El futuro de los jóvenes en la nueva era de la IA y las redes

Los tiempos cambiaron, las formas de vincularse laboralmente y las herramientas para llevar a cabo el trabajo se actualizaron y simplificaron algunas cuestiones, complejizan otras, pero más que nada, hay una oferta laboral diferente y las preferencias de los jóvenes apuntan a esas nuevas dinámicas.

Valeria Elías

RTS Medios

Los cambios de paradigma laborales impulsan a la juventud a repensar el futuro, hay nuevas herramientas tecnológicas a disposición que simplifican la jornada laboral, pero muchos jóvenes les toma trabajo poder decidir una profesión u oficio, algunos buscan aquellas salidas laborales que no impliquen jefes, horarios, o restricciones como ser Youtuber por ejemplo, otros siguen prefiriendo las carreras tradicionales, y otros no pueden definir qué hacer de su futuro laboral.

Para ampliar la visión de esas nuevas modalidades y poder orientar a los jóvenes a una proyección al futuro, RTS Medios conversó con los especialistas Dr. Andrés Luccisano, psiquiatra infanto juvenil y Psp. Ma. Alejandra Canavesio.

 

— Actualmente los jóvenes sienten incertidumbre al elegir una profesión u oficio para incorporarse al mercado laboral, ¿cómo podemos orientarlos a encontrar su camino?

A.L. — La incertidumbre es parte del camino, no es un problema sino que es esperable y necesaria para el crecimiento para construir identidad. Implica poner en duda quién soy, qué quiero, qué me gusta, qué necesito y qué puedo hacer para proyectar un futuro posible. Pretender que un adolescente tenga certezas firmes y seguras sobre su futuro genera más angustia que alivio.


Como adultos es importante acompañar. Orientarlos no significa tomar decisiones por ellos ni exigir definiciones tempranas sino que puedan formularse preguntas, explorar intereses y tolerar la duda, transmitiendo que el camino profesional se traza desde el tiempo, las experiencias, los aciertos y los errores.


Resulta útil pensar el recorrido en etapas. En una primera etapa formativa, el objetivo no es solo obtener un título, sino adquirir conocimientos, habilidades, hábitos de estudio, responsabilidad y experiencia vital. Más adelante, esos aprendizajes se transforman en herramientas para una etapa productiva, en la que el foco está puesto en el desarrollo laboral y económico. Cuando estas etapas se invierten (por ejemplo, priorizando únicamente el ingreso económico sin una base formativa) el recorrido suele volverse más frágil e inestable.


No todas las personas pueden acceder a estudios universitarios por diversos motivos; sin embargo, quienes sí pueden hacerlo deberían aprovechar al máximo esa experiencia educativa.


Los padres pueden ayudar fomentando el autoconocimiento, alentando la curiosidad, validando intereses diversos y ofreciendo información realista sobre las opciones disponibles. Acompañar implica también permitir que los hijos prueben, se equivoquen y vuelvan a elegir, entendiendo que eso es parte del aprendizaje hacia la autonomía.
Mi intención en esta nota es ofrecer una mirada sincera: la vida profesional y laboral es un proceso que se construye con tiempo, al inicio desde la «formación», adquiriendo destreza para tal fin, y luego desde la «producción», mejorando y profundizando esas habilidades.

 

—¿Cuáles podrían ser los factores que les impide hoy con todo a disposición, poder elegir una carrera o un trabajo para afianzar su vida adulta?

A.L. — Creo que hoy una de las principales dificultades es la resistencia a encarar procesos que implican tiempo, dedicación y sacrificio. Vivimos en una cultura de la inmediatez, donde muchas veces se valora más el resultado rápido que el recorrido, y donde el mensaje predominante es que todo debería ser fácil, rápido y placentero. En ese contexto, los mensajes masivos de las redes sociales suelen confundir el éxito con la abundancia y la individualidad con el bienestar, exponiendo modelos de éxito simplificados y poco realistas, en donde pareciera que el reconocimiento, el dinero o la felicidad llegan sin esfuerzos. Esto puede generar comparación constante, sensación de fracaso anticipado y la sensación de que nunca van a estar a la altura de las expectativas.


Otro factor importante es la dificultad para conectarse con el deseo. El deseo no es lo mismo que el gusto momentáneo; implica un proyecto, una motivación que se sostiene en el tiempo. Muchos jóvenes quedan atrapados en la búsqueda de placer inmediato, evitando la incomodidad, la frustración o la angustia que forman parte de cualquier proceso de crecimiento. Sin embargo, sin atravesar esas emociones, resulta muy difícil construir un proyecto propio y afianzar una vida adulta.


Aquí es fundamental el rol de los padres ayudando a poner en valor el esfuerzo, la constancia y el aprendizaje progresivo, y transmitir que no todo malestar es negativo sino que es señal de que algo importante está en juego.

 

—¿Por qué son tan susceptibles a los cambios y a la aceptación de que deben tomar una decisión sobre su futuro?

A.L. — La susceptibilidad a los cambios tiene que ver, en gran medida, con que los adolescentes todavía están construyendo su identidad y su seguridad interna. En un contexto social cambiante, con múltiples opciones y mensajes contradictorios, tomar decisiones puede vivir como una carga excesiva o como un riesgo demasiado grande.


Además, como adultos muchas veces transmitimos mensajes ambiguos. Por un lado, decimos que “todo es posible” y que “hay que ser feliz”, pero por otro, evitamos hablar de límites, responsabilidades y renuncias. Esto puede llevar a que los jóvenes confundan sentirse bien en el momento con estar bien a largo plazo. Sentirse bien suele ser intenso y pasajero; el bienestar, en cambio, requiere tiempo, compromiso y tolerancia a la frustración.


Hoy más que nunca, los adolescentes necesitan adultos que puedan sostener un marco claro, que acompañen sin sobreproteger y que ayuden a pensar las decisiones como procesos reversibles y revisables. Enseñar a elegir no es exigir certezas absolutas, sino transmitir que siempre se puede volver a pensar, ajustar el rumbo y aprender de lo vivido.


En un mundo con tantas posibilidades, el verdadero desafío de hoy resulta en enseñar a discernir con libertad, a elegir con responsabilidad y a tomar decisiones con autonomía. sabiendo que la decisión más difícil no está entre lo bueno y lo malo, sino entre lo bueno y lo mejor.

 

— ¿Por qué hoy por hoy le cuesta tanto a los jóvenes definir un futuro?
A.C. — Creo que esto sucede, fundamentalmente por dos razones: por un lado, porque están en pleno proceso de autoconocimiento, preguntándose y descubriendo aún quiénes son, qué es lo que les gusta y qué es lo que quieren hacer; y, por otro, porque la realidad socio-económico-cultural que vivimos se les presenta como profundamente incierta e insegura. De hecho, tan es así, que son muchos los que optan por posicionarse en la tendencia del “vivir hoy”, en un hedonismo puro que los conduce a disfrutar a pleno, sin obligaciones ni compromisos, porque plantean que ni siquiera están seguros de estar vivos al día siguiente.

 

— El ser influencer o youtuber es en este momento una idea recurrente. ¿Por qué las carreras tradicionales pierden fuerza en la oferta laboral?

A.C. — Ser influencer o youtuber se les presenta como algo sumamente atractivo, porque lo relacionan con fama e ingreso “fácil” de dinero, sin necesidad de estudiar, haciendo videos desde cualquier lugar, en cualquier momento y sin rendir cuentas a nadie, porque se es “jefe” de uno mismo. El influencer gana dinero hablando de videojuegos, viajes, moda u otros intereses (muchas veces hasta sentado en algún lugar de su propia casa), y obtiene popularidad y beneficios instantáneos, lo cual no sucede con las carreras tradicionales, que
requieren de años de estudio y esfuerzo hasta obtener un título, y después ver cómo ubicarse laboralmente. Como venimos gestando generaciones entrenadas en la ley del menor esfuerzo, la mayor rapidez y escasa capacidad para pensar, lo inmediato, sobre todo si garantiza el reconocimiento y la obtención de dinero y fama, se hace mucho más deseable que aquello que requiera de mucho tiempo y supuestas garantías, a largo plazo.

 

— ¿Hay una falta de estímulos para que los jóvenes quieran estudiar o trabajar en algo más tradicional o estable?

A.C. — Absolutamente. Aunque la realidad es más compleja, los casos de éxito viral crean la ilusión de que el camino a la riqueza es corto. La distinción entre trabajo y pasatiempo se desvanece, lo que resulta extremadamente atractivo. Mientras que un sueldo o las ganancias profesionales tienen “un techo”, un influencer exitoso no tiene límites de ingresos, generando la visión de una ganancia exponencial. Lo que los jóvenes buscan es riqueza inmediata, lo cual es contrastante con la inversión de tiempo y dinero de una carrera. Un título terciario o universitario no es una garantía de empleo ni de altos ingresos,
haciendo que la inversión de tiempo y dinero parezca aventurada. La fama de las redes, aunque arriesgada, ofrece una recompensa percibida mucho mayor para los casos de éxito.


Por otra parte, muchos jóvenes, en sus procesos de Orientación Vocacional o simplemente averiguando, no se sienten identificados con los planes de estudio que perciben como obsoletos o desconectados del mercado laboral actual.


Sienten que pueden adquirir habilidades más rápido y de forma autodidacta en circuitos informales, como el manejo de redes, edición de video o marketing digital. A menudo tienen una visión idealizada o incompleta de lo que implica un trabajo o una carrera en la práctica diaria. El desconocimiento de las salidas laborales reales y la experiencia práctica dificulta la elección, por lo que se hace esencial conversar con ellos mostrándoles los pro y los contra en la toma de una decisión, y que puedan comprender la importancia de que realizarse como personas va mucho más allá de la obtención de fama y poder.