La marcha de Malvinas fue compuesta en el año 1940, se dió a conocer el 3 de enero de 1941 y se promulgó obligatoria en el año 2016 “asegurar la entonación de esta Marcha en todos los actos del 2 de abril, cuando se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, según ley Nº 25.370.
Valeria Elías
RTS Medios

La canción, con letra de Carlos Obligado y música de José Tier, no solo es un recordatorio de la guerra y los caídos, sino también un símbolo de la esperanza y la lucha continua por lo que muchos argentinos consideran una parte irrenunciable de su territorio y su identidad nacional.
En abril de 1982, Argentina sorprendió al gobierno británico y lanzó una exitosa invasión de las Islas Malvinas, ocupando el territorio británico de ultramar con mínimas bajas. La determinación del Reino Unido de recuperar las Islas Malvinas, sumada al aislamiento diplomático de Argentina y su incapacidad para lograr superioridad aérea y naval alrededor de las islas, llevaron a la aplastante derrota del país en la Guerra de las Malvinas poco más de dos meses después de la invasión inicial.
Para recordar lo que pasó ese 2 de abril de 1982 y lo consecuente, conversamos con el periodista Héctor Ruiz, qué relató su historia sobre estos hechos.
“Estaba en una cena de la multipartidaria de la ciudad de Santa Fe. Vino el bolichero, un tipo con vínculos con los servicios y nos contó que la Marina desembarcó en Malvinas. Yo representaba al Partido Intransigente (PI), nadie creyó la versión, salvo un representante del Frente de Izquierda Popular (FIP), que partió raudamente a redactar un comunicado de adhesión. Luego quedó claro que fue una maniobra de la cúpula militar para retomar la iniciativa política que había perdido. Hasta ahí lo que yo pensaba” relató el periodista. Sobre la visión de lo que sucedía en la ciudad: “Respecto de la sociedad hubo confusión pero no tanta, Galtieri fue ovacionado cuando dijo «QUE SE VENGA EL PRINCIPITO, LE PRESENTAREMOS BATALLA”, pero en ese mismo discurso cuando pretendió hablar de la situación interna en Argentina, sufrió una frenética silbatina. La sociedad acompañó dando ejemplos de solidaridad de manera permanente para con los combatientes. Hasta la inevitable derrota corrió el velo de la ilusión soberana y luego facturó la derrota con un repudio que arrastró lo poco de poder político que le quedaba al acuerdo cívico militar que había usurpado el poder. La herida más grande es haberle hecho pagar a inocentes la aventura y el resultado de la desmalvinización que hoy se percibe”.
La posguerra y la mirada social
El periodista Héctor Ruiz, compartió también su visión de lo que fue el después de ese conflicto bélico que nos marcó como sociedad.
“Una sociedad despolitizada va a procesar todos los datos de la posguerra-comenzó explicando- en una síntesis muy compleja. Al aproximarse a la verdad la sociedad fue reaccionando como pudo, mientras los problemas cotidianos ejercían presión sobre cada realidad. Hubo un sentimiento de indiferencia que los ex combatientes percibieron al volver de la batalla, hasta que el reconocimiento se pudo instalar en derechos y manifestaciones públicas. Un edificio público importante como el CEMAFE, en Santa Fe se denomina HÉROES DE MALVINAS. Las campañas solidarias de alimentos se llegaron a comercializar en distintos puntos del país, hubo raterías propias de la peor bajeza y muchos que durante el combate se presentaron como voluntarios ofreciendo su vida ante el ataque pirata de los ingleses. Pasó de todo sin que un hilo conductor se encargará de hilvanar un movimiento soberano por MALVINAS. La dirigencia política careció en su momento de la fortaleza capaz de conducir a la sociedad hacia un camino de convicciones y hoy eso se ve con mucha más nitidez. La inactividad política, el ocaso de los partidos, colabora con el olvido que impulsan aquellos sectores a los que les importa más sus pequeños negocios con la propia Inglaterra, que la integridad Argentina. La presencia inglesa perdurando en Malvinas es una amenaza geopolítica, más aún cuando los liderazgos del mundo atraviesan por una crisis de sensatez, faltan los estadistas y la violencia traducida en guerras se instala para definir conflictos. El panorama es complejo y vale la pena preguntarse si Malvinas es un buen arranque para la reconfiguración de Argentina o debe integrarse luego que las organizaciones que representan una nueva esperanza popular conformen un proyecto nacional” finalizó su análisis.

La visión alternativa sobre Malvinas
Fueron 17 intelectuales, constitucionalistas y periodistas argentinos quienes presentaron un documento en el que reclaman una revisión de la política del Gobierno (2012) sobre el conflicto por las Islas Malvinas. Uno de los ejes centrales de la propuesta es que el gobierno adopte una posición que tenga en cuenta el principio de autodeterminación de los isleños. Quienes firmaron el texto son Jorge Lanata, Juan José Sebreli, Emilio de Ípola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sabato, Daniel Sabsay y Beatriz Sarlo.
《Malvinas: una visión alternativa
A tres décadas de la trágica aventura militar de 1982 carecemos aún de una crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina. Entre los motivos de aquel respaldo no fue menor la adhesión a la causa-Malvinas, que proclama que las Islas son un «territorio irredento», hace de su «recuperación» una cuestión de identidad y la coloca al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país.
Un análisis mínimamente objetivo demuestra la brecha que existe entre la enormidad de estos actos y la importancia real de la cuestión-Malvinas, así como su escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan. Sin embargo, un clima de agitación nacionalista impulsado otra vez por ambos gobiernos parece afectar a gran parte de nuestros dirigentes, oficialistas y de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de «política de estado». Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país.
Una revisión crítica de la guerra de Malvinas debe incluir tanto el examen del vínculo entre nuestra sociedad y sus víctimas directas, los conscriptos combatientes, como la admisión de lo injustificable del uso de la fuerza en 1982 y la comprensión de que esa decisión y la derrota que la siguió tienen inevitables consecuencias de largo plazo. Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial- con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional. En honor de los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean. La afirmación obsesiva del principio «Las Malvinas son argentinas» y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños.
La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas. La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos -es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino- abre una caja de Pandora que no conduce a la paz.
Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros. La sangre de los caídos en Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables.
Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica. Los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación. Ojalá que el dos de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declaraciones patrioteras sino que sirvan para que los argentinos -gobernantes, dirigentes y ciudadanos- reflexionemos juntos y sin prejuicios sobre la relación entre nuestros propios errores y los fracasos de nuestro país》.