Arista uno: el amor analizado desde las Neurociencias

¿Qué es el amor para la neurociencia? “El amor no es idealización: es coherencia entre cerebro, emoción y campo cuántico compartido”, frase que eligió el Dr Néstor Braidot, especialista en Neurociencias, para comenzar a hablar sobre el amor en el día de los enamorados. 

Valeria Elías

RTS Medios

Desde esta perspectiva, el amor no es solo conexión: es entrenamiento. Entrenamiento en autorregulación emocional, en comunicación consciente y en la capacidad de pausar antes de reaccionar. Un cerebro emocionalmente inmaduro ama desde la carencia; uno entrenado ama desde la elección.

 

 

También es importante decirlo sin eufemismos: no todo vínculo que genera emoción es amor sano. La neurociencia del apego muestra que muchas relaciones se sostienen por dependencia neuroemocional más que por auténtica conexión. Confundir intensidad con amor es uno de los grandes errores contemporáneos.

 

Amar bien implica integrar mente, emoción y cuerpo. Cuando esta coherencia no existe, el vínculo se vuelve un campo de conflicto constante. No porque falte amor, sino porque falta conciencia sobre cómo funciona el propio sistema nervioso en relación con el otro.

 

Aquí comienza una mirada más profunda: el amor no solo se expresa en conductas, sino en estados internos. Dos personas no se relacionan sólo desde lo que dicen o hacen, sino desde el estado emocional y energético que sostienen. Y ese estado se percibe, incluso cuando no se verbaliza.

 

 

Desde las neurociencias cuánticas, el vínculo amoroso puede entenderse como una interacción entre campos. Cada persona emite una frecuencia emocional que influye en el otro. Cuando hay coherencia interna, esa frecuencia ordena el vínculo; cuando hay caos interno, lo desestabiliza.

 

 

Amar, en este sentido, no es “buscar a alguien que me complete”, sino aprender a sostener un campo interno estable que permita una resonancia saludable. La calidad del amor que damos está directamente relacionada con el nivel de coherencia que habitamos.

 

 

La neurocuántica propone que el amor consciente no nace de la fusión, sino de la sincronía. Dos sistemas completos que vibran en coherencia, sin perder identidad. Cuando uno se anula o se desborda, el campo compartido se vuelve inestable.

 

 

Por eso, amar también es un acto de responsabilidad cuántica: lo que pienso, siento y sostengo impacta en el vínculo. No desde la magia, sino desde la información emocional que circula entre dos sistemas nerviosos en constante interacción.

 

 

Este 14 de febrero puede ser una buena excusa para ir más allá del gesto romántico y hacer una pregunta más profunda: ¿Desde qué estado interno estoy amando? Porque el amor no se mide solo por lo que se siente, sino por la coherencia que se es capaz de sostener día a día. Dr. Néstor Braidot es especialista en Neurociencias y Neurocuánticas aplicada

Fuente: RTS Noticias