El viejo arte de hacer hablar a los seres mágicos: Los títeres

El arte del titiritero marcó las infancias de todos los tiempos, inclusive al día de hoy hay quienes practican este oficio para los más pequeños. Este es el caso de Cristina Pepe y Oscar Caamaño, quienes comparten sus historias en el Centro Cultural El Retablo en la ciudad de Santa Fe.  

Valeria Elías

RTS Medios

Por definición, un titiritero es la persona que crea, construye y manipula títeres o marionetas para darles vida frente a un público en obras de teatro, cine o televisión. Este oficio une el arte manual, la actuación y la narración de historias. Para celebrar el día de las infancias, RTS Medios abrió sus puertas a la historia de Oscar Caamaño y Cristina Pepe, docentes, escritores, creadores y promotores culturales de El Retablo, centro cultural de la ciudad de Santa Fe que aún conserva en su tradición las funciones de títeres. 

 

 

¿Cómo nace el oficio de titiriteros en ustedes y por qué este trabajo? 

 

 

Oscar — En mi caso tengo algún recuerdo de mi infancia en la escuela Sarmiento. Debo haber visto alguna función de Javier Villafañe porque tengo recuerdos del texto de “El caballero de la mano de fuego», que decía «tan valiente en valentía». En otra ocasión participé de una función de títeres que organizaron la señorita Marta Cazaña que era la maestra y la bibliotecaria. A los muñecos los hacía Marta, eran muy hermosos. A mí me tocó el personaje del presentador. La obra era «Las aventuras de Naricitas» en base a los textos de Monteiro Lobato. Otro recuerdo es cuando quise hacer títeres y mi papá me ayudó un poco. Ya en la facultad intenté hacer algo con los títeres en compañía de dos de mis condiscípulos, Cristina Pepe, quien después resultó ser mi esposa, y René Lenarduzzi. Ellos habían estado cursando como oyentes la materia de literatura infantil en la Escuela de Bibliotecología. Los alumnos de la Facultad de Letras de la Universidad Católica del último año tenían un seminario de investigación y ellos pidieron que les diéramos literatura infantil, que no estaba en los programas de la carrera. Así que me llamaron y brindé un curso teórico sobre la historia de la literatura infantil. También, convocamos a un titiritero del Teatro de Títeres Municipal, Matías Rodríguez, que nos dio un cursillo de títeres. Luego hicimos una representación a partir de las canciones y poemas que habíamos recopilado en el trabajo de investigación. Ahí surgió la iniciativa de crear el teatro de títeres y el de muñecos de la Universidad Católica de Santa Fe. Después surgió «el retablo de las maravillas» Lo que empezó como un curso para universitarios o para estudiantes terciarios de títeres, terminó siendo un curso del retablo de las maravillas. 

 

 

Cristina — En mi caso me interesaba mucho el teatro. Cuando era chica tuve experiencia en una especie de teatro parroquial que dirigía una tía y cuando llegué a la universidad tuve clases con Ricardo Ahumada. Él armó un grupo de teatro universitario, participé y me encantó. Cuando apareció el tema títeres ligado a todo lo que explicó Oscar en la universidad, por pedido de los alumnos, yo me sumé al curso que nos dio Matías Rodríguez y arrancamos la experiencia. Al salir ya de la universidad fuimos a parar a la Unión de Benevolencia, que ahora es la Escuela Dante Alighieri. Por aquellos días, empezamos a trabajar con un grupo grande de estudiantes universitarios. Los docentes éramos Oscar y yo. Para aquel momento, ya René Lenarduzzi no estaba, participó en el comienzo. Desde ese momento, me apasionó todo el tema títeres, fundamentalmente la interpretación. Siempre me ocupé de la producción de los espectáculos, hasta que tuvimos la sala del Retablo, pronta a cumplir 48 años, y ahí ya desarrollamos puestas más complejas. ¿Por qué seguimos en esto? porque realmente es un arte milenario interesantísimo. Hay todo un desdoblamiento de la persona con el títere, del títere con la persona; es apasionante. 

 

 

— ¿Cómo se hace una función? ¿Y cómo son los títeres?

 

 

Oscar — La función de títeres es en realidad el paso final de un proceso bastante largo, A nosotros nos lleva meses de trabajo, a veces más de un año. En general, la idea comienza como juego, siempre a partir de un texto. Algunas veces generamos el texto y en otros casos tomamos el texto de otro autor qué hemos visto representado, nos inspiramos en eso, etc. Por supuesto, la elección del texto es muy importante porque debe transmitir nuestro pensamiento, nuestra idea del mundo, de las relaciones, de los personajes, de los seres humanos. Es un trabajo colectivo en general, porque ahí hay debate, hay búsqueda, hacemos lluvia de ideas hasta llegar a los primeros pasos de la puesta en escena. No siempre respetamos todo lo que dice el autor, también hacemos una interpretación de ese texto y a veces, tenemos que reformar alguna cosa porque necesitamos cubrir un personaje que requiere,  una voz masculina y no tenemos una voz masculina en ese momento y lo asume una chica, una mujer, o a la inversa. La decisión del tipo de títere también define el tipo de estructura teatral que vamos a usar, porque el títere de guante requiere una mampara de a la altura de nuestras cabezas y los brazos tienen que sobresalir en la boca de la escena, pero por ejemplo, si usáramos marionetas, que en general no hemos usado marionetas de hilo, la boca de escena está abajo. Otras técnicas que usamos son las manoplas, que son como un guante que reúne los cuatro dedos de la mano, excepto el pulgar, que va enfrentado, manejando la mandíbula del títere. Los otros dedos manejan el resto de la cabeza y generalmente son de tela, a veces se utiliza una media, para hacer el personaje, porque se pone en la punta de los pies la punta de los dedos y en el talón el dedo pulgar, y se pliega en lo que sería el medio del pie, o sea, el empeine. Bueno, usamos los títeres de varilla también, que mueven sus brazos con varillas externas y mueven la cabeza con una varilla interna o algún otro mecanismo similar que suple la varilla. Porque los títeres se mueven en un ambiente y tienen que destacarse a partir de un fondo, a veces implica también la posibilidad de entradas y salidas por puertas, ventanas, escaleras, etc.También hemos utilizado las sombras, ahora en un espectáculo que estamos haciendo, usamos una pantalla grande dividida en tres sectores con tres focos de luz diferentes y títeres de sombra que son siluetas no traslúcidas o bien traslúcidas. Lleva mucho trabajo todo lo que es el montaje visual del espectáculo. Y mientras vamos preparando los títeres, empezamos con el trabajo de mesa, viendo los diálogos, asignando los personajes. 

Otra cosa es el titiritero ambulante que a veces no trabaja con luces por trabajar a luz del sol o por trabajar en espacios abiertos, muy pocas veces de noche. Muchas veces en festivales, se suele trabajar de noche, ahí sí necesitan iluminación, pero no es una iluminación demasiado complicada. Con respecto al público también una cosa que hay que decir es que trabajamos tanto para niños como para adultos, porque los niños nunca van solos a la sala, van con adultos y los adultos merecen también un mensaje propio. A veces hacemos espectáculos para adultos a los cuales los niños pueden ir si quieren, pero su mensaje no está dirigido a ellos. Tratamos de dejar afuera a nadie, creemos que el espectáculo de títere es un espectáculo para toda la familia o para todos los públicos. 

 

 

Cristina — Lo que yo remarcaría es, en el proceso de escribir pensamos qué queremos decir. Ahí viene la elección de la obra, si está escrita, o la escritura de la obra por parte nuestra, o las ideas, si es una obra que no tiene palabras. Es importante ese arranque. A partir de ese arranque está todo lo que él explicó, no es hacer un títere por hacer, sino tiene que responder a lo que se quiere decir y a la estética de lo que se quiere decir. Eso lleva muchísimo tiempo y hay gente dentro de nuestro grupo, como Oscar, Ruy Acevedo en otra etapa, ahora hay dos titiriteras Delia Márquez y Patricia Trava que se ocupan de la cuestión escenografía o confección de los títeres, y luego de un proceso largo, en esa etapa, vamos tratando de interpretar voces y personajes. Eso lleva bastante tiempo, nuestras obras por lo general implican procesos de un año y medio. Entonces la función es la culminación de ese largo proceso. Y sigue, porque función a función nosotros después nos auto evaluamos, qué es lo que nos ha pasado, qué falta, qué sobra, qué se puede agregar. Nunca la repetición es exactamente igual de un espectáculo. Esa es la idea. 

—¿Cómo reaccionan los chicos actuales a las presentaciones?

 

 

Cristina — Los chicos reaccionan siempre muy bien, raramente hay algún problema con algún chico. El chico se pliega inmediatamente a la representación y el adulto también. En una etapa, hace bastantes años, cuando empezamos con la sala, tomamos muchas fotos, y son muy interesantes esas fotos, porque se ven las reacciones, además nosotros percibimos desde atrás del teatrino qué es lo que de alguna manera pasa, si hay mucho silencio, si no, cómo van recepcionando. La recepción es muy buena, el tema es que lleguen a ver los espectáculos, porque hay un malentendido en Argentina sobre el títere como que el títere es una cosa para los más chiquitos, que un chico de 10 de 11 años ya no, porque en el trayecto que hizo Villafañe que fue fundando algunas escuelas, el títere quedó muy ligado al escolar y a la buena voluntad de un maestro, que sin tener muchos elementos hacía lo que podía. Entonces, muchas veces el chico no veía realmente un espectáculo de títeres trabajado por un titiritero y se quedaba con la imagen de que era una cosita que se movía, que a veces tenía sentido o no tenía sentido porque no se tomaba una obra, eso dependía mucho de quién estaba a cargo de ese organismo, si había un organismo de títere o de esas funciones que se improvisaban. Ese malentendido ha complicado mucho la relación de la gente con los títeres. Cuando llegan a la sala realmente descubren un mundo que no pensaban. Es un mundo a seguir siendo explorado. Estamos compitiendo con las pantallas diversas en donde el chico se sienta y todo le viene servido. Falta la presencia como cuando alguien habla por whatsapp con otro y a lo mejor está al lado pero no lo está mirando o está lejos, pero no lo ve nunca. El teatro y los títeres tienen que ver exactamente con el teatro, incluso son más antiguos, requiere de presencia y presente de esto no lo digo yo, dicen algunos autores especialistas, y eso es muy importante. Es decir que la proximidad el ida y vuelta entre el que está como espectador y el que está haciendo la función. La pantalla es algo que ya lo da todo formateado y no pasa más nada. En cambio, el espectador vivo, al cual nosotros en la sala lo recibimos, lo despedimos, cuando terminamos una función les preguntamos a la gente qué títere quieren ver, se lo acercamos. A veces los chicos quieren ver detrás del teatrino, los llevamos detrás del teatrino para que vean cómo funciona todo eso, que parece como mágico y que es un arduo trabajo.

 

 

Oscar — A tal punto es distinto que un espectáculo que se ha filmado y se pasa a través de la pantalla, y se puede repetir infinitas veces y siempre va a ser igual. En cambio, el espectáculo en vivo, realmente es eso, es algo vivo, algo que transcurre como un hecho único, casi irrepetible, porque aunque se repita la obra, la función de esa obra, nunca va a ser exactamente igual, porque las personas que están observando no son iguales a las de otra función. Los titiriteros también tienen sus cambios a partir de su vida cotidiana, a partir de sus experiencias que se van sumando. Entonces es un encuentro entre seres vivos en el espectáculo de títeres, con la paradoja de que esa vida se hace a través de elementos inertes, como son los muñecos. Se dice que los titiriteros le dan vida, le prestan vida a estos seres que en realidad son seres muertos, o no vivos. Si los dejamos quietos en una caja, en una mesa, no son exactamente títeres, son títeres cuando están en movimiento a partir de deseos, de objetivos, que el titiritero le va asignando o la obra en sí le va asignando para construir en la escena la idea o la imagen de una vida. Eso me parece importante. Con respecto a las reacciones de los chicos son diversas también, en una de las últimas funciones una nena cuando salimos del teatrino con los títeres en la mano dijo «ah, pero eran ustedes, yo creí que eran de verdad, que eran seres, algo de verdad como persona o como personajes verdaderos» y esa nena participó mucho del espectáculo hablándole a los títeres, pero ella creía que esos eran seres vivos e independientes. Otros chicos no, son más pasivos. Algunos simplemente responden, participan verbalmente o no. Alguno ha tenido miedo a los títeres en principio. Nosotros solemos, cuando hay un caso así que se manifiesta al principio de la función, tratamos de tener un contacto directo con él y el títere fuera del ámbito de la sala para que vea que es un objeto y que no es dañino, no es un ser mágico ni nada. 

 

 

Cristina — En esta cuestión del títere y el titiritero hay una cosa muy interesante. El titiritero, como dijo Oscar, lo hace vivir, lo hace correr, cantar, bailar, y pareciera que el títere va cambiando. El rostro es el mismo, la expresión es la misma, pero el espectador al ver cómo se mueve, cómo habla, pareciera como que cambia. Entonces ahí se produce una cosa muy interesante. El titiritero necesita del títere y el títere necesita del titiritero. Es una cuestión casi, yo me la planteo medio filosóficamente, porque la tercera pata de una función por supuesto que es el público pero esta relación títere-titiritero es interesante para explorar, para pensarla, además uno necesita del otro, es un arte cooperativo de alguna manera entre uno y otro. 

Fuente: RTS Noticias