Soledad y aislamiento: en qué se diferencian y cómo impactan en la salud mental

La diferencia entre soledad y aislamiento es un punto importante para entender la calidad de vínculos humanos, la elección que cada uno hace o el momento que le toca vivir, tiene que ver con los procesos psicológicos. El psiquiatra Miguel Ángel de Boer explicó esta diferencia existencial en RTS Medios.

Valeria Elías

RTS Medios

El Dr. Miguel Ángel de Boer es médico psiquiatra y psicoterapeuta, en diálogo con RTS Medios, expuso la diferencia entre soledad y aislamiento, dos situaciones existenciales que tienen diferentes connotaciones. 

  

Para introducir el tema, el especialista indicó: “En nuestra cultura existe un fuerte estigma hacia la soledad. Vivir solo, viajar solo, ir al cine o a un café sin compañía suele ser rápidamente leído como signo de carencia, fracaso o incluso patología. Persiste la idea –poco cuestionada– de que estar con alguien es siempre mejor que estar solo, como si la valía personal dependiera de la presencia permanente de otros. Sin embargo, soledad y aislamiento no son sinónimos, y confundirlos genera sufrimiento innecesario y miradas prejuiciosas”.


“La soledad no es una experiencia única ni homogénea. Puede adoptar al menos dos formas claramente diferenciadas: la soledad elegida y la soledad sufrida. La soledad elegida es aquella que surge de una decisión subjetiva. Puede ser buscada como espacio de silencio, introspección, descanso psíquico, creatividad o reencuentro con uno mismo. En este caso, estar solo no implica vacío, sino presencia interna. Muchas personas necesitan momentos de soledad para ordenar pensamientos, tramitar emociones o simplemente habitar sin demandas externas. Lejos de ser patológica, esta forma de soledad puede ser profundamente saludable. La soledad sufrida, en cambio, se vive como carencia, abandono o exclusión. No es deseada, sino impuesta o vivida como inevitable. Puede aparecer incluso cuando existen vínculos formales, contactos frecuentes o convivencia cotidiana. En estos casos, la persona no se siente acompañada, comprendida ni reconocida. Lo que duele no es estar solo, sino sentirse solo”, dió a conocer el psiquiatra.


Luego aclaró: “Aquí resulta clave diferenciar la soledad del aislamiento. El aislamiento no se define por la cantidad de personas alrededor, sino por la calidad de la conexión. Una persona puede estar aislada viviendo en familia, en pareja o en medio de una multitud. El aislamiento remite a una ausencia o déficit de conexión, principalmente con uno mismo, y también con los demás. Cuando no hay registro de lo que se siente, de lo que se desea o de lo que duele; cuando los vínculos se vuelven superficiales, defensivos o vacíos; cuando no hay posibilidad de intercambio auténtico, entonces hablamos de aislamiento, aun cuando la persona nunca esté físicamente sola”.


La nota finalizó con esta reflexión: “Tal vez el verdadero desafío no sea evitar la soledad a cualquier precio, sino aprender a distinguir qué tipo de soledad estamos viviendo, y preguntarnos si estamos realmente conectados –con otros y con nosotros mismos– o simplemente acompañados en apariencia.

Fuente: RTS Noticias