La madriguera es un laboratorio metafórico. Una comunidad primitiva y sociedad compleja. En ella vemos a los conejos descubrir su identidad colectiva, organizar instituciones incipientes, crear rituales para sostenerlas, depositar sus anhelos en un líder aparentemente providencial, entrar en conflicto, temer por su seguridad, aspirar a la libertad y, finalmente, enfrentarse al derrumbe.

Esa estructura responde a un diseño deliberadamente ambicioso. El autor ha dicho que concibe la novela como un ciclo histórico completo, casi hegeliano, pero no se trata de un manual filosófico disfrazado; es un relato vivo, lleno de escenas intensas y, sobre todo, de preguntas que resuenan mucho más allá de la ficción. Porque lo que ocurre en la madriguera no es un espejo del presente, sino una manera de captar las tensiones profundas que atraviesan nuestras sociedades: la pérdida de confianza en las instituciones, la fragilidad de la vida comunitaria, la ansiedad ante la incertidumbre y la necesidad, a veces desesperada, de sentirnos protegidos.

Y sí, cada vez que un escritor recurre a animales para hablar de política, la sombra de Rebelión en la granja parece inevitable. Barba dialoga con Orwell, pero con matices muy marcados. De Orwell toma el origen emociona, pero se aleja del mecanismo alegórico que convierte al texto en un juego de interpretación inmediata. Auge y caída del conejo Bam no invita al lector a buscar equivalencias históricas ni a desenmascarar figuras del mundo real.

Una de las paradojas más interesantes del libro es que el autor, quien desde hace años vive en Argentina junto a su esposa y sus hijos, afirma haber escrito esta novela como un gesto de “liberación”. Quiso escapar, por un momento, del mundo humano; salir de la rutina de la actualidad, de los debates urgentes, de la presión por interpretar el presente. Y sin embargo, en ese intento de fuga, encontró el modo más directo de hablar de política.

¿Por qué? Porque la distancia de la fábula le permite no caer en la tentación de corregir la realidad o emitir juicios morales. La novela piensa sin adoctrinar, observa sin ofrecer recetas. Y es política no por lo que denuncia, sino por lo que ilumina.vmncpQ

En definitiva, Auge y caída del conejo Bam es, en apariencia, una fábula sobre conejos. Pero detrás de esa superficie amable se despliega un relato denso, sofisticado y, por momentos, perturbador. Barba construye una novela que puede leerse como aventura épica, como meditación política, como ensayo filosófico o como tragedia íntima entre dos criaturas que se quisieron y no supieron qué hacer con esa lealtad.

Es una novela sobre cómo nacen, crecen y se derrumban las comunidades; sobre cómo necesitamos héroes para sostener nuestras esperanzas, y cómo esos héroes inevitablemente nos fallan. Pero también es un libro sobre el poder de las historias: sobre la responsabilidad de quien las narra y el riesgo de quien las cree.