Alejandro Castro Santander: “La violencia, así como es una conducta aprendida, se puede desaprender”

El psicopedagogo advirtió sobre la falta de políticas públicas de prevención del bullying en Argentina. También señaló la importancia de trabajar las habilidades socioafectivas desde la infancia y el rol de las familias y las escuelas.

El psicopedagogo e investigador Alejandro Castro Santander analizó las causas de la violencia entre estudiantes y la importancia de la prevención del bullying. En diálogo con Mientras Tanto, el especialista sostuvo que las respuestas institucionales no deben limitarse a intervenir cuando el problema ya ocurrió, sino que es necesario trabajar desde edades tempranas en la convivencia escolar, la empatía y el respeto por los demás.


Castro Santander explicó que las conductas violentas se aprenden en distintos ámbitos, desde la familia hasta la escuela, el barrio y la sociedad, con la influencia de internet y las redes sociales. En ese sentido, remarcó: “La violencia, así como es una conducta aprendida, se puede prevenir de manera temprana, se puede intervenir y se puede desaprender”. Sin embargo, advirtió que revertir estas conductas requiere más tiempo y esfuerzo que trabajar en su prevención.


Al referirse al rol de las familias cuando un hijo ejerce violencia contra otro estudiante, el especialista señaló que es necesario reconocer las conductas y asumir las responsabilidades correspondientes. También diferenció a quienes ejercen directamente las agresiones de los compañeros que observan, comparten o celebran esas situaciones sin intervenir. Para el investigador, es fundamental promover la empatía y lograr que los testigos dejen de ser espectadores pasivos y acompañen a quienes sufren el hostigamiento.


En relación con las herramientas para abordar estas situaciones, Castro Santander cuestionó que en Argentina no exista una política educativa sostenida que priorice la convivencia escolar. “Hablamos de la necesidad urgente de la prevención”, afirmó, y explicó que los protocolos de actuación deben formar parte de una estrategia más amplia que incluya el desarrollo de habilidades socioafectivas, el aprendizaje de valores y la construcción de normas compartidas desde los primeros años de escolaridad.


Por último, el psicopedagogo vinculó la prevención de la violencia con la inversión en educación y la necesidad de establecerla como una prioridad pública. Según planteó, el trabajo articulado entre las familias, las instituciones educativas y el Estado resulta central para modificar las conductas y evitar que las situaciones de acoso se sostengan en el tiempo.

Fuente: RTS Medios