Arguinchona: “Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal”

En las pascuas católicas se conmemora la alegría de la resurrección de Cristo. La Semana Santa tiene un espíritu festivo propiciando la fe. El padre Axel Arguinchona se refirió al sentido de la celebración.

Valeria Elías

RTS Medios

Las pascuas simbolizan el triunfo de la vida sobre la muerte, la resurrección de Jesucristo, la esperanza de una nueva vida. Para la religión católica es un momento de vigilias, perdón y reencuentro familiar. El padre Axel Arguinchona dio detalles, en diálogo con RTS Medios, respecto a la celebración de las pascuas reflexionó sobre las cuestiones de las costumbres religiosas y paganas.    

 

 

“La palabra Pascua significa pasó. En la Pascua cristiana celebramos la alegría de que Cristo ha triunfado sobre el mal y sobre la muerte. Cuando Jesús dice en su Evangelio, «yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí no morirá jamás, el que cree en mí, aunque muera, vivirá para siempre». Indudablemente que la Pascua es el gran momento de la historia de la humanidad, porque la muerte es el peor enemigo que tenemos, en la Pascua celebramos el paso de la muerte a la vida. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, resucita, la muerte ya ha sido vencida y cada domingo celebramos la Pascua semanal y decimos en la misa «día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal»”, comenzó el padre. 

 

 

“¿Por qué la Pascua es el centro de nuestra vida cristiana? ¿Y por qué la celebramos cada semana en domingo? –inquirió– Porque es el día que nos asegura que vamos a vivir para siempre. La alegría pascual se extiende a todo el año litúrgico. Qué hermoso es saber que esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Así indicamos que el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús es el centro de nuestra fe. Y sobre este anuncio se funda y crece la Iglesia. Tan hermosamente, dice nuestro querido San Pablo en la primera carta a los Corintios «si Cristo no resucitó es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes, sin la resurrección todo lo que Jesús dijo e hizo se cae, pero en la resurrección adquiere su plenitud» por eso el encontrarnos con Cristo resucitado hace que se nos transforme nuestro interior. Tenemos que pedir a Dios la gracia de encontrarnos con Cristo resucitado personalmente y saber que Jesús ha resucitado y vive para siempre. La Pascua es el centro de la vida cristiana porque es el triunfo sobre la muerte «el que cree en Él vive para siempre»”. 

 

 

Al ser consultado sobre los huevos de pascuas y el chocolate, el párroco respondió: “Cuando hablamos del huevo de Pascua, los chocolates, no hay un fundamento bíblico, pero sí se ha tomado el simbolismo del huevo, que así como el huevo tiene vida dentro y exteriormente es algo inanimado, también el sepulcro de Cristo, que cuando se hace rodar la piedra, sale Jesús resucitado, sale la vida. Por eso el huevo como un signo de resurrección, es manifestar la presencia de un Dios que es hecho hombre, que sale vivo de un lugar aparentemente inanimado, como es justamente el sepulcro. A partir de la venida de Cristo al mundo y su resurrección, ya la muerte ha sido vencida. Indudablemente el chocolate es un alimento muy bueno y lo dulce del chocolate es algo que es agradable en cualquier civilización o cultura. Por eso también se ha puesto el chocolate. ¿Es necesario el huevo de Pascua, el chocolate para decir Felices Pascua, vivir la resurrección? No, es una manera de manifestar la alegría de la resurrección”. 

 

 

“Al respecto quisiera añadir que, por ejemplo, en el año 2009 el Papa Benedicto XVI mandó cientos de huevos de Pascua a los niños víctimas del terremoto en la ciudad de Aquila, que dejó un saldo de 300 muertos. En el año 2012 le regalaron al Papa Benedicto un huevo de chocolate que medía 2 metros y medio de alto y pesaba 250 kilos y el Papa recibió el regalo y lo donó a jóvenes recluidos en una correccional de Roma. Y en el 2014 el Papa Francisco envió 150 huevos de Pascua al Hospital Pediátrico Bambino Jesús (el Niño Jesús) para los niños que estaban enfermos de cáncer. Es decir, vemos que la Iglesia adopta también, desde el punto de vista de lo cultural, el manifestar la alegría de la resurrección a través de los huevos de Pascua”, aclaró el entrevistado.

Ritos y costumbre 

 

 

Lo simbólico y cultural, lo espiritual y la fe, comulgan en expresiones que se van compartiendo de generación en generación. La creencia católica se sostiene de la tradición familiar y de la fe sincera en un Dios que invita a ser mejores personas y subsanar los errores o pecados cometidos para tener una vida en paz. Uno de los ritos que invitan a esto es el ayuno, o la penitencia. Sobre esto, el padre Axel comentó: “¿Qué sentido tiene el ayuno y la penitencia? La penitencia nos tiene que llevar justamente a ayunar del pecado. Según la Biblia, todos somos culpables de pecado, y por eso estamos todos llamados, los fieles de la Iglesia, a hacer penitencia, a ayunar. El ayuno y la penitencia nos permiten expresar un arrepentimiento por los pecados cometidos y buscar la purificación espiritual. Cuando renunciamos a ciertos alimentos o limitar la ingesta de los mismos, reconocemos también que necesitamos esta renuncia y una disciplina personal. Al ejercitar el control sobre los deseos naturales es un camino para fortalecer la voluntad. Y al fortalecer la voluntad nos preparamos para resistir las tentaciones del demonio y los impulsos egoístas”.

 

 

Luego, agregó: “esta disciplina espiritual del ayuno, de la penitencia nos permite enfocar mejor nuestra relación con Dios y cultivar una vida de virtud recordemos cuál es el sentido profundo del ayuno, de la penitencia los cristianos la han vivido desde el comienzo tanto de forma comunitaria como individual, siguiendo el ejemplo de Jesucristo quien ayunó y oró durante 40 días en el desierto como nos enseña la palabra. Esta práctica busca justamente imitar a Jesucristo y alcanzar la plenitud espiritual. La llamada de Jesús a la conversión y la penitencia se enfoca principalmente, en la conversión del corazón más que en realizar actos externos, ya que estos actos externos no son útiles sino van acompañados de una verdadera conversión interior. Sin embargo, sabemos que la conversión del corazón se podrá expresar en signos visibles, gestos y obras de penitencia. La penitencia interior es una reorientación de nuestra vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón. La penitencia, el ayuno, tiene que significar una ruptura con el pecado, aversión al mal”. 

 

 

“Y es también el propósito de reorientar nuestra vida, cambiarla con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Ayuno, oración, limosna. Tres fundamentales prácticas para todo el año, pero muy especialmente en cuaresma, para prepararnos para la Pascua. Y volvemos a insistir en este tiempo. Ayunamos y hacemos penitencia porque el Señor Jesús lo hizo. La disciplina espiritual, que también parte de actos visibles, concretos, nos ayudan también a convertir el corazón. Ese es el fundamento, por lo tanto, no es un momento solamente de introspección, sino de imitación de Jesucristo. Y no es castigo, sino que después del pecado original necesitamos fortalecer nuestro cuerpo y nuestro espíritu a través de prácticas externas. Así lo hizo el Señor y nos lo dejó como enseñanza”, concluyó. 

 

 

Respecto a cómo hablarle a un niño sobre el significado de las Pascuas, el padre Arguinchona dijo: “Indudablemente que hay que mostrar que Dios se ha hecho hombre. Es decir, se ha hecho cercano. Y más que cercano, se hizo uno de los nuestros. Dios asume la naturaleza humana. Y con su vida, recordemos que estuvo en el vientre de la mamá durante nueve meses, nació en un pesebre, necesitó de los demás también, fue creciendo, como dice la palabra de Dios en el Evangelio según San Lucas, Jesús crecía en estatura y en gracia, delante del Dios y de los hombres. Jesús lloró, tuvo hambre, tuvo sueño. Jesús sufrió, sudó sangre, lloró. Es decir, nos muestra un Dios que se hizo hombre y que toda la vida de Jesús es para nosotros una escuela de vida. Y también murió, que es lo grandioso, Él podría habernos salvado de distintas maneras, pero quiso asumir el sufrimiento y la muerte, que son caminos que después del pecado original, Dios no lo quería, pusimos nosotros como humanidad la muerte, la enfermedad, el sufrimiento, pero Cristo asumió todo eso que para darle un sentido de eternidad y, al morir y resucitar, nos mostró que con la muerte no se termina nada, que con la muerte comenzamos una vida nueva, que con la muerte vivida en Cristo, la muerte no tiene la última palabra. Vamos al cementerio a descansar y Jesús volverá al fin de los tiempos y nos resucitará como Él dice. Decir simplemente de que el Señor ha vivido, ha muerto y ha resucitado y nos ha mostrado con una vida como la nuestra en lo simple y sencillo de cada día que si la vivimos en Él, la Pascua definitiva, la vida definitiva es una realidad. Porque imitando a Jesús en todo lo que hacemos todos los días, podremos alcanzar la vida eterna en el cielo”.

Compartir en armonía

 

 

Este año las Pascuas católicas coinciden con el Pesaj judío, sobre cómo participar de estas festividades, el padre Axel, comentó: “Respecto a la participación de los católicos, no solamente con relación a los judíos, sino musulmanes, cristianos no católicos y otras confesiones de fe, indudablemente que tenemos una participación, hay saludos, por ejemplo, que los papas envían en las comunidades también diocesanas a las distintas confesiones de fe. Es decir, participamos en el gozo que están viviendo esas comunidades en cuanto a una celebración religiosa especial. Por lo tanto, nunca se busca la división sino el encuentro. Y ese encuentro se puede hacer a través de la oración, de una participación, de una oración en común, unidad. Es decir, en comunidad. están abiertas las puertas para justamente manifestar también el gozo de la creencia en Dios a través de distintas manifestaciones de fe, pero siempre la iglesia ha hecho partícipe a través, y digo los Papas porque son indudablemente que nuestro ejemplo a seguir. Al enviar saludos por una fiesta religiosa a otras confesiones de fe, se manifiesta la comunión, la comunidad en un Dios que nos ama, que nos sane y que nos salva. Y que, por supuesto, la Iglesia siempre busca aquello que nos ha pedido, que rezó Jesús en la última cena «Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno, que ellos también sean uno en tu nombre». Y queremos realmente eso, buscar la unidad. Ojalá algún día podamos estar todos en un solo rebaño bajo un solo pastor”.

Fuente: RTS Noticias