La palabra Navidad proviene del latín nativitas, ‘nacimiento”. El mismo origen tienen el francés Nöel, el italiano Natale y el portugués Natal. En inglés, la festividad recibe el nombre de Christmas (Mass of Christ ’s day, ‘día de la misa de Cristo’). En alemán se denomina Weihnachten, ‘noche sagrada’.
A pesar de ser una fiesta cristiana, la Navidad es celebrada actualmente en gran parte del mundo también por no cristianos, desprovista de su contenido religioso, como una ocasión de reencuentro y reconciliación entre familiares y amigos cercanos.
Para profundizar en el término y sus usos hablamos con Juan Carlos Alberto, profesor en historia y formación religiosa, investigador. Él nos compartió su trabajo.
Valeria Elías
RTS Medios

“Hace algunos días, en cumplimiento de una antigua tradición iniciada por San Francisco de Asís en el año 1223, muchos pesebres o belenes fueron preparados a la espera de la Navidad, fecha en que los cristianos celebran el nacimiento de Jesús. Brevemente, vamos a detener nuestra mirada en las principales imágenes que componen el pesebre y su entorno, aunque no abordaremos el tema de los Reyes Magos y su estrella, pues corresponde al año venidero. Antes, invito a centrar nuestra atención en la etimología de la palabra navidad, en visión retrospectiva.
Iniciamos el recorrido con una palabra usual en otros tiempos: nadvidad ´Navidad´, de natividad ´Navidad; nacimiento´. Natividad es un derivado del latín medieval nativitatem, acusativo de nativitas ´nacimiento; nacimiento de Jesús´ (tema nativitat-). A su vez, este último vocablo se originó en el latín tardío con el significado de ´nacimiento´, originado por evolución del latín clásico nativus (de natus)´que tiene un nacimiento, un origen´. La terminación -idad, significa: ´calidad, condición, cualidad´. Es frecuente en sustantivos femeninos -generalmente abstractos-; proviene del latín itatem, acusativo de -itas (radical -itat) ´calidad, condición´
En la representación del cuadro donde se produce el nacimiento del Niño-Dios, nos situamos en un lugar geográfico: Belén de Judá; y en un espacio temporal que podemos ubicar hace más de dos mil años, identificado con la plenitud de los tiempos, según el anuncio de Miqueas, quien lo profetizó aproximadamente en el año 721 a. C.:
Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá el jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel. Miqueas 5, 1.
Belén, que significa Casa de Pan, cuna de los antepasados del rey David, al sur de Nazaret de Galilea desde donde José -descendiente de David- y María partieron para cumplir con el empadronamiento ordenado por el emperador Cesar Augusto, en tiempo de Cirino gobernador de Siria (Lucas 2, 1 – 2), y Herodes rey (Mateo 2, 1) de Judea, Galilea, Perea, etc.
El pesebre, nos muestra una imagen de pobreza, de mortificación. Anuncio de algunas características de la llegada del reino de aquel que dijo de sí mismo:
El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Mateo 8, 20.
El asno y el buey, en base a antiguas tradiciones, aunque no aparecen en el Nuevo Testamento, siempre están presentes en el establo. Se los ha visto como símbolos. El primero representaría a los que son ajenos al pueblo judío -gentiles-. El Mesías ha venido a liberarlos de su pesada carga. El buey, acollarado en sus labores, simbolizaría a los judíos quienes bajo el yugo de la Ley mosaica, serían invitados por Jesús a sublimarla en el misterio de la misericordia.
María y José. Ella es símbolo de la mujer en soledad e indigencia. A pesar de ello, es quien aporta a la composición el detalle atrayente, superlativo, el amor maternal, la emblemática gracia transformadora de la vida. También él, varón justo y piadoso, obediente a la voluntad de Dios, con su afirmación participa en conformar una familia guiada por la paz y el amor.
El Niño. ¡Vaya manera de que lo divino se presente de un modo tan delicado, se someta a tanta pequeñez, se abaje de esa manera, para incluirse plenamente en la experiencia humana! Yace el infante en el cajón destinado a comedero de las bestias, fuera ya del tibio vientre, envuelto en pañales. Solo débil, careciente, puede compadecerse de nuestra honda fragilidad.
Los ángeles, seres espirituales puros, inmortales, que sirven a Dios; etimológicamente, ´mensajeros´, aclaman: ¡Gloria a Dios en el cielo! Esto es proclamar el cumplimiento de los más altos deseos humanos de todos los tiempos: ¡En la tierra paz a los hombres! (Lucas 2, 14). Tierra y Cielo, creatura y Creador, son definitivamente cercanos, están re-ligados. La gloria de Dios es la paz de los hombres.
Los pastores. Su visita al pesebre (Lucas 2, 16), representa el rebaño del Señor. El cristiano actual ha reconstruido la escena y también la visita para rememorar la adoración de los ovejeros, en la seguridad de haber recibido el anuncio de la Buena Nueva, y consecuentemente, adorar al Niño-Dios en un nuevo pesebre interior”.