El Festival Internacional de Literatura de Santa Fe se realiza la segunda semana de octubre y este año se llevó a cabo por tercera vez consecutiva. El encuentro internacional de escritores reúne además actividades didácticas en escuelas y presencia de especialistas destacados. RTS Medios tuvo acceso a conversar con Rafael Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras.
Valeria Elías
RTS Medios
El Festival Internacional de Literatura de Santa Fe se realiza la segunda semana de octubre y este año se llevó a cabo por tercera vez consecutiva. El encuentro internacional de escritores reúne además actividades didácticas en escuelas y presencia de especialistas destacados. RTS Medios tuvo acceso a conversar con Rafael Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras.
El Festival Internacional de Literatura de Santa Fe se desarrolló por tercer año consecutivo en la capital provincial y convocó a más de cien escritores, alrededor de veinte escuelas y dos mil alumnos. Las lecturas y actividades fueron en todas las charlas y lecturas a sala llena. Participaron escritores de toda la provincia, no solo de la ciudad de Santa Fe. En esta oportunidad, asistieron escritores de Cuba, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos. Todas las actividades fueron libres y gratuitas, como ocurre desde su nacimiento.
El poeta y ensayista Rafael Felipe Oteriño, también es ex juez y preside la Academia Argentina de Letras (AAL), institución creada en 1931 que depende de la Secretaría de Educación de la Nación. Oteriño, autor de libros de poesía y ensayo, ocupa el sillón número 10 de la institución, “Carlos Guido y Spano”. Ejerce su cargo, al igual que los demás miembros de la AAL, entre los que hay lingüistas, narradores, filólogos, dramaturgos, poetas, ensayistas y filósofos. Se trata de un cargo ad honorem. El escritor estuvo en la ciudad de Santa Fe participando del FILSF y dialogó con la periodista de RTS Medios.
— Vamos a hablar hoy de poesía, ¿no? Pero estamos hablando en el siglo XXI de poesía, cuando este género, es considerado una de las formas literarias que menos fama tiene, o trascendencia.
—Puede ser que, en apariencia, tenga poca trascendencia en cuanto al público, en cuanto al acceso a las librerías, pero la cantidad de escritores que se han volcado a la poesía es notable. Lo que ocurre es que la poesía, en esa instantaneidad que tiene, que es concentrada, vital y rápida en cuanto a la llegada, eso hace que pase a ser un lenguaje muy contemporáneo. Y los jóvenes, sobre todo, lo están probando.
En cambio, una novela supone todo un desarrollo temporal mayor y, sobre todo, un tiempo mayor para el acceso, para la lectura. En cambio, un poema se lee de una sentada, como podemos decir. Y esto ha sido redescubierto. Por otra parte, me parece que es de las artes de la palabra la que mejor andan en las redes. Y nos gusten o no nos gusten, son un hecho, las redes sociales, a través de estos procedimientos tecnológicos. Y uno lo lleva en el bolsillo.
Soy consciente que hay una retirada, en términos generales, del lector. Pero me parece que no se refiere solo a la poesía. Hoy por hoy, las novelas todavía tienen grandes premios preparados para la novelística, para la narrativa, pero, en realidad, lo que se lee es la obra premiada. No se lee todo el otro conjunto. A los novelistas les es bastante difícil también llegar a un público. Y creo que el fenómeno se puede analizar desde varios lugares, pero uno de ellos es que hay una retirada del lector.
O, tal vez, una modificación. Y hay un acceso a la literatura más social, más física, más de contacto. Hay una profusión de ferias del libro, de encuentros. ¿Qué significa esto? Significa que se va dejando de lado el libro en su tradicional formato, así, distante, para ojearlo y leerlo con pausa bajo la lámpara, por un contacto directo con el escritor. Esto yo lo veo como un fenómeno, inclusive en cuanto a la cantidad de invitaciones que recibo para ir a ferias del libro.
Antes eran las ferias del libro de Buenos Aires, en la rural. Y después empezaron algunas provincias. Hoy las ciudades y hasta los pueblos tienen su feria del libro. ¿Eso qué significa? Esto pone en evidencia que lo que se busca es un contacto personal, directo, entre el lector, que es una suerte de coautor, porque el lector, cuando lee, es el que le da la dimensión final a la obra. El fenómeno literario, el fenómeno poético, en el caso de la poesía, se produce cuando el lector lee. Antes, el libro, los versos, los poemas, están en estado de diccionario, están secos ahí en el libro cerrado. O sea que no hay que descuidar la figura del lector, porque es el protagonista del fenómeno de la literatura.
—Le propongo hablar de la cuestión del lenguaje, de esta mutación que percibimos siempre de lenguas vivas que van cambiando y van variando, y que hoy por hoy, por ejemplo, una de las cosas que se habla es de la pérdida del léxico, del uso de la palabra, de la resignificación de algunas palabras. Puede sonar un tanto violento, pero es notoria la pobreza lingüística a la hora de sentarnos a leer los textos.
— Sí, sí, pero también vuelve a ser un fenómeno general no sólo achacable a la literatura o a la poesía en particular. Lo que hay sí es un abandono del esfuerzo para acceder a las claves del texto. ¿Cómo se lee un cuento? ¿Qué se espera de una novela? ¿Cuáles son las claves para entender un poema? Y la primera de las claves para leer la poesía es entender el mundo de lo simbólico, porque la poesía nunca se queda en el puro lenguaje, ni solo cuenta una pequeña anécdota.
Para eso está el periodismo, que no es que cuente anécdotas, sino que hace una crónica sobre la vida real, con todo su pasado y su trascendencia. Pero la literatura supone una elaboración verbal y, entonces, hay una cierta sofisticación en el tratamiento del lenguaje que al periodista no se lo permitirían, porque el periodista, que es un gran escritor, evidentemente es el que maneja realmente el lenguaje de un modo más diario, realmente el periodista se acomoda a un lenguaje convencional. Se acomoda, pero lo expande también por su riqueza.
Lo que pasa es que por detrás está el fenómeno de la comunicación. Hay que comunicarse. Y el escritor sabe que tiene que comunicarse, pero, como no le ve la cara al lector cuando está escribiendo, no hace el mismo esfuerzo por comunicarse que pueda hacer un periodista, que también es un escritor, naturalmente. Así que lo que yo veo es que hay una pérdida en cuanto al conocimiento de las claves para acceder a la literatura. Por ahí, en la narrativa es más fácil, porque en un cuento se espera una anécdota y alguna peripecia y algún desenlace imprevisto. También, hay creadores como Cortázarque hacen de la novela realmente un fenómeno volcánico. Pero la poesía es un lenguaje en estado especial. Un lenguaje dentro del lenguaje. Hay un poeta antillano de lengua inglesa, Derek Walcott, que dice que la literatura, y particularmente la poesía, «es una isla que se desprende del continente». Me parece atractivo.
——Sin dudas, hoy tenemos nuevos soportes de lectura. Además, las ferias del libro acercan al autor con los lectores, cosa que antes no se daba y también hay un gran consumo de audiolibros. ¿Usted considera que hay un cambio en el vínculo con la literatura, por el contacto con el escritor y los distintos soportes que uno tiene para acercarse a ella?
—Claro, lo has dicho, lo has dicho perfectamente. O sea, no hay que asustarse ni ser apocalíptico al respecto. No hay una pérdida.
Hay un cambio de acceso y un cambio de formatos. Y esto tiene que ver con la vida misma. La humanidad, desde Homero para aquí, ha tenido muchos cambios.
El libro, primero, fue un solo volumen que llevaba a las personas que podían acceder a él en el monasterio donde estaba. Y, antes del fenómeno del libro, la humanidad vivió siglos de esplendor cultural, el esplendor cultural del mundo occidental con la forma oral. Y ahora también sería otro tema.
La oralidad está volviendo. La oralidad homérica está volviendo, sí.
Fuente: RTS Noticias