Marina Franco: “Quien justifica la represión del pasado, justifica también la del presente”

La historiadora, docente y escritora reflexionó por RTS Medios sobre el aniversario n° 50 del comienzo de la última dictadura que padeció el país. El contexto político, económico y social que se vivía en marzo de 1976 y los discursos del presente que intentan avalar el genocidio ocurrido, fueron los tópicos sobre los que circuló la entrevista. 

Por Luciano Lazzarini

RTS Medios

Antes de marzo de 1976 el país ya atravesaba una serie de conflictos políticos, económicos y sociales que generaban en la sociedad una sensación de malestar, caos y hastío. “Ese contexto previo también explica algo de la demanda social de orden que permitió que la dictadura fuera posible”, sostiene Marina Franco.

 

La muerte de Juan Domingo Perón en 1974 había dejado el poder en manos de Isabel Martínez, una presidenta inesperada, que no demostrócapacidad de gestión y que era influenciada por un personaje siniestro como López Rega. Un año antes, Celestino Rodrigo, ministro de Economía implementó un durísimo plan de ajuste que impactó en sectores bajos y medios. Desde hacía dos años, operaba en las sombras la Asociación Anticomunista Argentina (Triple A)que había sido habilitada por el gobierno para exterminar a “la subversión”. Los grupos armados, que habían tenido una capacidad de importante en años anteriores, ya estaban prácticamente desmantelados. El clima era irrespirable y en el sistema político no se divisaban horizontes diáfanos.        

 

Marina Franco es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y por la Université Paris 7 Denis Diderot, investigadora del Conciet y autora de varios libros sobre la última dictadura. Hace algunos meses, la editorial Pequeño editor publicó el libro ilustrado “La última dictadura”, que la tiene como autora junto al talentoso Pablo Lobato. 

 

—Uno de los temas claves de tu último libro fue reconstruir el contexto previo al golpe de estado ¿Podrías contarnos cómo lo abordaste?

 

—Uno de los desafíos fundamentales del libro, sobre todo en el contexto actual argentino, es narrar esta historia con rigor histórico. Contar qué fue la dictadura y cómo se llevó adelante. Esto permite construir una historia clara, que no tenga silencios, ni huecos, ni omisiones en el relato. Narrar la historia previa a la dictadura significa recomponer un tiempo atravesado por violencias y conflictos sociales, sin los cuales no se entiende el gobierno militar. Pero a la vez, la última dictadura es algo cualitativamente distinto de cualquier conflicto previo, de cualquier violencia anterior. El libro trata de mostrar la complejidad del periodo anterior y a la vez mostrar cómo la dictadura es un proyecto radicalmente distinto de disciplinamiento social.

 

Contar esa historia previa supone reconstruir décadas de inestabilidad política del país, de golpes de Estado, de la violencia del Estado sobre la sociedad, de la violencia contra el peronismo. Pero también el peronismo como responsable en buena medida de la violencia previa a la dictadura, de la violencia de las organizaciones revolucionarias. En fin, recomponer todo eso y a la vez mostrar cómo la dictadura es algo distinto.

 

—¿Por qué una parte de la sociedad miró para otro lado durante la dictadura?

 

—El gran problema para entender la dictadura es cómo pudo construirse un consenso social para que la represión fuera posible. Por un lado, los años previos a la dictadura fueron un gran nivel de violencia política dentro de la cual el Estado tuvo una gran responsabilidad. Esa situación fue generando una demanda de orden. Ante esto, se vio a los militares como la única salida. ¿Por qué esto fue así? Porque la Argentina tenía por detrás 50 años de intervención sistemática de las fuerzas armadas en golpes de Estado. Se construyó un consenso social y se instaló la idea de que la Argentina estaba en guerra contra un enemigo interno (la subversión, el marxismo, el peronismo). Ante esto, la solución eran las fuerzas armadas y la represión. Sin esto no se entiende por qué la sociedad argentina apoya la idea del orden. Ahora, cuando las Fuerzas Armadas llegan al poder con la excusa de que hay que eliminar la subversión, hay otro fenómeno gravísimo que es el apoyo tácito o la indiferencia de buena parte de la sociedad a la represión. Se produce un fenómeno de lo que podemos llamar anestesiamiento moral. Es decir, a nadie le importa nada de lo que suceda mientras se repone el orden por la vía autoritaria. Esto es clave para entender cómo la represión fue posible en la Argentina. 

 

—Otro de los puntos claves que trabaja el libro es el proyecto económico de la dictadura.

 

—El libro cuenta lo que fue la dictadura desde varias dimensiones a la vez. Fue un proyecto político, económico y social de transformar la sociedad argentina. Por algo se llamó proceso de reorganización nacional.

 

En lo económico, la figura de Martínez de Hoz fue icónica. El libro intenta mostrar cómo se articula la represión con el proyecto económico de la dictadura. Sin esto no se entiende el impacto que la dictadura tiene en nuestra historia a posteriori.  El país que sale de la dictadura es un país completamente reconfigurado, tanto por la represión como por las transformaciones socioeconómicas, en un sentido neoliberal.

 

—¿Qué te generan los discursos negacionistas que vienen del Estado y de una parte de la sociedad? ¿Cómo lo pensás en este marco del aniversario?

 

—La extrema derecha actual y el gobierno de Milei no sostienen un discurso negacionista. Es decir, en la Argentina los climas de la dictadura no están negados. Lo que sucede es algo mucho peor y es que están justificados. Es decir, el discurso actual justifica la represión militar, el asesinato y la desaparición de personas. Quien justifica la represión del pasado, justifica también la del presente. Es una manera de pensar la función del Estado. Y eso es lo más grave para mí. En segundo lugar, estos discursos que rápidamente solemos llamar negacionistas no son una novedad en la Argentina. Lo que sucede es que en este contexto es que tienen la posibilidad de amplificarse/multiplicarse por las redes y de encontrar nuevos adherentes, en particular en los sectores jóvenes. El fenómeno es particularmente grave.

 

Ahora, no significa que toda la sociedad argentina esté virando al negacionismo, ni mucho menos. Para mí es una llamada de atención para pensar cuánto todavía queda por hacer, para explicar y mostrar lo que fue el terrorismo de Estado en Argentina y lo que fue el proyecto dictatorial. Tal vez, el error fue pensar que esa memoria ya estaba construida.

 

Pienso que todavía hay un espacio para construir reflexión sobre el pasado y para mostrar cuánto de aquello tiene que ver con la sociedad argentina de hoy. Esa es para mí la apuesta profesional y política.      

 

Repensar la dictadura en clave narrativa para niños y jóvenes  

 

—Me gustaría que nos cuentes sobre el desafío que significó para vos elaborar este libro, ya que tiene un registro muy distinto a tus trabajos académicos. 

 

—Algo que sucede con los chicos y los jóvenes es que piensan que es una historia muy lejana. Por lo tanto, no tienen un particular interés. El gran desafío del libro es mostrar por qué esto sí es importante, por qué seguimos teniendo que pensar y discutir sobre la última dictadura y por qué la última dictadura habla también de la sociedad argentina de las últimas décadas y del presente. Es volver a reponer que el pasado tiene sentido en el presente.

 

—¿Cómo funcionó la química creativa con Pablo Lobato?

 

—Es un libro de una gran potencia visual y es un trabajo colectivo. La idea era construir un diálogo con los públicos más jóvenes. Proponer textos muy cortos, muy claros, elaborados con absoluto rigor histórico, que dialogan con las ilustraciones. Sabemos que los públicos más jóvenes, están menos acostumbrados a la lectura y más pendientes de los discursos visuales y audiovisuales. Trabajar con la ilustración era darle potencia al texto y a la explicación.

 


Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.

Fuente: RTS Medios