Relaciones más inestables, efímeras, lejos de compromisos estables y duraderos. En el día de los enamorados repensamos el amor y sus vínculos. Los vínculos cambian de estado, de sólidos a líquidos, así fue la manera en la que Zygmunt Bauman los caracterizó a finales de la década de los 90.
Valeria Elías
RTS Medios

Considerado un tema cursi, empalagoso, innecesario, en esta posmodernidad, el amor no es un tema que debe pensarse, analizarse y menos que menos sentirse. Relaciones frugales, pasajeras, que no impliquen compromisos o sentimientos profundos y verdaderos, el miedo a la soledad, y la aceptación social, son los motivos por los cuales se siente el impulso de tener una pareja en la actualidad, o bien tener donde recibir respuestas a las pulsiones sexuales.
Pero el amor no es solo de parejas, también es una virtud humana, que nos hace ser empáticos, considerados, cariñosos y tolerantes con el otro. Esta liquidez erosiona la solidez de ese lazo afectivo, dejándonos en un estado de constante inseguridad y ansiedad emocional.
Según el autor, las relaciones están caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Aunque el concepto suele usarse para las relaciones basadas en el amor romántico, Bauman también desarrolla el concepto para hablar en general de la liquidez del amor al prójimo.
Por ello, el amor se ha vuelto líquido, fluye, cambia constantemente y toma caminos inesperados, de la misma forma en que cambia el individuo. Ya nada es sólido como lo fue en el pasado – al cual Bauman se refiere con valores más firmes y menos volubles.
Bauman describe el amor actual como producto de un individualismo exacerbado, que se ha vuelto un juego, un juego de riesgos, moderno, complejo, donde el secreto es no dejar puertas cerradas a las demás relaciones; éstas se consideran conexiones que pueden desconectarse ante cualquier signo de debilidad o aburrimiento, y la única forma de tener al día las relaciones es nunca perder la frescura.
¿El romance está en crisis? ¿Asistimos, como asegura algún que otro best seller de la hora, al fin del amor? En estos tiempos posmodernos, cuando prácticamente toda experiencia está mediada por pantallas y la ansiedad crece al ritmo de la inmediatez virtual, ¿uno se enamora más fríamente que antaño? ¿O acaso se vive hoy de forma más libre ese estadio trascendental?
Amor para llevar
Hace dos décadas, la entrega y el compromiso incondicional eran esenciales en las relaciones, a pesar de que los deseos de ambos no encajaran en el mismo camino. Por eso algunas personas no pensaban en sí mismas para que funcionara su relación y renunciaron a sus sueños para vivir la vida en pareja. En el siglo XXI se ha modificado este ideal de un amor eterno e incondicional y ha estado orientado a otras perspectivas.
En la actualidad, por ejemplo, no predomina el ideal de un amor incondicional como el que se vivía hace décadas atrás, sino que puede pasar que se da un amor guiado por el capitalismo y los afanes de la productividad, explican los expertos, que busca vínculos basados en la premisa de que se puede obtener lo que se quiere y solo se busca una pareja para el goce, el disfrute y la pasión. O por el contrario, puede haber una presión de encontrar la media naranja apresuradamente porque sino “es tarde”.
Uno conoce historias de relaciones que llevan toda la vida y son muy felices, pero también casos que han salido mal y han sufrido mucho. Cada relación es un mundo y tiene su propio lenguaje que solo las dos personas que lo forman lo entienden. Lo único que debes preguntarte es si quieres o no arriesgar en eso llamado amor.
Las cartas perfumadas han pasado a mejor vida: las redes sociales son el nuevo escaparate de los sentimientos en la líquida sociedad moderna. Sin embargo, los psicólogos advierten que no es felicidad todo lo que reluce y que la sobreexposición digital también tiene consecuencias -y riesgos- para las relaciones de pareja.
La pasión del enamoramiento también trae consigo estrés, pensamientos intrusivos y altísimos niveles de cortisol, dopamina y serotonina, ¿puede esta sensación mantenerse para siempre?
Un corazón acelerado, palmas sudorosas, mejillas sonrojadas y sentimientos de pasión y ansiedad simultáneos son algunas de las respuestas físicas y emocionales a ese amor, consecuencias directas de las sustancias químicas asociadas con el ‘circuito de recompensa’ que inundan nuestro cerebro. Porque sí, el amor funciona como una recompensa para nuestra mente, y en ese juego entran dos hormonas clave.
Es necesario estar enamorado al principio, sentir algo muy potente, para luego trabajar en ese enamoramiento.
Amar, el verbo que da miedo
El amor, para Fromm, es una decisión y un arte que se debe perfeccionar activamente. El arte de amar, escrito por Erich Fromm en el año 1956 es uno de los libros sobre la naturaleza del amor más leídos del mundo. En él, Fromm explica que el amor puede ser una fuerza transformadora, pero implica voluntad y requiere esfuerzo y madurez.
Psicoanalista, filósofo social y pensador humanista, Erich Fromm realizó importantes contribuciones a la psicología, la sociología y la teoría crítica, una rama de la filosofía que tiene por objetivo analizar críticamente los problemas estructurales de la sociedad.
Fromm puso un gran énfasis en el amor como uno de los motores de la vida y su visión sobre este tema sigue estando muy presente e influyendo a muchas generaciones.
Compartimos fragmentos para repensar el amor.
“El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un «estar continuado», no un «súbito arranque». En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir. ¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa «renunciar» a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar. El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa. La gente cuya orientación fundamental no es productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar alegría”.
“¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno «tropieza» si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda. No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor”.
“El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder de la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería. ¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte? El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades. Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte. Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte -el dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia; nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor-. Y quizá radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en tan contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor”.