Aparece un mosaico extraordinario en la ‘Villa romana de las Amazonas’: mezcla Egipto y Roma

Un mosaico hallado en una residencia tardorromana de Anatolia mezcla loto, aves nilóticas y un carro del Nilo, mostrando el poder de la fusión cultural en la Anatolia del Imperio romano oriental.

En el corazón de la antigua ciudad de Edesa, en la actual Şanlıurfa (Turquía), los arqueólogos han encontrado en la lujosa ‘Villa de las Amazonas’, un mosaico romano tardoantiguo que mezcla simbolismo del antiguo Egipto con el lenguaje artístico grecorromano. Se trata del denominado ‘Mosaico del Salón de los Pájaros’ y está datado entre los siglos V y VI d.C. Los expertos afirman que se trata de un valioso testimonio del cruce de civilizaciones en la Anatolia oriental durante los últimos siglos del Imperio romano.

Una villa romana en la frontera del Imperio

Las excavaciones dirigidas por el Museo de Şanlıurfa entre 2006 y 2009 revelaron una extensa residencia privada decorada con complejos mosaicos de pavimento. Fue bautizada con el nombre de Villa de las Amazonas a causa de una de las salas que muestra a mujeres guerreras en combate, interpretadas como las míticas amazonas. Pero fue en la Sala 5, al sur de la villa, donde se recuperó un espectacular mosaico de más de 170 metros cuadrados, decorado con una franja de aves acuáticas, flores estilizadas y una escena más que intrigante.

El Salón de los Pájaros: naturaleza simbólica 

La sala, de 10,8 x 16,5 metros, pudo haber sido un espacio de recepción, símbolo del estatus del propietario. En su perímetro, una banda decorativa de aves de diversa índole como patos, garzas, ibis o grullas captan la mayoría del protagonismo. Estas aves, típicas de ecosistemas pantanosos, aluden directamente al paisaje fértil del Nilo, aunque no haya agua representada como tal.


Junto a las aves, brotan lotos en todas sus fases de desarrollo: desde el capullo al fruto. Representan la flor sagrada Nelumbo nucifera (flor de loto), asociada en Egipto a la renovación y la abundancia. El simbolismo es muy específico, y en esta parte del mundo, resulta doblemente excepcional porque es uno de los pocos ejemplos donde la iconografía nilótica aparece integrada en una villa privada en la remota Anatolia.


Este mosaico no representa una escena naturalista ni nada parecido, sino que se disponen los elementos de forma libre sobre un fondo claro, a modo de catálogo simbólico más que como un paisaje realista, lo que recuerda a los estilos bizantinos tempranos, donde la abstracción ganaba al realismo.


El misterio del carro fluvial

Pero es quizás en el lado occidental del mosaico donde aparece la escena más enigmática de todas. Se trata de un pequeño carro con ruedas que transporta a dos figuras reclinadas. El hombre, semidesnudo, sugiere poder o divinidad; y la mujer sostiene lo que parece ser fruta, símbolo clásico de la abundancia.


Lamentablemente, las cabezas de ambos están dañadas, pero los expertos apuntan a que podrían representar a Neilos, la personificación masculina del Nilo, acompañado por Euthenia, la diosa griega de la prosperidad. Este tipo de escenas es común en mosaicos sirios y de la región del Levante donde Neilos suele aparecer en procesiones alegóricas. Y si esta interpretación es correcta, nos encontraríamos ante una representación explícita del ciclo vital del Nilo, y el hecho de que estuviese integrada en una villa privada revelaría, para empezar, lo cosmopolita del propietario.


Una escena de caza para completar el relato

La parte central del mosaico está muy dañada, pero se conservan fragmentos suficientes para reconocer una escena de caza. Podemos ver a un hombre con túnica corta y pantalones (la vestimenta típica de los cazadores romanos) en actitud de ataque portando una lanza. Le rodean árboles esquemáticos y paisajes rocosos, formando un telón de fondo. Estas escenas solían expresar la fuerza y la habilidad del dueño de casa. El hecho de controlar la naturaleza (representada por los animales salvajes) era también símbolo de virtud.


Edesa: una encrucijada cultural en la Antigüedad tardía

La antigua Edesa (hoy Şanlıurfa) fue un punto neurálgico entre Oriente y Occidente. A lo largo de los siglos formó parte del reino de Osroene, más tarde fue romanizada y, finalmente, quedó bajo dominio bizantino. Su ubicación estratégica la convirtió en un centro de comercio y cultura, donde convivían elementos sirios, griegos, egipcios y romanos. Y, precisamente, el mosaico de la Sala de los Pájaros encarna precisamente esta hibridación. Los temas y los estilos no son ni puramente helenísticos ni puramente orientales. Son un espejo de esa mescolanza propia de la época tardoantigua, donde el arte servía tanto para decorar como para enviar mensajes ideológicos y espirituales a quienes sabían ‘leerlos’.


Este mosaico es importante no solo porque las escenas del Nilo son extremadamente inusuales en villas privadas de Anatolia, sino porque también resalta la sofisticación del taller que lo creó. Detalles minuciosos, uso simbólico de la flora y la fauna, escenas con doble nivel de lectura… Todo apunta a artesanos altamente cualificados, probablemente formados en grandes centros como Antioquía o Alejandría.

Fuente: Noticias Argentinas