¿Una nueva tribu o una identidad elegida? ¿Es un problema o es una manifestación? La reciente aparición de los llamados “Therian” en la escena mediática y en las redes sociales generó controversias e incomodidad. El Médico especialista en Psiquiatría Humanista, Dr. José Adrián Cosentino, conversó con RTS Medios sobre este fenómeno social.
Valeria Elías
RTS Medios
En los últimos días, un término poco conocido irrumpió con fuerza en redes sociales y medios: «Therian». Jóvenes, principalmente adolescentes, comenzaron a mostrarse identificándose con animales, usando máscaras, imitando movimientos o expresando sentirse «más conectados» con una identidad no humana.
Para muchos adultos, esto genera desconcierto. Para las familias, preocupación. Para quienes trabajan en salud mental, una pregunta más profunda: ¿Qué está diciendo realmente el cerebro adolescente? Para entender esto, el médico especialista en Psiquiatría Humanista, Dr. José Adrián Cosentino, en diálogos con RTS Medios, aportó su visión profesional.
“¿Qué es y qué no es? – encara el tema el entrevistado- Primero, algo fundamental. «Therian» no es un diagnóstico psiquiátrico. No figura como enfermedad en ningún manual médico. No define por sí mismo un trastorno mental. Estamos frente a una forma contemporánea de expresión identitaria, amplificada por redes sociales y comunidades virtuales, donde el animal funciona como símbolo emocional. Fuerza. Libertad. Protección. Pertenencia. A veces también: miedo, soledad o necesidad de refugio”.
“La adolescencia siempre fue una etapa de búsqueda. La diferencia es que hoy esa búsqueda ocurre bajo exposición permanente, comparación constante y modelos que se viralizan en segundos. Desde la neurociencia sabemos que el cerebro adolescente aún está terminando de madurar las áreas responsables de la regulación emocional, la construcción de identidad, el juicio social y el control de impulsos. Por eso esta etapa es especialmente sensible a fenómenos grupales, modas intensas y narrativas simbólicas. No es la primera vez que vemos algo así. Hace algunos años ocurrió algo similar con distintas subculturas juveniles, como la escena emo, góticos dark u otras expresiones alternativas. En ese momento, también hubo preocupación social. Luego, estudios en adolescentes mostraron que algunos jóvenes que se identificaban fuertemente con estas estéticas presentaban mayores niveles de depresión o conductas de autolesión en comparación con sus pares” explicó el médico psiquiatra.
Luego aclara: “La ciencia fue clara: no era la subcultura la que causaba el sufrimiento. Lo que se observaba era que adolescentes con mayor vulnerabilidad emocional tendían a encontrar allí un espacio de pertenencia y expresión. No eran modas que enfermaban. Eran jóvenes que ya estaban buscando un lugar donde sentirse comprendidos. Hoy ocurre algo parecido. La identidad, la sensación de aislamiento y la necesidad de pertenecer están profundamente ligadas al desarrollo psíquico. Cuando ese proceso sucede sin acompañamiento adulto o profesional, el malestar puede intensificarse. En la enorme mayoría de los casos, estas expresiones forman parte del desarrollo normal: exploraciones temporales, ensayos de identidad, lenguajes alternativos del sentir. No enfermedad. Cuando deja de ser una expresión y se vuelve un pedido de ayuda. Como psiquiatras no evaluamos etiquetas. Evaluamos funcionamiento”.
Entonces, continúa explicando: “La pregunta no es «¿se identifica con un animal?». La pregunta es: «¿Puede estudiar?, ¿Dormir?, ¿Vincularse?, ¿Disfrutar?, ¿Proyectarse?».
Solo hablamos de intervención clínica cuando aparecen aislamiento marcado, abandono escolar, angustia intensa, pérdida de contacto con la realidad, conductas de riesgo, deterioro social o ideas rígidas que generan sufrimiento. No por la identidad. Cuando hay malestar en el sistema nervioso es donde el acompañamiento profesional se vuelve necesario. «Padres: no corran detrás del fenómeno» Muchos padres sienten miedo, otros enojo y otros confusión. La recomendación médica es clara:
No ridiculizar.
No amenazar.
No viralizar.
No diagnosticar en casa.
Sí escuchar.
Sí observar cambios reales.
Sí, sostener límites.
Sí consultar si algo preocupa.
El vínculo protege más que cualquier discusión. El verdadero trasfondo es que detrás de cada máscara hay un adolescente intentando responder una pregunta esencial: ¿quién soy y dónde pertenezco?”
“Vivimos en una época de sobreestimulación, exigencia constante y fragilidad emocional creciente. El cuerpo habla cuando las palabras no alcanzan. Estas expresiones no nacen del vacío. Nacen de cerebros buscando sentido. En nuestro trabajo cotidiano vemos jóvenes atravesando búsquedas profundas en un mundo acelerado. Nuestro enfoque es claro: no juzgamos identidades, no banalicemos síntomas, no trabajamos desde el miedo. Trabajamos desde la evidencia científica, la empatía clínica y el acompañamiento humano.
Porque cada conducta es un mensaje. Y cada mensaje merece ser escuchado”, finalizó el entrevistado.
Fuente: RTS Noticias