Gladis Jara de Lorenzini y Carlos Lorenzini fabrican muebles con hoja de palma. «Techar» se refiere a la acción de trenzar la palma, no a la construcción de techos. «Para mí esto es una pasión», afirma Gladis.

En Reconquista, Gladis Jara de Lorenzini y Carlos Lorenzini se dedican a un oficio artesanal único: la fabricación de muebles a partir de la hoja de palma. A pesar de que se hacen llamar «techadores», el término no se refiere a la construcción de techos, sino a la acción de trenzar la hoja de palma para crear sillas, sillones y otros objetos. «Voy a comenzar a techar esta silla para mostrar. Techar se dice… Yo digo techar. Y yo cuando tenía 10 años, mi papá ya hacía este trabajo. Para mí esto es una pasión», expresó Gladis en diálogo con Interior 366.
Gladis aprendió el oficio de sus hermanos mayores cuando era muy joven. «Yo era muy chica, tenía ocho años, diez, ya sabía hacer este lazo. Y aprendí por mis hermanos mayores. Éramos 15 hermanos, nueve mujeres y seis varones», relató. El trabajo se convirtió en un medio de vida y una forma de superación. «Lo pensé como un medio de vida porque como yo no fui a la escuela, fui muy poquito tiempo hasta que aprendí las letras. No teníamos cómo estudiar o no éramos aptos como para venir a trabajar solamente de empleada doméstica. Y entonces yo lo busqué como un esparcimiento libre para poder ganarme un poco de dinero», explicó.
El proceso de elaboración, que realizan junto a su esposo Carlos, comienza con la búsqueda de la palma en el campo. «Primero hay que buscar la palma allá en el campo. Al lado del Malabrigo tenemos permiso del dueño de campo. Carlos baja la palma. Están a muchos metros de altura, 6, 7, 8 metros. Con un gancho bien largo, que es como una hoz, enganchás la palma y tirás», detalló Gladis. La pareja explicó que no todas las partes de la palma sirven y que el secado lleva tiempo. «Las hojas que están secas, que están colgando secas, no sirven. La del medio tampoco, las que están rodeando haciendo una pollera verde al medio, tampoco están muy maduras. Entonces se busca el cogollo de la palma», agregó.
Gladis y Carlos se sienten orgullosos de su trabajo y de lo que han logrado a lo largo de los años. «Se me viene la imagen de un sufrimiento de gente muy pobre, que teníamos que pelearla todos los días, en distintos trabajos, y yo, ahora que estoy grande, me siento feliz con lo que aprendí, con lo que me enseñó la vida. Yo cerní la vida porque fui como poniendo la arena en el colador y todo lo que quedó abajo era lo que me servía y lo que quedó arriba lo tiré», reflexionó Gladis.
Fuente: RTS Medios