La escritura, el decir, van mutando en el idioma. Entre literatura y periodismo hay una similitud indudable, ambas contribuyen a la construcción de lenguaje. Silvana «Góngora» Stabielli, asesora lingüística y editora de estilo, conversó con RTS Medios sobre el uso de las palabras.
Valeria Elías
RTS Medios
La lengua está viva dice el postulado científico. El lenguaje se va configurado según sus usos, al igual que los significados suelen cambiar en el contexto del uso de la lengua acorde a la época. En este sentido, el transporte de la lengua y su lingüística en tiempos modernos tienen un soporte más popular, el libro y los medios de comunicación.
Silvana «Góngora» Stabielli, autora del libro Atlas de palabras únicas, es profesora de francés, licenciada en Letras y tiene una maestría en Sociología de la Cultura. También, es asesora lingüística y editora de estilo de TN y eltrece, donde se hizo popular por sus recomendaciones lingüísticas.
— ¿El periodismo es considerado «el pariente pobre de la literatura»? ¿La falta de lenguaje es también responsabilidad del periodismo «rápido y simple»?
— El periodismo es una herramienta muy fuerte, muy importante para darle prestigio al lenguaje. Hay determinadas profesiones como la docencia y el periodismo, donde necesitan de la palabra mucho más que otras. A mí no me interesa tanto que un veterinario sepa contar lo que hace, me importa mucho más que sepa hacer lo que hace. Sin embargo, en el periodismo, en la docencia, es muy importante que sepamos que el instrumento, que la lengua es algo único. Es algo de lo que nosotros (periodistas), tenemos que, por algún lado, demostrar cual es la manera de accionar sobre la realidad que tenemos, porque una de las características de la lengua, es que la lengua es un elemento de transformación. A través de la palabra, como decía Austin, hacemos cosas. Creo que el periodismo, (trabajo en una redacción periodística, trabajo en TN, en Artear, así que estoy todo el día en una mesa de periodistas), creo que el periodismo sí es simple, como vos definís en la pregunta. Tal vez que sea simple es un problema, pero no que sea directo, que sea claro, que use palabras habituales y sencillas. Lo que pasa es que para tener concisión y precisión, es necesario saber muchas palabras. Porque cuando uno sabe palabras puede encontrar la exacta. Cuando uno tiene pobreza léxica, no sabe encontrar la palabra exacta para decir que una persona tiene ideas reaccionarias. Muchos creen que tener ideas reaccionarias es que tienen ideas innovadoras, y reaccionario es todo lo contrario. Encontrar la palabra reaccionario es un alarde del lenguaje, es saber encontrar la palabra justa para definir determinada situación. Esto de encontrar la palabra justa es el objetivo que me planteo, lo formulo tanto como tallerista, como docente, como persona que hace divulgación de lengua con mis redes (@gongorar). Mi principal objetivo en este momento tiene que ver con el vocabulario, porque sí creo que hay una falta de palabras. El periodismo es o no responsable del uso correcto de la palabra, creo que somos responsables todos, porque el corpus de palabras con el que nos manejamos es mucho más. A mí me parece que si el periodismo y las demás disciplinas se preocupan por la riqueza léxica, todos saldremos ganando porque tendremos una manera de expresarnos más precisa, más pertinente y, si se quiere, más rica. Creo que en gran medida por la importancia del periodismo en la divulgación, es una tarea que los periodistas tienen que tener en cuenta y lo tienen que tener claro, en cuanto al uso correcto del léxico.
— Un atlas de palabras y expresiones que van perdiendo vigencia y que invita a la investigación y el cuestionamiento ¿Cómo funciona en la época en que la IA escribe mayormente algunas notas?
— El «Atlas de palabras únicas» lo que hace es indagar y recuperar palabras que residen en algún lugar de nuestra memoria. A las palabras hay que actualizarlas. Cuando usamos palabras comodines perdemos la posibilidad de expresarnos de una manera más rica, más amplia, más precisa. Mi deseo al momento de escribir el atlas, era «voy generar un ítem, vamos a tratar de armar un repertorio de palabras» que cuando yo lea este relato me de cuenta por el contexto de lo que quiere decir, ya sea que la tenga que aprender en ese momento o que la recupere de algún lugar, porque la he dejado de usar. Me parece que en tiempos de la inteligencia artificial no hay ningún tipo de conflicto entre una cosa y la otra.
Yo diría más bien, que los procedimientos más mecánicos son los que corren más riesgo con la inteligencia artificial. En cambio, en una época en que promptear, porque así se llama esto de darle órdenes a la inteligencia artificial, requiere rigurosidad para obtener buenos resultados, o sea, de tu capacidad para pedir bien las cosas, depende la calidad de los resultados que tengas. Ser minucioso, ser puntilloso, tener ese apego a la palabra en tiempos de inteligencia artificial sirve.
La preocupación por si la inteligencia artificial va a ocupar el lugar de todas las notas periodísticas o el lugar de la literatura será una preocupación poco pertinente para nosotros en este momento, porque el deseo humano de perfeccionarse va más allá de esto que tiene que ver con automatizar los procesos. Yo creo que tiene que ver con la esencia de lo humano, el deseo de enriquecerse y de tener más competencias. Después, cómo las usemos o qué tipo de reemplazos se esté haciendo o se vaya a hacer, está un poco por afuera, por lo menos de mi voluntad, no de adivinación, de quiromancia, sino de mi voluntad de ayudar en una necesidad que veo en el aquí y ahora, que es cuando se acercan a mí en los talleres y me dicen «no sé cómo decir esto» o cuando los padres están preocupados porque los chicos tienen pocas palabras para hablar.
Me parece que hay una instancia en donde este tipo de profesiones van a tener que lidiar con el funcionamiento de la palabra y la tecnología. Si bien los periodistas o la literatura se hacen cargo de la lengua como un instrumento fundamental, como decíamos antes, la riqueza de vocabulario le hace bien a todo el género humano. Expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que percibimos con las palabras precisas y tener herramientas para hacerlo es lo que nos da la posibilidad de movernos en el mundo. Bajtín decía, «todo es discurso». Entonces, el discurso es la herramienta con la que el ser humano maneja la realidad. O sea, está la percepción, está el pensamiento, están las emociones, pero para que eso después pueda ser transmitido en muchas instancias es necesario el lenguaje. Así que vamos a preocuparnos por eso.
— El lenguaje conforma la personalidad, la esencia del ser, al hablar o escribir ¿Cuando hablamos y escribimos mostramos quienes somos?
— Claro, el lenguaje habla de nuestra esencia. El lenguaje habla de nuestra manera de estar en el mundo. El lenguaje, cuanto más ambicioso es, más ambiciosa es nuestra posibilidad y nuestro deseo de contener el mundo, de expresarlo, de contarlo, de nombrarlo. En el «Atlas de palabras únicas» afirmo que tengo una manera barroca de ver el mundo. Barroca por lo imperfecto, por creer que hay una parte del ser humano que tiene que ver con la pregunta por la muerte, que es la primera cosa de la que uno se quiere deshacer, pero que existe esto, que en latín se dice «memento mori, recuerda que vas a morir». Este es uno de los elementos más importantes del hombre barroco, que no tiene que ver con el hombre del tiempo de Cervantes, tiene que ver con las épocas del mundo donde la incertidumbre es lo que reina. El espíritu de la época, tiene que ver con el lenguaje, lo luminoso, lo claro del renacimiento se opone un poco a esta idea más de desilusión, de duda, de preguntarse por la verdadera esencia de las cosas, que más tiene que ver con el barroco. En ese sentido, el lenguaje nos define y también nos define en cuanto al compromiso, en cuanto a la pasión, en cuanto al deseo de justicia. Hay un montón de elementos de nuestra esencia que se pueden reproducir a través de las palabras. La palabra es lo que te ayuda para nombrar el mundo y la palabra te ayuda a crear un mundo propio. Entonces, en gran medida, aquellos que más ambiciosos somos con las palabras, tenemos un deseo de comunicar y de mostrarle a otros el mundo mucho más fuerte que el lacónico. Quizás tiene muchas otras virtudes de pensar, de reflexionar, pero tiene una pasión menor por el lenguaje. Cuando uno encuentra un lenguaje rico, potente y que tiene muchas herramientas para expresar, también está mirando un poco el compromiso de ese ser, de esa persona con el rol que le toca en su tiempo.
—Dentro del trabajo periodístico: elegimos un lenguaje simple pero ¿qué sería lo simple y qué lo complicado en este sentido?
— El lenguaje periodístico, en un momento en donde la manera de consumir información es a través de las plataformas y a través del teléfono, tiene que ser sencillo. Las frases tienen que ser cortas, no podemos darnos el lujo de escribir frases con subordinadas, incisos y/o comentarios, además la organización. La buena estructura tiene que ver con la eficacia y la claridad comunicativa. Pero que no suene desdeñoso esto de decir «voy a escribir simple». Escribir simple es sumamente complicado, porque si uno logra medir y expresar en pocas palabras y con una estructura sencilla la profundidad de un pensamiento o de un concepto, está haciendo el doble de mérito que el que pone un montón de palabras artificiales o innecesarias y complica el momento y el pacto de lectura. Vos vas a ser leída en la medida que aquel que te lee siente que lo que vos escribís es fuerte, es claro y es eficaz. Yo creo que el periodismo se tiene que ocupar de esto. Uno de los destinatarios más fuertes de mi «atlas de palabras» es el periodismo, porque al estar todo el tiempo con periodistas jóvenes, con periodistas que están empezando a escribir sus notas, con periodistas que están empezando a desarrollar su tarea de contar una noticia y de ser claros, de poder contarla oralmente y no contar todos los detalles, logrando que el otro pueda ver a través de sus ojos aquello de lo que es testigo el periodista. Es una tarea muy complicada y lo más exquisito de esta labor, es poder hacerlo conciso, sencillo y claro. Así que con las mejores palabras y con muchas palabras tenemos que apuntar a que sea fácil, sencillo y directo. Ahí vamos a tener éxito en la comunicación.
Fuente: RTS Noticias