El mítico gobernador dejó su huella histórica y en la actualidad son varias las reinterpretaciones de sus proezas. El escritor José Ignacio Serrlalunga toma como inspiración la vida de Estanislao López para llevarlo al terreno de la ficción.
Valeria Elías
RTS Medios
Estanislao López fue elegido Gobernador titular de la Provincia de Santa Fe el 8 de julio de 1819. Tras haber asumido el cargo de manera interina el 23 de julio de 1818, su autoridad fue legitimada y confirmada formalmente por una asamblea de diputados del Cabildo santafesino a mediados de 1819. A partir de este nombramiento, el Brigadier General inició un extenso mandato que duraría dos décadas (hasta su fallecimiento en 1838), caracterizado por la defensa de la autonomía provincial y el federalismo. En este contexto, el dramaturgo y escritor José Ignacio Serralunga presentó su libro «Estanislao López, Naufragios en la tierra» que hace una recreación de la historia en formato novela y conversó en RTS Medios sobre los desafíos que afrontó en esta obra.
Sobre el nacimiento de la idea del libro, Serralunga sostuvo que “siempre que escribo, sea teatro o en este caso narrativa, parto de alguna imagen poética que me conmueva, me intrigue, me sugiera universos que me tienten a involucrarme, principalmente en lo que hace a lo sensorial. Necesito imaginar, en una escena, si hace calor, si hay humo, qué sonidos se escuchan. La imagen poética que me llevó a escribir sobre López y su época se fue formando desde chico, por compartir el mismo espacio en el que se desarrolló buena parte de su vida. Yo crecí enfrente del convento de San Francisco, sentí el fresco de su templo en el verano, nadé en las aguas El Quillá, visité mil veces las otras iglesias del sur, y la casa donde vivió el Brigadier. La sumatoria de esas pequeñas experiencias y la buena preparación que recibí en la secundaria sobre la historia nacional, me fueron atrayendo a esos momentos históricos. El cambio de paradigmas, de costumbres, de modos con que se resolvían los conflictos también me resultan fascinantes. Eran momentos de armas tomar, incluso de ejercer formas de dominio que hoy podemos considerar como extremas, o salvajes. Si unos creían que el país debía organizarse de una manera diferente, eso habilitaba la invasión, la quema de ciudades, las matanzas. Y me pregunto ¿Cómo sería la vida de un santafesino que debía ir a guerrear contra un imperio como el español, y sentir la amenaza permanente de los «aborígenes indomables», como rezaban los mapas del momento, y luego ver que su ciudad es invadida y vandalizada por compatriotas?”.
“En el proceso de organización nacional que siguió a la Revolución de Mayo, el mapa de conflictos alcanzaba ribetes internacionales, y allí Estanislao López se erigió como una figura de relieve, tanto que fue quien logró los pactos preexistentes que cita la Constitución. Y su accionar fue como militar, como educador, como político. Sin embargo, la historia oficial lo ignoró o lo desvirtuó, desprestigiándolo”, explicó el entrevistado.
Luego introduce: “El libro ofrece una respuesta compleja, respondiendo y citando lo que se pregunta Fabián Pínnola en el prólogo: «¿Qué clase de texto es este?», ya que ofrece el registro poético como vehículo expresivo, la coexistencia de situaciones reales con otras imaginarias, la hibridación del relato con aparatos discursivos disímiles, poemas, imágenes, etc. En otras palabras, bucea en diferentes registros, sin estancarse demasiado en alguno en particular. Simplificando, podemos decir que, si bien el fondo de la cuestión lo constituyen hechos históricos, éstos son el marco de referencia para el desarrollo de un texto que escapa al mero relato y se mete en el barro, en el río de la imaginación y la poesía, emparentándose con la novela”.
“Respecto del marco histórico,–se explayó– me guíe por una profusa bibliografía, tomando como eje el libro “Estanislao López, Vida y obra del Patriarca de la Federación” de Leoncio Gianello, más innumerables lecturas que, con sus diferentes interpretaciones, ayudaron a formar mi propio criterio. Es interesante pensar que un hecho -por ejemplo, un combate- tiene infinitos protagonistas, cada uno con su propio punto de vista, su ubicación, su propia historia; y alguno de ellos será el responsable de hacer parte de la batalla. Ese parte ya es una interpretación subjetiva, luego el funcionario hará su propia interpretación y se la transmitirá a la prensa; y luego un historiador la volverá a interpretar, y así, la sumatoria de percepciones -influenciadas por los paradigmas y los conocimientos de cada momento- irán completando un mapa que no puede tener una sola interpretación. La que yo dejo claro en el libro es la mía, rigurosa en el respeto por la información histórica, y teñida por mi propia subjetividad”.
Para concluir, Serralunga comentó que “me intrigó mucho la evolución de la ciudad de Santa Fe, que desde 1573 comienza abriendo puertas a la tierra desde Asunción, y que nunca dejó de sufrir innumerables momentos de zozobra: la pérdida de condición de puerto seguro, los ataques de los nativos belicosos, las invasiones directoriales, las luchas por la Independencia, los enfrentamientos de unitarios y federales, y en el patio trasero, las continuas revoluciones locales que se sucedían y alteraban la tranquilidad de esta ciudad”.
Fuente: RTS Noticias