El sociólogo e investigador analizó la lógica del aguante, la homofobia y las relaciones de poder que atraviesan la cultura futbolística. Advirtió que los cambios sociales no se trasladan automáticamente a las tribunas y reclamó políticas específicas para transformar esas prácticas.
Por Victoria Rodríguez
RTS Medios
El sociólogo Pablo Alabarces analizó la persistencia del machismo y la homofobia en el fútbol y sostuvo que las transformaciones sociales en materia de género no alcanzaron de la misma manera a ese ámbito. Según explicó, las expresiones de violencia simbólica y los insultos discriminatorios forman parte de una lógica que se mantiene desde hace décadas y que organiza buena parte de la cultura de las hinchadas.
Alabarces describió esta dinámica a partir de lo que denomina la lógica del aguante, un sistema de valores que mide la masculinidad a través de la capacidad de imponerse sobre otros. “Es una lógica moral, básicamente”, explicó. En ese esquema, la pertenencia se construye a partir de la oposición entre quienes son considerados suficientemente masculinos y quienes quedan excluidos de esa categoría. La confrontación puede expresarse mediante peleas físicas, pero también a través de cantos, gestos y amenazas simbólicas.
El investigador señaló que esta lógica también alcanza a las mujeres que participan del mundo futbolístico, ya que muchas veces reproducen los códigos y las formas de expresión dominantes. En ese sentido, explicó que las metáforas de sometimiento sexual presentes en los cantos no son expresiones aisladas, sino parte de un lenguaje que utiliza la dominación como demostración de poder. Además, advirtió que estas prácticas continúan vigentes pese a que fueron estudiadas y cuestionadas desde hace más de dos décadas.
Un territorio que no cambia al ritmo de la sociedad
Para Alabarces, uno de los principales problemas es la idea de que el fútbol refleja de manera automática las transformaciones sociales. Aunque reconoció los avances de Argentina en materia de reconocimiento de derechos y diversidad, sostuvo que ese progreso no se tradujo necesariamente en una modificación de los códigos que predominan en las tribunas.
“El fútbol sigue siendo un reducto patriarcal y machista. Y no ha cambiado”, afirmó. En su análisis, el ámbito futbolístico funciona como un espacio con reglas propias, en el que persisten conductas discriminatorias que en otros sectores de la sociedad fueron cuestionadas con mayor fuerza.
Como ejemplo, mencionó los cantos homofóbicos dirigidos a los equipos rivales desde el comienzo de los partidos. Para el sociólogo, que esas expresiones se repitan de manera habitual contribuye a naturalizarlas y dificulta que sean reconocidas como formas de discriminación. La ausencia de público visitante, explicó, tampoco eliminó esas prácticas, que continúan dirigidas hacia los jugadores del equipo contrario.
Frente a este escenario, Alabarces planteó que los cambios no se producirán espontáneamente. “Esto no va a ocurrir por pura decantación”, advirtió, y remarcó la necesidad de desarrollar políticas específicas, campañas y acciones de formación destinadas a los hinchas. Para fundamentar su posición, comparó el proceso con las transformaciones sociales impulsadas mediante la militancia, las campañas de concientización y la Educación Sexual Integral (ESI).
Racismo y homofobia: respuestas diferentes
Durante la entrevista, el investigador también abordó las diferencias entre el tratamiento del racismo y el de la homofobia en el deporte. Señaló que el racismo es objeto de debates, reglamentos y sanciones a nivel internacional, mientras que las expresiones homofóbicas continúan naturalizadas en distintos espacios futbolísticos.
Como ejemplo, recordó el caso del futbolista argentino Gianluca Prestianni y el brasileño Vinícius Júnior, ocurrido durante un partido entre Benfica y Real Madrid por la Liga de Campeones. Alabarces utilizó el episodio para ilustrar cómo una misma situación puede involucrar acusaciones de discriminación racial y referencias homofóbicas, y para señalar la necesidad de discutir los distintos mecanismos de violencia que persisten en el fútbol.
El especialista sostuvo que las respuestas dependen también de los contextos y de las propias hinchadas, y mencionó como contraste a grupos que se identifican con posiciones antifascistas y mantienen una postura activa frente a determinadas expresiones discriminatorias.
Las transformaciones culturales requieren intervención y políticas sostenidas. Para Alabarces, cuestionar los cantos, los insultos y las prácticas que reproducen la desigualdad es indispensable para que los avances en materia de derechos también alcancen al fútbol.
Fuente: RTS Noticias