Los carnavales además del color, los trajes y los bailes, tienen un condimento infaltable: la música. Ella es la que caracteriza, da localidad e identidad cultural al festejo. Oscar “Poli” Gomitiolo, músico santafesino dialogó con RTS Medios sobre la música del carnaval latinoamericano.
Valeria Elías
RTS Medios
El carnaval es un festejo o ritual en el que se representan las culturas y costumbres de las sociedades. Si bien se relaciona siempre con la historia greco-romana, en la América precolombina existían carnavales y música que daban origen a las expresiones culturales que después se fusionaron con las culturas europeas. El intérprete, compositor, docente y gestor cultural Oscar “Poli” Gomitolo, conversó en RTS Medios sobre la historia de la música de los carnavales latinoamericanos.
Para introducir al tema de los carnavales, el músico consultado, explicó: “Para entender los contextos en que las músicas circulan, se hace necesario entenderlas en sus ámbitos de gestación. Estos hechos culturales siempre son funcionales, o sea, tienen un rol, tienen una función. ¿Cuál es el rol de estas músicas en las comunidades que las crean, las recrean o las consumen? Ese sería un poco el objeto de esta cuestión para entender un poco qué es esto de la música de carnaval; si es que esas músicas existen. ¿Cómo opera un complejo cultural dentro de una comunidad o dentro de las lógicas de mercado? Siempre va a suponer un enfoque multidisciplinario. La musicología, la sociología, la antropología nos van a dar herramientas para entender esta complejidad”.
Luego, agregó: “El carnaval siempre es una expresión social colectiva. Esto proviene de la antigüedad grecorromana. Tiene diferentes aristas, como tantas idiosincrasias y tantas cosmogonías hay en el mundo. Cada uno le va a dar una impronta, pero esa noción de festividad, de cuestión comunitaria, va a tener diferentes enfoques y diferentes nombres”.
“Acá va a aparecer una cuestión importante,–expresó el entrevistado– sobre todo desde la musicología, que es la sinonimia. O sea, muchas veces nombramos o describimos a un hecho cultural utilizando diferentes palabras, pero que en realidad describen al mismo fenómeno. ¿Y por qué uno hace hincapié en esto? Por ejemplo, la danza, la música, la festividad en este ritual va a adquirir, por ejemplo, un nombre diferente dependiendo de los ámbitos en Latinoamérica. Así aparece, como nuestra el concepto de joropo o etchoropo, que está entendido en un ritual donde se manifiesta la música, la danza, el zapateo, el galanteo, el erotismo. Esto también se va a denominar huapango o va a denominarse fandango, o sea, una palabra que describe prácticamente el mismo hecho cultural. Esto también tiene su correlato en las músicas prehispánicas. Si bien decíamos que el carnaval tiene origen grecorromano, también existe esta misma mirada comunitaria expresada en la música, en la danza, en el ritual, en lo simbólico, en los mitos, en las comunidades prehispánicas”.
Según el especialista la palabra que aglutina esa idea es el taqui andino, una festividad que encarna a la mirada comunitaria y que va a estar expresada con distintos condimentos, y va a estar atravesada por los rituales agrarios, donde los mitos van a hibridar después con la mirada europea sobre esta funcionalidad. Hay muchos mitos fundacionales que están atravesados por el sincretismo. Se habla incluso hasta de la mayanización de los mitos griegos en el México profundo. Por este motivo, el sincretismo es insoslayable a la hora de hablar de las músicas y de los contextos culturales en Latinoamérica. “No hay pureza en estas cosas. Somos el producto o el reflejo de esta gran simbiosis que está atravesada por distintas idiosincrasias”, concluyó el músico.
La música que expresa y siente
La pregunta es entonces, ¿Cómo nace la música de los carnavales? y a esta consulta Poli Gomitolo responde: “En realidad no hay una música, no hay un género musical vinculado al contexto o al ritual del carnaval. Si bien se identifican algunos como el samba en Brasil, o como las diabladas bolivianas, no hay un género del carnaval. Acá aparecen algunas cuestiones anecdóticas también, que nos ilustran esta gran confusión, entre comillas, que tenemos a la hora de abordar estos temas complejos. Uno es el carnavalito, por ejemplo. El carnavalito argentino es una forma de describir y de entender a un complejo bastante más amplio, que es el de huayno. El huayno está expresado de diferentes maneras en la cuestión andina, más allá que está esa discusión también latente de si este género está anclado solamente en cuestiones prehispánicas o tiene influencias europeas, uno es partidario de la cuestión de la hibridez, de lo sincrético, entonces está atravesado por otros lenguajes, por otros abordajes”.
Por esto aclara: “El huayno aparece con diferentes acepciones en Latinoamérica, se lo llama San Juanito en el Ecuador en honor a San Juan Bautista o Chuscada en el norte del Perú. En Argentina se la llama carnavalito porque es un huayno tocado en contexto de carnaval y ahí aparece algo interesante, el carnavalito como género musical dentro de la fiesta, dentro del que decíamos al principio del fandango, dentro del huapango, dentro de esa idea que va a tener diferentes palabras para describirla, que va a ser esa reunión, esa cuestión colectiva: el taqui andino. En ese contexto, carnaval o carnavalito, es una forma de entender el huayno en un contexto de carnaval”.
Entonces, expone el cierre de este análisis: “Después va a estar también sazonado o influido por otras cuestiones, por ejemplo, el aspecto coreográfico del baile del carnavalito, que como decíamos y repetimos, está vinculado a esa idea del carnaval. Nuestro carnavalito también va a ser uso de una coreografía que está íntimamente ligada a la contradanza y al pericón nacional. O sea, que va a ser una arista, un condimento dentro de un género musical en el contexto del carnaval. Pero no hay que perder el eje que nos vincula a un análisis estrictamente musical, musicológico o un análisis de los contextos del ritual donde el carnaval sincrético aparece de diferentes maneras expresados en Latinoamérica y en Europa”.
Un calendario que baila
Cada cultura maneja sus fechas, sus festividades y sus costumbres, pero en América debió producirse la fusión entre lo que estaba y lo que llegó. Para entender esto, el entrevistado Oscar Gomítolo, explicó: “hablábamos del calendario de la colonia, del calendario europeo que se va a sincretizar, va a vincularse íntimamente, en los calendarios agrícolas, por ejemplo, en la región andina. Hay aristas interesantes que van a darle identidad a estas festividades conforme a la composición de las comunidades que son las que practican estos rituales. No es lo mismo entender el carnaval montevideano que se expresa musicalmente en el candombe y en la murga. Entender que van a aparecer aristas o van a aparecer en las superficies propuestas musicales que van a hacer que esa práctica comunitaria tenga un condimento especial para llevar a cabo ese ritual, que en este caso es el carnaval. Entonces, el candombe va a aparecer como una música íntimamente ligada a la festividad del carnaval en Uruguay. Pero lo que va a estar expresado ahí, básicamente, es una música que está influenciada o que está dentro de ese gran imaginario del tango y habanera. La clave de tango y la habanera va a ser una música muy presente en Latinoamérica y en la península ibérica, y que se aprovecha de un patrón rítmico que va a estar expresado precisamente en esa recreación que se da en el Río de La Plata, de esa génesis del patrón del tango y habanera”.
Por esto, esclareció: “Lo digo porque muchas veces los regionalismos nos hacen dejar de lado los procesos tan largos de la construcción de estas músicas. Hay patrones que también otros musicólogos han denominado de la cuenca mediterránea o de la construcción del Caribe afro-andaluz, con músicas que se van a adaptar a los contextos de fiestas. Esto es la funcionalidad, esto es el rol de esa música en un contexto. Entonces, lo que no tenemos que dejar de lado es que siempre hay un contexto de funcionalidad, donde van a aparecer diferentes géneros, diferentes músicas, pero estos contextos en realidad siempre tienen ese condimento de cuestión comunitaria. Así van a aparecer, por ejemplo, los tinkus bolivianos en la ascensión de la Cruz Andina en el Potosí. Las músicas esas van a estar en función de un contexto de ritual. Esto es lo que le da un gran poder político. Distintas generaciones compartiendo un hecho cultural en un determinado momento histórico, eso es importante”.
Rituales y culturas
Los ritos y los mitos antiguos son la base de lo que hoy conocemos como carnaval. Al respecto, el músico santafesino dijo: “Como decíamos, este ritual va a estar plasmado también en esa mirada sobre el carnaval y los mitos fundacionales. No es lo mismo el carnaval de Oruro, tan importante para la zona andina, con su impronta, con su cuestión simbólica; no es lo mismo vincularlo, por ejemplo, al carnaval de Barranquilla en Colombia o al carnaval del Brasil, donde el samba aparece ahí como fluctuando musicalmente. Pero siempre destacar que el ritual, que la funcionalidad de esto es la cuestión de la construcción identitaria de las comunidades. Obviamente, estos fenómenos culturales, musicales, van a estar atravesados por el mercado, en este caso van a aparecer tradiciones inventadas; porque esas mismas comunidades que tienen, a veces, afluencia de turismo, van a parecerse cada vez más al turista que quiere consumir una determinada arista de esa producción musical y esa cuestión dialéctica de ida y vuelta, a estas cuestiones va a configurar construcciones identitarias diversas”.
“Muchos mitos fundacionales –continúa el entrevistado– de las comunidades van a estar a la palestra, a la hora de los rituales de carnaval, por eso cada lugar le va a dar una connotación diferente y va a exacerbar algunos rasgos en detrimento de otros que vendrían de esa idea de un primogénito carnaval greco-latino. Es decir, va a estar atravesado por las experiencias históricas de las comunidades, por la mirada que se tiene a nivel de la cosmogonía, por la forma de entender el mundo, por la herencias de comunidades prehispánicas. Cada carnaval va a estar configurado por la experiencia de esa comunidad. Va a estar determinado y va a determinar en otro proceso histórico posterior, porque esa herencia cultural siempre es dinámica y va a recrear otras miradas sobre esta misma idea que recalcamos, la del ritual, la de comunidad, la de romper estructuras sociales y leyes”.
Para concluir el análisis, señaló: “El carnaval también nos hace iguales. Por unos días rompe también con esa idea de la discriminación entre estratos sociales. A través de la máscara todos somos iguales. Esto es simbólicamente muy fuerte. Esta es la esencia del carnaval. Obviamente, como decíamos, en algunas comunidades va a haber diferentes condimentos, pero centralmente, esta cuestión bacanal, de entender la festividad va a tener diferentes aristas. No porque esto haya sido solamente una experiencia europea traspolada a latinoamérica, ni mucho menos. El taqui aparece en la región andina también con esa misma significación, quizás porque el humano necesita de esa pertenencia, de lo colectivo, y si lo colectivo cuestiona a veces reglas y cuestiona leyes, eso también hace que el desafío sea un poquito mayor. Destacar que en realidad no hay una música de carnaval, hay músicas que se adaptan funcionalmente a diferentes contextos”.
Fuente: RTS Noticias