La memoria como trinchera: una lucha que atraviesa generaciones

De las rondas iniciadas por las Madres de Plaza de Mayo a la militancia de H.I.J.O.S. A 50 años del Golpe, la disputa por la memoria, la verdad y la justicia sigue vigente en Argentina.

Por Marina Zavala

RTS Medios

Un nuevo 24 de marzo, a 50 años del Golpe de Estado cívico-militar que irrumpió en la Argentina en 1976, invita a repasar la lucha por la memoria que atravesó a distintas generaciones y que hoy continúa más vigente que nunca.

De las historias personales de miles de abuelas, madres e hijos de las víctimas del terrorismo de Estado surgieron, con el paso de los años, luchas colectivas que traccionaron con su fuerza la búsqueda de verdad y justicia.

Con el objetivo de reconstruir esas trincheras, atravesadas por el dolor y la resistencia, RTS dialogó con hijos de víctimas de la dictadura sobre sus historias, su militancia y la disputa por la memoria a lo largo de cinco décadas.

De la historia personal a la militancia


Publio Molinas supo desde muy chico que su padre, Alberto, había sido asesinado cuando él todavía no había nacido. El terrorismo de Estado también mató a cuatro de sus tíos y obligó a su madre a exiliarse. Creció junto a sus abuelos, quienes siempre le contaron la verdad sobre lo que había ocurrido. Más tarde, comprendió que su historia personal estaba ligada al horror que atravesó a miles de familias en la Argentina.

En su adolescencia se unió al centro de estudiantes y desde allí conoció a hijos de desaparecidos, a las Madres y a compañeros que habían estado secuestrados.

“En ese momento todavía el aparato represivo estaba en la calle y había muchos funcionarios públicos que habían sido parte de la represión, ni siquiera se hablaba de posibles juicios a militares. Nosotros éramos chicos y creíamos que éramos inmunes a todo y comenzamos a participar en algunos de los primeros escraches. La consigna era ‘si no hay justicia, hay escrache”, recuerda.

Molinas recuerda la fuerte presencia de Madres y Abuelas, que lideraban las campañas y organizaciones; mientras empezaba a tomar fuerza la generación siguiente: “La condición de hijo, que uno no elige y que no se la desea a nadie, nos unió y nos unificó en la lucha”, asegura.

Una lucha colectiva

Tomás Labrador aún no tenía tres años cuando una patota asesinó a su padre, Palmiro, militante de la Juventud Universitaria Peronista en la Universidad Tecnológica de Rosario, donde estudiaba ingeniería química y trabajaba en la empresa familiar. Unos meses antes había sido secuestrado su tío Miguel Ángel. El resto de su familia debió exiliarse en España. “Para un nene de esa edad entender de golpe que ya no iba a ver a su papá ni al resto de la familia fue difícil de asimilar”, asegura.

Su abuela regresó del exilio con el objetivo de buscar a su hijo desaparecido. Viajaba a Buenos Aires para participar de las rondas de las Madres y asistía a reuniones de familiares de detenidos desaparecidos. Años más tarde se sumó a Abuelas de Plaza 25 de Mayo de Rosario. Tomás la acompañaba en esos encuentros, donde tuvo la oportunidad de conocer militantes, compañeros y amigos de su padre, y así reconstruir su historia.

Ya en la universidad, comenzó a participar en H.I.J.O.S. “Era el año 96, las leyes de impunidad y los indultos estaban vigentes. Era un contexto bastante difícil. Nosotros tratábamos de darnos a conocer, de integrarnos al movimiento de derechos humanos y de hacer un trabajo territorial”.

Unos años después, como agrupación y junto a otras organizaciones, comenzaron a utilizar los escraches como herramienta de denuncia: “Íbamos hasta el lugar donde vivían los represores a explicarle al barrio que ese al que te encontrabas en la panadería era un genocida disfrazado de buen tipo”, explica.

De los escraches a la justicia

La anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final por parte de la Corte Suprema en el año 2005 reabrió el camino a los primeros enjuiciamientos a militares de mandos medios y bajos, así como a civiles por su participación directa en el terrorismo de Estado.

Publio Molinas recuerda el primer juicio que tuvo lugar en Santa Fe, la causa Brusa, que logró condenar a un juez federal, “casi un intocable en la ciudad”.

“Recuerdo el momento exacto en que la movilización que estaba frente a los tribunales de Primera Junta y San Jerónimo, escuchó la sentencia. Hubo un grito de euforia y alegría que reflejó muchos años de lucha, sentimos satisfacción al ver que cambiamos el escrache por justicia”, rememora.

Por su parte, Tomás Labrador resalta que en el largo camino que se transitó hasta los juicios, H.I.J.O.S. trató de seguir siempre el mandato de las Madres y de las Abuelas: buscar justicia y no venganza.

Cuando llegó esa oportunidad, la agrupación comenzó a orientar todos sus esfuerzos en presentar pruebas, testimonios y preparar los juicios. “En 2009 comenzó el primer juicio en la ciudad de Rosario y en 2010 tuvimos la primera sentencia. Nos volcamos a trabajar fuertemente en ese sentido. La marcha de los enjuiciamientos siempre fue, de alguna manera, un trabajo colectivo”, destaca.

La memoria, un terreno en disputa


“La memoria es un terreno en disputa, hay que luchar por ella permanentemente. Las cosas no están dadas naturalmente, hay que pelear por las conquistas y sostenerlas. En eso estamos ahora”, asegura Tomas Labrador al referirse al contexto político y social actual en el que circula el negacionismo o se relativiza el terrorismo de Estado.

Sin embargo, también señala: “No tenemos que sobredimensionar estos discursos. Hay un piso importantísimo que se consiguió desde el 83 que es el sistema democrático. También hay un consenso muy amplio en la sociedad, mucho más amplio del que se nos quiere hacer creer, respecto a la importancia que ha tenido este proceso de memoria y justicia”.

En el mismo sentido, Publio Molinas -quien además fue subsecretario de Derechos Humanos de Santa Fe y director de Derechos Humanos e Integración de la Municipalidad de Santa Fe- sostiene que cada 24 de Marzo la gente sale a la calle y demuestra que sabe lo que pasó.

“Ante el embate de este Gobierno -añade- que viene a instalar nuevamente algunas teorías que ya fueron saldadas por la Justicia, debemos dar continuidad a lo que pregonaron en su momento las Madres y las Abuelas: transitar el camino con esperanza. La gran ventaja es que lo podremos hacer en democracia”.

A 50 años del Golpe, ambos coinciden en que la lucha es colectiva y se da en terreno de la memoria: “La verdad salió a la luz con la justicia, lo que queda es la memoria que nos permite hoy seguir transitando este camino”.

 


 

Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.

Fuente: RTS Medios