Soledad y solitud: elecciones y consecuencias de vida

Ambas caras de una moneda son situaciones similares, con la diferencia que una es una decisión personal, la otra es una circunstancia de la vida. La principal diferencia radica en que la soledad suele vivirse como un sentimiento negativo de vacío o aislamiento no deseado, mientras que la solitud describe un estado pacífico y voluntario de estar a solas para disfrutar de la propia compañía.

Valeria Elías

RTS Medios

La solitud es estar solo como decisión, es un estado físico objetivo de no tener compañía, mientras que sentirse solo (la soledad) es una experiencia subjetiva y dolorosa de vacío emocional. Para profundizar en el tema Luciano Lutereau, psicoanalista, escritor, doctor en Filosofía y doctor en Psicología. dialogó con la periodista de RTS Medios sobre estas condiciones de la actualidad.

 

—¿Qué diferencia hay entre soledad y solitud?

 

—La soledad puede ser tanto un sentimiento como un estado o situación. Es la condición de quien siente que está solo, incluso cuando puede estar rodeado de gente. Como situación o estado («Estoy solo») es la circunstancia de quien ve limitada algunas capacidades porque no cuenta con un sostén vincular. La solitud, en cambio, nombra una elección y el modo en que alguien puede relacionarse consigo mismo, independientemente de los vínculos en los que eventualmente se realiza.



—En la actualidad muchos prefieren la soledad al compromiso o la cercanía con otras personas, ¿Esto es una decisión natural, normal, o tiene que ver con comportamientos de miedos, cuidados o faltas de compromiso?

 

—Según el caso. Para algunas personas puede tratarse de un repliegue o una manera de protegerse a través del ensimismamiento. A veces se relaciona con el temor a que ciertos vínculos (como una pareja) impongan renuncias; todo esto sin entrar en consideraciones en torno a patologías como las fobias. Más que tomar una vía que juzgue lo bueno y lo malo, se trata de entender que la misma conducta puede significar actitudes diferentes en distintas personas. Para alguien la soledad puede ser una elección de estabilidad emocional, para otra una forma de evitar comprometerse. Creo que lo más importante es no caer en un punto de vista que juzgue como egoístas a quienes, en ciertas condiciones, buscan estar solos. Diría incluso que la soledad puede ser una necesidad en determinados momentos.

 

—¿Hay una soledad obligada? ¿Cuáles son los factores actuales que afectan a las personas a la soledad?

 

—Hay soledades que se imponen, como la del duelo. O como la de la maternidad, que es un tipo de soledad inmanente de la que muchas mujeres testimonian, por eso buscan armar redes, tribus, comunidades. Lo que más destacaría en este punto es que esas soledades no se viven necesariamente a solas. Hay clubes de y para los solitarios. Hay soledades existenciales y ontológicas, como la soledad ante la muerte. En última instancia, lo central a la hora de evaluar la soledad es considerar la aptitud vincular de una persona, porque esta puede estar a solas y, sin embargo, contar con numerosos vínculos interiorizados. El sentimiento de quien se siente solo no sería tal si no sintiera que internamente también le faltan los demás.

 

—Dentro de la elección de la solitud, ¿cuáles son los límites sanos y cuando hay que preocuparse?

 

—En principio, es importante destacar que la soledad no es patológica por sí misma. La soledad por sí misma es un límite sano ante situaciones de adaptación forzada y exigencia. En todo caso, la preocupación comienza cuando la soledad va de la mano de una introversión que no se puede revertir y constituye al mundo como una amenaza, a expensas de confiar en la capacidad para transformar la realidad. Elegir la soledad no es un problema por sí mismo, salvo cuando es una soledad deshabitada, en la que también estamos ausentes de nosotros mismos.



Fuente: RTS Noticias