El mes de octubre es para concientizar y aprender sobre la prevención y cuidado del cáncer de mama. Instruirse y empatizar para poder comunicarse correctamente con las personas que enfrentan esta enfermedad colabora con la armonía del entorno.
Valeria Elías
RTS Medios
La concientización y el aprendizaje son importantes para poder sobrellevar en comunidad situaciones de salud que resultan traumatizantes y difíciles de sobrellevar emocionalmente. La sensibilización es parte de la campaña internacional para concientizar sobre la prevención y la detección temprana de esta enfermedad. Ser cercanos a una persona que padece cáncer, interpela a ser parte de un proceso que requiere de empatía, respeto y compromiso. El Dr. Franco García Cervera es médico especialista en Psiquiatría y en Cuidados Paliativos. Magister en Psiconeurofarmacología. Co-fundador del Comité de Psiquiatría de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos (AAMyCP). Miembro de la International Psycho-Onchology Society (IPOS).
En diálogo con la periodista de RTS Medios, el especialista habló sobre las últimas visiones y actualizaciones en cuanto a cómo vincularse con la enfermedad y con la persona que lo padece.
En el paso del tiempo se produjeron cambios con respecto a lo que se pensaba del cáncer, de qué se tratan estos cambios. El Dr. Franco García Cervera sostuvo que “cambió el relato. Antes se decía cáncer en voz baja, como si nombrar la tormenta la fuere a ser más fuerte. Hoy entendemos que es más una crisis vital profunda, que no es necesariamente el punto final de la vida. De hecho, no es lo más frecuente. Es un paréntesis en la biografía de una persona, lo que cambió, fue la medicina que convirtió a los cánceres en enfermedades crónicas y curables, la información que nos va sacando del miedo a lo que es desconocido y también el permiso para hablar. Antes la paciente se quedaba sola con el miedo, hoy puede decir tengo miedo, tengo cáncer, encontrar una tribu, una red, otras voces que le van diciendo yo también pasé por eso. Hay un montón de asociaciones de sobrevivientes del cáncer. Acá en Santa Fe tenemos a las Chicas Pink. El cáncer dejó de ser una sentencia y ahora pasa a ser más un camino que es incierto, que es duro, pero que se puede transitar acompañada”.
“La supervivencia, –agregó el médico– que es una palabra que no me agrada, pero es lo que tenemos en español como para nombrar una persona que ha atravesado una patología oncológica, sigue siendo un territorio que suele ser poco nombrado, que es nuevo. Durante el tratamiento te tratan como una guerrera en modo batalla, con las quimios, las cirugías, los controles. Todo está organizado para curarte. Cuando terminás la quimio festejan, pero a la persona le suele pasar que continúa en vértigo. Es como si se bajara de un barco en el medio del mar después de la tormenta y todos te dijeran: «bueno, ahora andá hasta la costa». Es muy común que aparezca esto del síndrome de Damocles, la espada del miedo de la recaída colgando sobre cada control. Es habitual que continúe la fatiga, que el cuerpo no es el mismo, que aparezca la niebla cognitiva o el «quimofo», que es lo que mencionamos. Y también el poder hacerse la pregunta de quién soy yo después de todo esto. Uno no vuelve a hacer lo que era antes, pero se aprende a vivir de nuevo, con otra conciencia quizás, a veces con algo de ansiedad, pero también con una profundidad que se llega a ver que antes no estaba, que antes no existía”.
Luego, manifestó: “Con respecto a si se retoma la normalidad o si hay cambios que son inevitables, lo que se hace es que se construye una nueva normalidad. Pretender volver a hacer exactamente lo que era antes es una trampa que genera mucha frustración. Es como creer que el jarrón que se rompió y fue reparado con oro al estilo de lo que es el «kintsugi» sea idéntico a lo que era antes. En algunos lugares es más frágil y en el otro es mucho más valioso y fuerte que en otros, por los cuales los cambios son inevitables. Hay cicatrices, la relación con el tiempo va cambiando. Lo que antes te preocupaba durante días, hoy te parece algo chico. El poder redimensionar las problemáticas es lo que va cambiando. Es muy común que uno diga esto de dejé de postergar, o una frase que uno escucha en el consultorio del cáncer me curó la neurosis y hay duelos también que se van haciendo, el duelo de lo que era el cuerpo de antes, de la imagen que uno tiene de que uno, es invulnerable de los proyectos que se han pausado y lo que es el proceso de sanación no consiste en borrar la experiencia sino en poder integrarla, hacer que esa cicatriz sea parte de nuestra historia pero no toda nuestra historia”.
“¿Qué puede ayudar a sobrellevar mejor el proceso de sanación? Generalmente los que trabajamos en esto estamos en contra de los términos bélicos en el tratamiento oncológico, ejemplo: la guerrera, el del luchador. La idea es tener que cambiar este mandato de paciente rosa y que es fuerte todo el tiempo, porque nos han vendido en algún momento la idea de que hay que pelear el cáncer con una sonrisa y que hay un optimismo obligatorio, que es lo que yo llamo la positividad tóxica, en que es una situación muy violenta. No siempre se puede ser así, permitirse estar mal, estar enojada, triste, cansada, también es parte de sanar. También, así como mencionaba al principio tres cosas, acá también hay tres cosas que me parecen importantes para cambiar. Primero el lenguaje: Esto que le hablaba de la batalla perdida o ganada, como si la persona fuera responsable de su evolución. Nadie pierde una batalla contra sus propias células. La persona atraviesa un tratamiento, hace todo lo que puede y eso ya es un acto de valentía enorme. Por otro lado está el acompañamiento, en segundo nivel para cambiar, el cáncer no sólo afecta a una persona también lo tiene una familia, una pareja, afecta el trabajo, necesitamos incluir en la red de cuidado psicoemocional esta red, enseñar a acompañar sin frases hechas, como «todo va a estar bien o tenés que ser positiva» y reemplazarlas por el sencillo «acá estoy, aunque no sepa qué decir acá estoy». Y tercero, el tema de la escucha interna, la remisión sabemos que no es solamente la alta médica y chau, sino que es el inicio de un cuidado sostenido. Por este lado, que se entienda que pedir ayuda psicológica especializada no es un signo de debilidad, es parte del tratamiento, que así como cuidamos el cuerpo con los controles, necesitamos también cuidar el alma con espacio donde poder poner en palabras lo que pasó. En definitiva, esto de sanar no es volver al punto de partida, es aprender a evitar tu vida con una nueva brújula”, explicó el especialista.
Para finalizar, enfatizó: “Cómo no es evitar el positivismo obligatorio, la guerra como única metáfora, evitar los ejemplos comparativos, «uy, esto le pasó a la amiga de y tal cosa». Cada cáncer, cada cuerpo, cada historia es única, por lo cual comparar tiende a minimizar lo que la persona está atravesando. Evitar también lo que es el interrogatorio médico, «¿de qué grado es? ¿Qué te dijeron? ¿Qué tratamiento vas a hacer?» Porque lo que quieren hablar es con la persona, no con la paciente. Entonces, la forma correcta sería preguntar antes de suponer, «¿cómo crees que te acompañes? ¿Tenés ganas de hablar de esto o preferís que hablemos de otra cosa? ¿Te sirve que vaya el turno con vos o preferís ir sola?» en darle control a alguien que perdió el control sobre todo y validar lo que siente. Por otro lado esto de no corregirlo si evitar el «no llores» o «no estés angustiado» «no estés preocupada», cambiarlo por «es lógico lo que estás sintiendo, es una situación muy difícil» es darle permiso a que pueda ser validado su emoción con nosotros. Y sostener con hechos más que con discursos. Más que el poder decir, «acá estoy, aunque no sepa qué decirte», esto que decíamos, que es más honesto y sanador que cualquier otra frase hecha, y ofrecer ayudas concretas. «Llevo a los chicos al cole el martes, te preparo las viandas para la semana que tenés quimio, te voy a acompañar al control y después vamos a tomar un café». Y sobre todo seguir, en el caso de la mujer, seguir mirándola como mujer, no como un diagnóstico, no como una paciente, lo que decía antes. Preguntarle por el trabajo, por el libro que está leyendo, por su risa. Poder ayudar a recordarle que sigue siendo ella, con una historia que es mucho más grande que la enfermedad que está atravesando. Esto de que hablar bien no es necesariamente hablar lindo. Es hablar con verdad, con humildad y con paciencia”.
Fuente: RTS Noticias