Cómo sobrevivir a un narcisista y no perderse en el camino 

Existen personas con trastorno narcisista y personas con rasgos narcisistas, la diferencia en ambas es que uno es más persistente que el otro ¿Cómo se convive con una persona narcisista? La Magister en Psicología Social Analía Forti, conversó con RTS Medios sobre estas características.

Valeria Elías

RTS Medios

El narcisismo es un trastorno de la personalidad que en muchas ocasiones genera conflictos con el entorno, tanto personal como laboral o social. Los rasgos de personalidad narcisista, son características aisladas que no representan una persistencia, para aclarar estas definiciones y entender cómo funciona este rasgo de personalidad, la  Magister Analía Forti (IG @analiaforti ) explicó algunas características a tener en cuenta en diálogo con RTS Medios.

 

 

— ¿Existe alguna terapia o tratamiento que pueda cambiar o mejorar esta condición?

 

 

— Es importante diferenciar entre rasgos narcisistas (que muchas personas pueden tener en mayor o menor medida) y un trastorno narcisista de la personalidad (cuando esos patrones son rígidos, persistentes y generan daño en los vínculos y en la propia vida).

 

En el caso del trastorno narcisista de la personalidad, la mejoría suele ser posible pero no rápida. No se trata de “curar” el narcisismo como si fuera una enfermedad pasajera, sino de trabajar sobre patrones profundos de personalidad.

 

 

Los tratamientos que más se utilizan son: Psicoterapia de largo plazo. Este es el abordaje principal. Buscar que la persona pueda desarrollar mayor autoconocimiento, reconocer cómo impacta en otros, tolerar mejor la frustración y construir vínculos menos basados en el control, la superioridad o la defensa. También, hay terapias enfocadas en la personalidad, como la que está basada en la mentalización y la de esquemas o enfoques psicodinámicos, que trabajan aspectos como la autoestima frágil, la vergüenza, las heridas tempranas y los mecanismos de defensa. En tanto, para el tratamiento de síntomas asociados, si hay ansiedad, depresión, impulsividad u otros problemas, pueden utilizarse medicamentos, pero no existe un fármaco que elimine el narcisismo.

 

 

Una de las mayores dificultades es que muchas personas con rasgos narcisistas no sienten que tengan un problema; pueden consultar porque atraviesan una crisis, una ruptura, conflictos laborales o familiares, pero no necesariamente porque reconozcan su propia conducta. La motivación para cambiar es un factor clave. Pero cuando hablamos de personas con dinámicas de manipulación, abuso emocional o violencia psicológica, el cambio depende de que exista un reconocimiento genuino del daño causado y una disposición real a modificar conductas. La promesa de cambio sin acciones sostenidas suele formar parte del mismo ciclo relacional.

 

Un punto interesante es que muchos autores, como Otto Kernberg, han planteado que detrás de la grandiosidad narcisista suele existir una estructura defensiva que protege una autoestima muy vulnerable, y que el trabajo terapéutico apunta justamente a integrar esas partes fragmentadas de la personalidad.

 

 

—¿Cómo podemos saber que estamos ante un narcisista qué características lo delatan?

 

 

—Identificar si estamos ante una persona con rasgos narcisistas (o un posible trastorno narcisista de la personalidad) no se basa en una sola conducta, sino en un patrón estable y repetido de relación con los demás. Muchas personas pueden tener momentos de egoísmo o necesidad de reconocimiento sin que eso implique narcisismo patológico. Algunas características que suelen alertar son: necesidad constante de admiración y validación Estas personas buscan ser reconocido, admirado o considerados «especiales». Suelen sentirse heridos o enfurecerse ante críticas, incluso cuando son constructivas. También, pueden necesitar demostrar superioridad, logros o estatus.

 

 

Falta de empatía emocional: esto quiere decir que tiene dificultad para registrar el impacto de sus actos en otros. En esto, puede comprender racionalmente lo que el otro siente, pero no necesariamente conectarse con ese dolor. Por otra parte, minimiza el sufrimiento ajeno: «exagerás», «sos demasiado sensible», «eso nunca pasó». Tiene un sentido exagerado de derecho o privilegio. Cree merecer un trato especial. Otro punto es que considera que las reglas aplican para otros, pero no para él. Puede sentirse injustamente tratado cuando no obtiene lo que quiere. También está la manipulación en los vínculos, puede utilizar estrategias como la culpa, hacer que el otro se sienta responsable de todo o la victimización: presentarse siempre como la persona dañada.

 

 

Otra estrategia usada es el «Gaslighting»: negar hechos, distorsionar conversaciones o hacer dudar al otro de su propia percepción. La triangulación, que es involucrar a terceros para generar competencia, inseguridad o presión. Tiene dificultad para asumir responsabilidades Los conflictos siempre son culpa de alguien más. Entonces las disculpas suelen ser condicionales: «perdón si te sentiste mal». Puede justificar sus acciones mientras exige la reparación inmediata del otro. Otra características es el ciclo idealización–devaluación: especialmente en relaciones cercanas, al principio puede idealizar: «sos única/o», «nadie me entiende como vos». Luego aparece la crítica, el desprecio o la descalificación. Por esto la persona queda intentando recuperar la etapa inicial.

 

 

Tienen una reacción intensa frente a los límites. Una señal importante es observar qué ocurre cuando alguien dice «no»: ¿Puede aceptar un límite? ¿Negocia respetuosamente? ¿O responde con enojo, castigo, silencio, amenazas o descalificación? Algo interesante es la imagen pública vs. intimidad: en algunos casos existe una gran diferencia entre la persona encantadora, solidaria y carismática que muestra hacia afuera y la persona controladora, fría o descalificadora que aparece en la intimidad.

—¿Cuáles son las herramientas que podemos utilizar ante situaciones de manipulación y control?


Ante dinámicas de manipulación y control, las herramientas más efectivas no suelen ser intentar «convencer» a la otra persona o lograr que reconozca el daño (algo que muchas veces no ocurre), sino recuperar capacidad de decisión, proteger los límites y reducir el impacto psicológico. Algunas herramientas útiles son: Identificar el patrón, no discutir cada episodio. La manipulación suele funcionar cuando cada situación se analiza de manera aislada. Es importante observar: ¿Se repite la misma dinámica? ¿Siempre termino justificándome? ¿La conversación termina girando alrededor de la culpa que me atribuyen? Registrar patrones ayuda a salir de la confusión.


Otra es: Comunicación breve y emocionalmente neutra, frente a provocaciones o intentos de arrastrar al conflicto, puede ser útil la técnica conocida como «piedra gris» que consiste en dar respuestas cortas. Sin explicaciones excesivas. Sin entrar en discusiones emocionales. Ejemplo: «Recibí tu mensaje. Responderé sobre ese tema concreto». «Esa es tu opinión. Mi decisión es otra». También es importante establecer límites claros, un límite no es una amenaza ni un intento de controlar al otro; es una definición de lo que uno hará para protegerse. Ejemplo: «Si comienzan los insultos, finalizaré la conversación». «Las decisiones sobre este tema se comunicarán por escrito».


Hay que evitar la justificación permanente, una persona manipuladora puede utilizar explicaciones largas como, nuevos puntos de ataque. La regla puede ser: explicar lo necesario, no defenderse indefinidamente. Otra estrategia es fortalecer la propia percepción de la realidad, Cuando hay negación constante o distorsión de hechos por esto es necesario guardar comunicaciones importantes. También, escribir cronologías de acontecimientos, consultar fuentes externas confiables y hablar con personas que puedan aportar una mirada objetiva.


Es necesario trabajar la culpa y el miedo, muchas dinámicas de control se sostienen sobre dos emociones: «Si pongo un límite, soy mala persona». «Si no cedo, habrá consecuencias». Trabajar estas creencias permite recuperar autonomía. Contar con una red de apoyo y asesoramiento especializado, en situaciones complejas (pareja, separación, hijos, conflictos familiares), es importante contar con apoyo psicológico, asesoramiento legal cuando corresponda, profesionales que comprendan dinámicas de violencia psicológica o abuso coercitivo.


En casos con hijos hay que separar la coparentalidad del conflicto de pareja. Cuando hay niños involucrados, la prioridad es observar si son utilizados como mensajeros, si reciben presión para tomar partido, si existe exposición al conflicto, si se afecta su seguridad emocional. Una herramienta central es pasar de una comunicación basada en la reacción emocional a una comunicación estructurada, documentada y orientada a hechos.

Fuente: RTS Noticias