El investigador Ignacio Trucco analizó el modelo económico impuesto por Martínez de Hoz. Quiénes ganaron y quiénes perdieron con ese plan de la última dictadura cívico militar y cuáles son las consecuencias que todavía arrastra la Argentina.
Por Victoria Rodríguez
RTS Medios
En 1983, mientras se reconstruía la democracia, Raúl Alfonsín advertía en sus discursos que el gobierno militar no sólo dejaba una herida social sino también profundamente económica. Y adelantaba: “No podemos pagar la deuda externa con el hambre del pueblo”.
Es que la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz se basó en un modelo de valorización financiera basado en dólar barato, ingreso de capitales y altas tasas de interés, que estabilizó en el corto plazo pero desarticuló la producción, concentró beneficios y generó inestabilidad y pobreza en el largo plazo, según analiza el investigador Ignacio Trucco.
Además advirtió que, si bien fue un modelo que se replicó en otros países de Latinoamérica, el caso de la Argentina es particular porque “es un patrón que en el país se repitió varias veces. Hay una continuidad histórica que incluso no se ve en otros países de América Latina”. Y señaló que, en la actualidad, vuelve a insistirse con esa misma línea económica.
El modelo
Consultado sobre cuándo surge el modelo que se instaló con fuerza durante la última dictadura cívico militar, Trucco reconoció: “Ya antes de la dictadura, en el 75 con el Rodrigazo, se ven las primeras intervenciones en línea a una reorientación muy profunda de la economía argentina; que no es únicamente de nuestro país, sino que es regional e incluso mundial. Se trata, básicamente, de un predominio del sector financiero como el vector ordenador de las economías nacionales”.
Y detalló: “Las finanzas pasan a tener un protagonismo que no habían tenido hasta la década del 70. Después de la Crisis del 30, el sistema financiero de alguna manera estaba orientado por el sector industrial y a partir de los 70 eso empieza a cambiar y rige hasta el día de hoy, todavía estamos en ese período, son cinco décadas de eso”.
Ese modelo se basó, principalmente, en apostar a lograr fuertes ingresos de capitales –que la economía argentina se ordena en torno al ingreso de capitales externos o de dólares– para apreciar el tipo de cambio, mantener los precios a raya y generar altas tasas de interés para los tenedores de títulos en pesos.
“Se supone que, en el largo plazo, eso debería acomodar las economías a un nuevo nivel de estabilidad. Pero, mientras eso ocurría, se reemplazaba producción local por importada, la actividad económica se deprimía, la estructura social y económica se primarizaba o se orientaba más a los servicios y a los sectores informales, y se perdía la trama industrial”, explicó el investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral.
Esa orientación hacia las finanzas, con la toma de deuda externa masiva para abaratar el dólar, y el reordenamiento de algunas variables macroeconómicas desembocó en hiperinflaciones. “En la Argentina la vivimos en el 89, pero todo mundo la vio hiperinflaciones en la década del 80. Se conoce, de hecho, como la década perdida y eso es por las cosas que hicieron en la década del 70”, dijo Trucco y siguió: “Ese patrón que se dio en América Latina en ese preciso momento no se volvió a repetir en otros países. Pero Argentina sí lo repitió varias veces y es lo que, de alguna manera, explica la volatilidad de la economía nacional”.
Los sectores de poder
El modelo tuvo ganadores claros, pero acotados. “La ganadora principal fue la city financiera”, señaló Trucco, porque es la que aprovecha los ciclos de valorización. Por fuera de ese núcleo, el beneficio fue marginal: algunos servicios especializados y poco más.
Ni siquiera los sectores que suelen aparecer como beneficiados lo son realmente. “A veces se dice que esto favorece al sector exportador”, planteó Trucco, pero ocurrió lo contrario: con el dólar apreciado, “se le encarecieron sus costos en dólares y perdió los beneficios de la depreciación cambiaria”. Lejos de ganar, también perdió competitividad.
El impacto positivo se concentró en una franja social acotada, sobre todo en el inicio. “Suele tener un impacto muy positivo en un 30% de la sociedad”, explicó sobre el modelo. Fue el efecto del dólar barato: viajes, consumo importado y sensación de bienestar. “Dicen que gobernar el dólar es gobernar la Argentina y el dólar barato siempre es muy popular”, agregó.
Pero mientras eso ocurría, la economía real se contrajo. El sector industrial empezó a ser reemplazado por importaciones o directamente dejó de producir. El resultado fue un modelo que no benefició a grandes sectores, sino que reorganizó la economía en torno a pocos ganadores y muchos perdedores.
Las consecuencias no fueron sólo económicas, sino también territoriales y sociales. Fue un esquema que “no absorbió población, sino que expulsó”, impulsó migraciones hacia las grandes ciudades y vació el interior. En ese proceso, se consolidaron bolsones de pobreza y se deterioraron las relaciones sociales, en un contexto en el que la economía formal se achicó y avanzaron otras formas de subsistencia.
El mismo resultado
El ciclo se repitió una y otra vez. “Es una repetición bastante trágica, en el fondo es muy cantado el resultado”, afirmó Trucco. Para él, no se trató de una conspiración, sino de una forma de pensar la economía que se impuso y se sostuvo en el tiempo.
Esa mirada estuvo concentrada en el sector financiero, con fuerte anclaje en la capital del país, que definió la política económica —monetaria, cambiaria y comercial— sin incorporar una perspectiva de desarrollo integrado. Faltó, en sus términos, pensar la economía como un sistema complejo que articule lo territorial, lo productivo y lo social, más allá de los ciclos financieros y de precios.
Por eso, el problema no fue solo de medidas, sino de enfoque. Trucco lo definió como una “cosmovisión”, más difícil de modificar. Desde los años 70, esa lógica dominó la toma de decisiones y dejó afuera otras voces, en particular las del interior productivo. La alternativa, planteó, es reordenar las instituciones económicas para integrar a las provincias en un proyecto común que priorice empleo, producción e integración social. Pero mientras esa lógica no cambie, la secuencia tiende a repetirse: lo que aparece como alivio en el corto plazo termina profundizando los desequilibrios de fondo. “Todo lo que parecen arreglar al principio –advirtió Trucco– lo terminan desarreglando después”.
Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.
Fuente: RTS Medios