Entre las 23 sustancias analizadas, se identificaron y cuantificaron 8 compuestos, entre ellos antibióticos, pesticidas y antiparasitarios. La investigación destaca la importancia de monitorear estos compuestos por su impacto en el ecosistema y la calidad del agua.
Valeria Elías
RTS Medios

Un equipo de investigación liderado por la Facultad de Bioquímica y Ciencias (FBCB) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) detectó la presencia de contaminantes emergentes en muestras de agua del río Salado y efluentes provenientes de zonas urbanas y rurales en la provincia de Santa Fe.
Los antibióticos ciprofloxacina, enrofloxacina y el insecticida clorpirifos-metilo presentaron las concentraciones más altas en el río, encontrándose también proporciones altas del ansiolítico diazepam y el antiparasitario levamisol, mientras que en aguas residuales se hallaron los antiparasitarios albendazol, fenbendazol y el insecticida tiametoxam. La distribución espacial de estos contaminantes reveló que los niveles más elevados se registraron en áreas cercanas a actividades agropecuarias y urbanas, lo que indica un origen antrópico.
Se evaluó el riesgo ecológico de diversas sustancias. Los resultados determinaron que la ciprofloxacina representa el mayor peligro, especialmente para bacterias, cianobacterias y algas. Además, el diazepam y el clorpirifos-metilo fueron identificados como altamente tóxicos para crustáceos y peces, lo que podría estar relacionado con la mortandad de peces observada en algunos sitios de muestreo.
Carla Teglia, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Desarrollo Analítico y Quimiometría de la FBCB, conversó con RTS sobre esta investigación.
“La investigación sobre el río Salado surge de la necesidad de evaluar la presencia de contaminantes emergentes en los cuerpos de agua, una problemática que ha sido objeto de estudio durante varios años. En 2018, realizamos un análisis de fluoroquinolonas en ríos y aguas residuales, cuyos resultados evidenciaron la presencia de estos compuestos, indicando una posible contaminación. A partir de estos hallazgos, el presente estudio se enfoca en el río Salado y sus afluentes, dada la relevancia de este cauce para la provincia” explica la investigadora.
Respecto a cómo se dan los procesos de contaminación, Teglia dijo “dado que nuestro estudio fue puntual en tiempo y espacio, no es posible determinar con certeza el origen de los compuestos detectados. Para identificar sus fuentes, sería necesario llevar a cabo una investigación más específica. Sin embargo, nuestro objetivo principal no era rastrear su procedencia, sino confirmar la presencia o ausencia de contaminantes emergentes en las muestras analizadas”.
“Los resultados obtenidos- haciendo referencia al saneamiento del río comentó- representan una fotografía de momentos y lugares específicos, por lo que hablar de saneamiento implica considerar una contaminación continua en el río. Para evaluar su estado a largo plazo, es fundamental realizar monitoreos periódicos que permitan un análisis más completo. En cuanto a la remediación, existen diversas estrategias, como la biorremediación mediante humedales artificiales, entre otras alternativas”.
Las propuestas a futuro sobre las acciones posibles “lo más adecuado sería llevar a cabo estudios continuos, estableciendo puntos específicos de muestreo para generar mapas de la presencia de compuestos. Además, es fundamental desarrollar y alinear políticas públicas orientadas a la prevención de la contaminación, sugirió Carla.
Sobre el impacto en el ecosistema aclaró “las concentraciones detectadas son bajas, por lo que no es posible determinar con certeza su impacto en el ecosistema y en la salud humana sin realizar estudios adicionales. Nuestro análisis teórico, basado en bibliografía y en especies objetivo, evaluó los posibles efectos de la exposición a estas concentraciones. Se identificaron riesgos de distinta intensidad según la especie, destacando que el contacto con clorpirifos representa un riesgo alto para ciertas especies de peces analizadas. En cuanto al impacto en los seres humanos, el estudio teórico realizado sugiere que los infantes serían el grupo más expuesto en caso de consumir el agua en su estado original, sin tratamiento. No obstante, debido a las bajas concentraciones detectadas, los riesgos para la salud serían reducidos. Sin embargo, la presencia de estos compuestos en el agua sigue siendo una preocupación, ya que ingresan al sistema de forma no deseada, representando una vía de exposición indirecta”.