El baile es una expresión artística que en muchos casos se lleva en la sangre y en el alma. El portaestandarte de la reconocida comparsa Ara Bera de Corrientes, Darío Harper, compartió su historia como bailarín por RTS Medios.
Valeria Elías
RTS Medios
El baile es una expresión artística que llega a convertirse en un estilo de vida. Es una expresión corporal y del alma que lleva a sus practicantes a desarrollar costumbres y vínculos íntimos con este tipo de danza. Darío Harper, en comunicación con RTS Medios, contó su experiencia como bailarín en los carnavales.
— ¿Qué significa para vos el carnaval y por qué elegiste ser bailarín?
— El carnaval para mí es una forma de vida. No es solo una fiesta ni un espectáculo: es un territorio donde el arte se vuelve popular, donde el cuerpo dice lo que muchas veces las palabras no alcanzan. Es identidad, comunidad, memoria para mi familia. Mi historia en el carnaval nace en mi ciudad, en mi infancia, casi como un legado familiar. Mi familia entera participaba en la artística y la logística del armado de la comparsa popular de Monte Caseros «Carun Bera». Años más tarde, cuando llegué a Corrientes a estudiar me enamoré de mi querida «Ara Berá», en donde cumplo 10 años de participación ininterrumpida.
Elegí ser bailarín porque encontré en el cuerpo una manera de contar historias. Bailar es mi forma de comunicar, de traducir lo que siento, lo que pienso, lo que soy. En el carnaval descubrí que podía unir todo: el arte, la música, el diseño, la emoción colectiva. Ser bailarín no fue una elección racional, fue una necesidad vital.
— ¿Qué tipo de música es la que más te inspira para llevar a cabo tu arte?
— La música que más me inspira es la que tiene raíz, la que viene cargada de historia e identidad. El samba, la música afro, lo popular latinoamericano, pero también el folklore, el pop, el rock, lo sinfónico.
No me inspiro tanto en géneros como en climas emocionales: la música que tiene épica, que tiene dramatismo, que tiene alma; la que te obliga a moverte, pero también a sentir. La música para mi se escucha con el cuerpo.
— Embajador nacional del carnaval, mestre de sala, mejor bailarín, rey y ahora portaestandarte de «Ará Berá» y mejor portaestandarte 2025. Contame de qué trata cada rol y qué significan esos logros.
— Cada uno de esos roles representa una etapa distinta de mi recorrido y una forma diferente de habitar el carnaval.
Ser «Embajador Nacional del Carnaval» significó llevar nuestra cultura a otros escenarios, representar no solo a una comparsa sino a una manera de vivir el carnaval correntino y argentino.
El «mestre de sala» es un rol de mucha responsabilidad simbólica, me tocó presentar la bandera de la institución que me vio nacer: mi amada «Carun Bera», en Monte Caseros.
Ser reconocido como mejor bailarín fue un mimo enorme al trabajo corporal, al entrenamiento, y llegó casi sin pensarlo. Estaba escuchando el escrutinio de premios y de repente comencé a escuchar mi nombre entre tantos comparseros y realmente ahí fue un shock. Pero también fue un darme cuenta que este escenario era el mío.
Ser «Rey del Carnaval» fue una experiencia profundamente movilizante, no se trata de una corona, sino de ser una cara visible de una fiesta que es del pueblo, junto con mi reina Belén Fernández Coutinho logramos llevar nuestra máxima fiesta a Toronto (Canadá), a la fiesta de la herencia Latinoamérica.
Y hoy ser «portaestandarte de Ará Berá» es uno de los honores más grandes de mi carrera. El estandarte es la identidad de la comparsa, es la historia que se abre paso. Portarlo es cargar con un legado, con una emoción, con una responsabilidad artística e histórica enorme. Que además haya sido reconocido como mejor portaestandarte 2025 es un reconocimiento que siento como un abrazo a todo ese recorrido.
— ¿Qué consejos darías a los bailarines que quieren dar sus primeros pasos en el carnaval?
— Les diría que no apuren el éxito y que no se comparen. El carnaval no es una carrera de velocidad, es un camino de construcción. Que se formen, que entrenen, que miren mucho, que escuchen, que se dejen guiar y que escuchen solamente lo que construye. Y no lean mucho lo que dicen porque puede doler bastante. Hoy con las redes sociales hay mucha gente opinando libremente y, a veces, la gente puede ser muy cruel.
Pero sobre todo, que no pierdan la emoción. Está muy bien prepararse artísticamente y el cuerpo también, pero lo que realmente llega al público es la verdad. El carnaval necesita bailarines virtuosos, sí, pero sobre todo necesita personas sensibles, comprometidas, con algo para decir.
Fuente: RTS Noticias