El terrorismo de Estado vivido en Argentina el 24 de marzo de 1976 fue un plan sistematico de desaparición de cuerpos de personas que corresponde a la idea de desaparecer todo simbolo, discurso, idea, cultura, tradiciones que fueron denominadas como “subersivas”.
Por Luz Herrera
RTS Medios
El terrorismo de Estado vivido en Argentina el 24 de marzo de 1976 fue un plan sistematico de desaparición de cuerpos de personas que corresponde a la idea de desaparecer todo simbolo, discurso, idea, cultura, tradiciones que fueron denominadas como “subersivas”.
Este periodo de la historia tuvo toda una estrategia de control y disciplinamiento de la sociedad argentina, donde se puede ver este intento en la persecución política a militantes, estudiantes, trabajadores organizados, y la sociedad en general, y la promulgación de leyes como la suspensión del derecho a huelga (Ley 21 – Artículo 1) ese mismo 24 de marzo, o en septiembre de ese año la ley 21.400 que sanciona a las y los trabajadores que participen en conflictos sindicales con el despido sin indemnización y con ser pasibles de penas carcelarias entre 1 y 10 años, la suspensión de elecciones sindicales, también se ilegalizó e intervino inmediatamente la CGT, entre otras medidas.
Muchas personas, de todas las edades, fueron detenidas, torturadas, asesinadas, desaparecidas, y algunas se exiliaron. Susana Chiarotti, abogada y militante feminista y de derechos humanos, y Laura Ferrer, ex secretaria general de COAD y militante de derechos humanos, comaprtieron sus experiencias como militantes jovenes en los 70 y como fueron perseguidas politicamente.
“El contacto con la gente fue lo que nos salvó”
En el momento que empieza la última dictadura en la Argentina, Susana Chiarotti dividía su militancia en dos áreas, por un lado era abogada laboralista en sindicatos como Aceiteros y Rurales y, por otro lado, participaba de la Juventud Peronista. A medida que los referentes de los sindicatos empezaron a ser cada vez más perseguidos, los y las abogadas tuvieron que empezar a introducir Habeas Corpus por cada persona que era detenida. No eran solamente los sindicalistas sino también sus familiares.
Los servicios de seguridad, según explicó, se empezaron a fijar en los abogados que estaban detrás de los Habeas Corpus y cada vez se empezó a correr más riesgo. “Las actividades tipo manifestaciones y eso se detuvieron. Se trataba de militar con volantes, con otro tipo de estrategias. Íbamos mucho a las villas miseria, teníamos mucho contacto con la gente. En mi caso trabajé mucho en Empalme Granero. Y el contacto con la gente creo que fue, de alguna manera, lo que nos salvó, lo que nos protegió”, reflexionó Chiarotti.
Sin embargo, como la persecución era tan grande tuvo que exiliarse junto a su familia. Ella contó que el punto de inflexión que la llevó a tomar esa decisión fue cuando vio un camión de policía parado en frente de su casa. A la semana de irse se enteró de que allanaron varias casas de la misma cuadra.
“Tuve que dejar de trabajar como abogada, recorrimos varias ciudades buscando refugio y evitando la persecución. En julio del 77 nos fuimos a vivir a Bolivia”, empezó relatando sobre su historia de exilio. Allá recibieron ayuda, trabajo, refugio, y, al poco tiempo, “unos sacerdotes jesuita montaron una oficina de Derechos Humanos en Santa Cruz de la Sierra y ahí estuve trabajando para la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia. Luego tuvimos la desgracia de que sufrimos un golpe, otro golpe más porque cuando fuimos era en la época de Hugo Banzer Suárez que era un dictador, y en los ochenta dio un golpe otro militar Meza y tuvimos que cerrar esa oficina”.
Contó que durante su exilió “se armó como una colonia de argentinos y recibimos muchas noticias, incluso más que las que recibía la gente que estaba dentro del país. Las noticias eran terribles, atrocidades que se cometían en los centros de detención”. Y agregó: “Me acuerdo un día, que me descompuso totalmente saber que les cortaban los pezones a algunas detenidas les decían «vos no vas a poder amamantar más», y eso sucedió en Rosario. Eran noticias espantosas”.
Chiarotti recordó que en ese momento en la juventud había un ambiente de efervescencia e idealismo muy importante, que se replicaba en lugares como Chile, Uruguay y Brasil Y agregó “Queríamos cambiar el mundo, queríamos generar un socialismo, una igualdad, que no hubiera villas miserias”.
Preservar lo colectivo
Laura Ferrer actualmente milita en COAD en Rosario, gremio universitario del cual también fue la secretaria general. En su juventud empezó en la secundaria a militar en la UES y cuando ingresó a la facultad a estudiar ingeniería entró en la Juventud Peronista.
Cuando la detuvieron en agosto del 77 estaba cursando el tercer año de Ingeniería. Su circuito de detención pasó desde el Servicio de Informaciones, después a la Alcaldía y, por último, a la cárcel de Devoto.
Cuando salió siguió estudiando, con mucha dificultad por sus dos años detenida, y se recibió en el 83. Su militancia le costó retomarla ya que al haber estado detenida seguía vigilada.
“La dictadura paró todos los movimientos, ya sea en la facultad o en la fábrica”, contó, pero agregó que de todas formas “hubo una resistencia desde el inicio. Hay documentación de cuáles fueron los paros, de cómo nos fuimos moviendo en distintos lugares,de la formación de la madre y los organismos de derechos humanos, de cómo en el 79 vino la Comisión Internacional de Derechos Humanos y declaramos. En ese momento yo estaba detenida y me llevan a hablar con la Comisión”.
Contó que en los distintos momentos de su detención identificó que el Servicio de Información se separaba en distintos sectores. Apenas ingresó estuvo varios días en la planta baja, donde, según su relato, “había varios compañeros, ahí deciden si te iban a matar, desaparecer, legalizar o soltar”. De ahí la pasaron al sótano, donde “había 100 compañeros”.
Otra parte del Servicio de Informaciónes era lo que llamaban “La Favela”. “El 6 de septiembre del 77 a la noche, nos llamaron a una serie de compañeros a mostrarnos a otros que estaban ahí, y a decirnos ≪A estos hoy se van a encontrar con balas que le van a venir de frente≫ Entre los cuales estaba un compañero de Odontología que tenía mi edad y con el cual militaba, Juan Carlos Valle”, relató.
Cuando fue legalizada y llegó a Devoto se encontró con que las mujeres ahí estaban organizadas, tenían delegadas, tenían un fondo común de la plata que mandaban los familiares para priorizar a sus compañeras enfermas y las cuentas para la comunicación. Además, daban cursos entre ellas, hacían obras de teatro, gimnasia, todas propuestas que tenían que ver con no perder el encuentro, el intercambio de ideas, lo colectivo, todo a escondidas para que no las sancionen.
“Era importante mantener la continuidad de lo social, del compañerismo, de la solidaridad, no el individualismo que era lo que ellos pretendían lograr», expresó, y agregó: “La militancia era tratar de preservar individual y colectivamente al conjunto de compañeras que estaban ahí adentro”.
En los 80 pudo retomar su militancia, empezar a involucrarse en los movimientos de derechos humanos que reclamaban la aparición con vida de los 30.000 desaparecidos, y posteriormente declarar en las causas Feced y Guerrieri.
Este contenido forma parte de un especial de RTS Medios a 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. La cobertura incluye entrevistas, notas, producciones audiovisuales y piezas para redes que abordan distintas dimensiones del período y sus impactos en el presente.
Fuente: RTS Medios