroño: La educación obligatoria en Santa Fe

El primer gobernador de Santa Fe que declaró obligatoria la educación primaria en la provincia. Años antes de que existiera la educación pública nacional. Bernardo Carrizo, historiador e investigador habló sobre este gobernador que da nombre a calles, puentes e instituciones. 

Valeria Elías

RTS Medios

El decreto del gobernador de Santa Fe Nicasio Oroño, en el año 1866 instituyó a la educación primaria como obligatoria. En aquella época fue una iniciativa que después tendría impacto a nivel nacional. El docente, investigador e historiador de la Universidad Nacional del Litoral, Bernardo Carrizo, expuso sus estudios sobre este peculiar gobernador santafesino. 


— ¿Quién era Nicasio Oroño? ¿Y cuál es su contexto histórico?


— Nicasio Oroño fue gobernador de la provincia de Santa Fe. Primero en 1864 como gobernador delegado, figura institucional a la que se apelaba porque no existía la del vicegobernador, ante la ausencia de Patricio Cullen. Después fue electo para desempeñarse al frente del poder ejecutivo entre 1865 y 1868.

Durante su gobierno se produjo un notable anticipo del proceso de laicización ya que se sancionaron en 1867 las leyes de Cementerios y de Matrimonio Civil. La ley de Cementerios, promulgada el 16 de septiembre de 1867, establecía la propiedad municipal de los cementerios, hasta entonces parroquiales y destinados a un único culto. La ley de Matrimonio Civil, del 25 de septiembre del mismo año, declaraba, por primera vez en nuestro país, el matrimonio como un vínculo respaldado en la ley y la potestad estatal, sin perjuicio de las consagraciones religiosas posteriores. La sanción de las leyes abrió un intenso debate político e ideológico entre los sectores laicos y católicos de la provincia.


— ¿Qué implicaba la educación en ese entonces? ¿Por qué declarar su obligatoriedad?


— El 7 de junio de 1866 Oroño expidió un decreto con el que instituyó la obligatoriedad de la instrucción. El gobernador estableció que «es obligación del Gobierno proveer a la educación del pueblo», con lo que ratificó el derecho de enseñar y aprender expuesto en la constitución provincial. En aquél se sostiene que «los padres, patrones o tutores de los niños están obligados a mandar a éstos a las escuelas públicas…». Las escuelas de primeras letras podían depender del gobierno, municipalidades o particulares. Según la concepción política que anima al documento, la gestión municipal era relevante para el fortalecimiento de la enseñanza elemental. Las escuelas se establecerán en las poblaciones donde se reúnan al menos diez alumnos de hasta doce años que, en el caso de los varones no podrán estar exceptuados de la obligación de instruirse, hasta el punto de que «ningún niño varón, hasta la edad de doce años, podrá estar exceptuado de esta obligación». 

El decreto diferencia, por un lado, la irrenunciable obligación de aprender por parte de los niños y, por otro lado, una implícita laxitud respecto de las niñas, lo que va de la mano con la relación de los primeros con las exigencias de la patria. La norma enfatiza que «ningún ciudadano puede defraudar a su patria del derecho que esta tiene a su servicio, por la incapacidad motivada por su ignorancia de los primeros rudimentos de la educación». El acceso a saberes mínimos hace visible una concepción que reconoce el compromiso del ciudadano para con la patria a partir de los bienes culturales que provee la instrucción. Se incorporó así una dimensión cultural a la ciudadanía que va más allá de la de portar armas. Por ello en el universo masculino se plasmó una soldadura entre patria e instrucción.


— ¿Dónde se posicionaba Santa Fe con esa disposición?


— El decreto de instrucción obligatoria de 1866 abre las compuertas para abordar el vínculo entre política y educación en un periodo en el que la provincia experimentó notorios cambios en diferentes dimensiones: demográfica, económica, cultural, política, educativa, entre otras. En ese laboratorio se ensayaron innovaciones prescriptivas que ofrecieron otras opciones a las experiencias vitales de nativos y extranjeros como integrantes de un pueblo a escala provincial. El decreto permite indagar en los fundamentos y propósitos de un instrumento que reguló el área educativa en conformación, como también lo estaba el Estado santafesino. Para Oroño la instrucción era un componente central en la construcción de la ciudadanía. Pero depositando en los varones el peso de la defensa de la patria, pero con el uso de las armas mediado por la cultura.

Fuente: RTS Noticias