En medio de la Guerra de Malvinas, su presencia acompañó a los soldados argentinos en las trincheras y quedó en la memoria como una historia de compañía y coraje en tiempos de guerra.
En el marco de un nuevo aniversario del Guerra de Malvinas, una de las historias más conmovedoras que resurgen es la de “Mortero”, el perro que acompañó a los soldados argentinos en el frente de batalla y se convirtió en un símbolo de lealtad, coraje y compañía en medio del horror.
El animal habría llegado a las islas junto a efectivos del Ejército y rápidamente se adaptó a la vida en las trincheras, compartiendo el frío extremo, la escasez de alimentos y los constantes bombardeos.
Según los relatos, Mortero no solo brindaba compañía emocional en los momentos más duros, sino que también alertaba con sus reacciones ante posibles ataques o movimientos extraños. Su presencia era un alivio para los soldados, muchos de ellos jóvenes conscriptos, que encontraban en el perro un refugio afectivo en medio de la incertidumbre y el miedo.
Con el paso del tiempo, su figura se transformó en un símbolo silencioso de la guerra, representando a todos aquellos seres —humanos y animales— que atravesaron el conflicto. Aunque no existen registros oficiales detallados sobre su destino final, su historia perduró gracias a la memoria de quienes compartieron esos días en las islas.
A más de cuatro décadas del conflicto, Mortero sigue siendo recordado como un emblema de fidelidad en uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina. Su historia, como la de tantos veteranos, forma parte de la memoria colectiva que cada 2 de abril invita a reflexionar y a rendir homenaje a quienes estuvieron en Malvinas.
Entre otros perros de guerra se encontraba Xuavia, que fue la única hembra y estuvo preñada durante su tiempo en Malvinas. El recuerdo más emocionante de ella es que, una noche del 13 de junio, cuando regresaba hacia Puerto Argentino, se separó del grupo y fue encontrada recién al amanecer dándole calor a un soldado herido.
Otros animales recordados son Vogel, Wagner, Ñaro y Negro, quienes estos últimos dos no fueron encontrados y los reconocieron como Desaparecidos en Acción. Si bien la Agrupación mantenía la esperanza de encontrarlos no sucedió y se quedaron con la ilusión de que, tal vez, un oficial británico se quedó con uno de ellos.
El único que logró volver fue Vogel, que estuvo siempre junto al infante de marina José Rubén Cruz, pero cuando fueron capturados y trasladados en un buque hospital, fueron separados para siempre. A Cruz se le impidió volver a reencontrarse con su amigo de cuatro patas, ya que “era propiedad del ejército”.
Uno de los más recordados es Tom, quién fue uno de los perros caídos que no era de raza ni estaba entrenado para combatir. Fue bautizado con ese nombre debido a las iniciales del Teatro de Operaciones Malvinas.
Tom viajó junto al Grupo de Artillería 101 del Ejército Argentino estando oculto de los oficiales superiores entre mantas y camperas. Al llegar al lugar del conflicto, se convirtió en uno más, por lo que fue una gran distracción para la tropa y, a su vez, el primero en avisar cuando se acercaba el enemigo.
Fue un 12 de junio cuando Tom falleció luego de un ataque de los aviones británicos, donde luego fue econtrado tendido en una roca, solo observando a sus compañeros en una lenta y triste despedida.
Fuente: Noticias Argentinas