¿Por qué se dice que la cifra de 30 mil desaparecidos es simbólica y está abierta?

El debate por el número de víctimas refleja posturas ante el genocidio que perpetró la última dictadura y busca desprestigiar la reconstrucción de la memoria. Marcelo Larraquy, Publio Molinas, Romina Marucco e Iván Fina, reflexionaron sobre esta cifra que divide aguas en la lectura histórica y política.

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Desde 1983 hasta nuestros días, hay un debate que cada tanto vuelve a emerger a la escena pública con la intención de bajarle el precio al genocidio que perpetró el Estado argentino, durante la última dictadura. Tiene que ver con la cifra de los desaparecidos. Los organismos de Derechos Humanos siempre hablaron de 30 mil, utilizando este número como una cifra abierta y simbólica.


Según la investigación que hizo la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), en 1984, se constataron 8.961 víctimas, en base a las denuncias realizadas. Por documentos desclasificados, hoy sabemos que los militares estimaban que habían matado o hecho desaparecer a unas 22.000 personas entre 1975 y mediados de 1978, cuando aún restaban cinco años para el retorno de la democracia. Ese cálculo fue aportado por militares y agentes argentinos que operaban desde el Batallón 601 de Inteligencia a su par chileno Enrique Arancibia Clavel.


La naturaleza misma de un genocidio que se perpetró en la clandestinidad hace imposible una cifra cerrada. Recordemos que aún se buscan los restos de miles de detenidos/desaparecidos y nietos/as, cuyas identidades fueron sustraídas.


El historiador Marcelo Larraquy investigó y escribió varios libros que hicieron foco en la violencia política de los años 70’ y la brutal represión que perpetró el Estado.


 Sobre este tema sostiene que “la historia es un campo de batalla. Los represores jamás admitieron las desapariciones y nunca dijeron donde estaban. Siempre se les pregunta a las víctimas que digan cuántos muertos hay y nunca a las Fuerzas Armadas. Negar las cifras de las desapariciones es una forma de borrar el genocidio. En Alemania esto era muy propio de los antisemitas”.


En tanto, Iván Fina, hijo de desaparecidos y titular de la filial de Abuelas de Plaza de Mayo Rosario, opina que “a los negacionistas no les interesa la cifra exacta de desaparecidos. 30 mil es una cifra simbólica, no inventada. Las víctimas no tenemos modo de aportar una cifra exacta porque los crímenes fueron clandestinos. Ningún genocidio en el mundo puede dar una cifra exacta. Lo que menos le importa a los negacionistas es esclarecer lo que sucedió”.


Por su parte, Romina Marucco, integrante de Hijos Rosario, señala que “30.000 desaparecidos es nuestro pacto histórico y democrático. Los compañeros y compañeras que nos faltan son nuestra memoria y nuestra utopía. A esa bandera no la vamos a bajar”. Dentro de la misma organización, Tomás Labrador, aclara que es imposible tener un número exacto pero afirma que “así como el número de víctimas puede ser menor a 30 mil también puede ser mayor”.


Alguna vez, en un recordado debate televisivo con Darío Loperfido, el prestigioso escritor y docente universitario Martín Kohan concluyó sobre este tema “la cifra de 30 mil es una interpelación al Estado. ¿Cuántos fueron los muertos? ¿Dónde están los cuerpos? ¿Por qué no nos dicen dónde están los niños que se robaron, los que piden cifras exactas? Es muy siniestro exigirle números a las víctimas de un genocidio”.



Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.

Fuente: RTS Noticias