Qué caracteriza a un hijo narcisista y cuándo consultar a un profesional  

Los vínculos familiares también se ven afectados por las personalidades narcisistas. Padres e hijos, tíos y abuelos, pueden tener personalidad o rasgos narcisistas. La Magister en psicología social Analía Forti, conversó en RTS Medios sobre los hijos narcisistas y las convivencias. 

Valeria Elías

RTS Medios

Las familias con dinámicas generadas por la convivencia con personas narcisistas no siempre son fáciles, claras o cómodas. Pero si existen formas de regular y mantener un clima estable que permita una convivencia aceptable. La Magister en psicología social Analía Forti (IG @analiaforti ), especialista en el tema, explicó para RTS Medios cómo funciona esta dinámica. 

 

 

La entrevistada comenzó con esta aclaración: “Cuando se habla de hijos con rasgos narcisistas, es importante diferenciar entre conductas narcisistas (que pueden aparecer en distintas etapas del desarrollo o como respuesta a ciertas dinámicas familiares) y un trastorno narcisista de la personalidad, que requiere una evaluación profesional y no puede determinarse sólo por comportamientos aislados. En la adultez, cuando un hijo presenta un patrón persistente de rasgos narcisistas, pueden observarse dinámicas como: Dificultad para reconocer el lugar del otro y poca capacidad para registrar el dolor o las necesidades de sus padres. Otro punto es interpretar las diferencias como ataques personales. También sentir que sus necesidades deben ocupar siempre el centro. Además, la relación basada en la utilidad o el beneficio, en algunos casos el vínculo puede volverse instrumental: se acerca cuando necesita algo. Otro aspecto es esperar apoyo, admiración o disponibilidad permanente, y lo último a destacar es que se distancia o castiga cuando no obtiene lo esperado”.

 

 

Luego amplió los alcances: “También puede, rechazar la crítica o a la frustración. Puede reaccionar con: enojo intenso, descalificación, victimización, ruptura del diálogo. La dificultad no está solo en equivocarse, sino en la imposibilidad de revisar la propia conducta. Se puede dar también la inversión de roles familiares: a veces los padres sienten que deben «cuidar» emocionalmente al hijo adulto: medir cada palabra, evitar conflictos, pedir disculpas aunque no hayan causado el problema, sostener una relación desequilibrada por miedo a perder el vínculo. Además puede surgir culpa y desgaste en los padres:  es frecuente que aparezcan preguntas como: «¿Qué hice mal?¿Por qué no puedo tener una relación sana con mi hijo?¿Por qué todo termina siendo mi responsabilidad?» Es importante recordar que una relación familiar siempre es compleja y no puede explicarse por una sola causa”. 

 

 

Respecto a lo que puede ayudar en esta situación, señaló: “No entrar en discusiones circulares buscando que el otro «admita» algo. Establecer límites claros y consistentes. Diferenciar amor de disponibilidad ilimitada. Evitar responder desde la culpa. Buscar espacios de apoyo para procesar el dolor del vínculo. Cuando se trata de un hijo, la situación suele ser especialmente dolorosa porque existe un fuerte mandato cultural de que «un padre debe soportarlo todo». Sin embargo, amar a un hijo no implica aceptar cualquier forma de maltrato, descalificación o manipulación”.

 

 

Cómo armonizar la convivencia

 

 

“Convivir con una persona con fuertes rasgos narcisistas–expresó la especialista– puede ser emocionalmente agotador, porque muchas veces la relación se organiza alrededor de sus necesidades, sus percepciones y sus reacciones. El autocuidado implica recuperar el propio centro, proteger la salud emocional y evitar quedar atrapado en dinámicas de manipulación. Algunas herramientas útiles: Validar tu propia percepción. Las personas que conviven con alguien manipulador pueden empezar a dudar de sí mismas («¿estaré exagerando?, ¿será culpa mía?»). Es importante registrar los hechos, las conversaciones y cómo te sientes después de determinados intercambios. Establecer límites claros. Un límite no es una amenaza ni un intento de cambiar al otro. Es una decisión sobre cómo vas a actuar vos. Ejemplos: «No voy a continuar esta conversación si hay insultos». «Podemos hablar cuando podamos hacerlo con respeto». «No voy a justificarme permanentemente»”.

 

 

Por su parte, aclaró que es importante: “Evitar entrar en discusiones circulares, en algunas dinámicas narcisistas, las conversaciones pueden transformarse en una búsqueda interminable de tener razón, cambiar la culpa o negar lo ocurrido. A veces es más efectivo responder de manera breve, clara y sin intentar convencer. Cuidar tu red de apoyo, el aislamiento favorece la dependencia emocional. Mantener vínculos con familiares, amistades o espacios propios ayuda a conservar una mirada externa y una identidad independiente. Recuperar espacios propios Es frecuente que quien convive con una persona muy controladora vaya dejando de lado sus intereses. Retomar actividades, proyectos, formación, amistades o momentos personales es una forma de reconstruir autonomía”.

 

 

“No asumir la responsabilidad del cambio del otro. Uno puede acompañar, dialogar y expresar cómo te afecta una conducta, pero no podés hacer el proceso terapéutico por otra persona ni modificar su personalidad con amor, paciencia o sacrificio. Hay que trabajar la culpa. Muchas personas quedan atrapadas pensando: «Si digo que no, soy mala persona», «Si pongo límites, destruyo la familia», «Tengo que aguantar por los hijos». Aprender a diferenciar responsabilidad afectiva de autoabandono es fundamental. Hay que buscar apoyo profesional. Un espacio terapéutico propio puede ayudar a:  identificar patrones de manipulación, fortalecer autoestima, recuperar confianza en el propio criterio y tomar decisiones con mayor claridad”, finalizó.

 

Fuente: RTS Noticias