AMIA: El recuerdo presente de un país que aún sangra 

El lunes 18 de julio de 1994 un ataque terrorista con coche bomba destrozó la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). A las 9:53 se produjo el atentado, uno de los hechos más trágicos en la historia argentina. Adrian Furman sobreviviente, conversó en RTS Medios sobre este doloroso recuerdo.

Valeria Elías

RTS Medios

Al cumplirse un nuevo aniversario del ataque contra la Asociación Mutual Israelita Argentina se presenta la campaña “Hoy no podemos perder la memoria”. El lema pone el foco en una idea concreta: las 85 víctimas del atentado no pudieron vivir nada de lo que vino después. Por este motivo, y para mantener la memoria activa, Adrian Furman, sobreviviente de la AMIA y hermano de Fabián, asesinado ese mismo día en el atentado, reflexionó por RTS Medios.


—A tantos años del atentado, ¿cómo lo recordás y qué hubieras cambiado de lo que hiciste ese día?


—Ya pasaron 32 años del atentado y todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Lo recuerdo como el instante que marcó mi vida, como el momento en que perdí a mi hermano mayor, asesinado en un ataque terrorista. Todavía siento el ruido de la explosión en mi cabeza y puedo oler el amoniaco que hacía el aire irrespirable. Recuerdo como trepábamos por los techos para poder escapar y cuando todavía sin entender lo que había pasado miré hacia la calle Pasteur y vi todos los edificios destruidos y donde tenía que estar el primer bloque del edificio de la AMIA en su lugar había un vacío, un hueco. En ese momento entendí lo que había pasado y que la posibilidad de que mi hermano Fabián estuviera con vida era mínima.

Desde el 18 de julio de 1994 no pasó un solo día sin que estas imágenes se proyecten en mi cabeza. Siento que el dolor no desaparece, pero con los años aprendí a transformarlo en testimonios y en un absoluto compromiso con la memoria.

Si me preguntas qué hubiera cambiado de lo que hice ese día, te diría que le hubiese dicho a Fabián que ese día no vaya a trabajar. Lo hubiera llamado para que esté en ese momento en mi oficina; le hubiera dicho cualquier cosa para tratar de evitar que esté en ese momento, en ese lugar. Pero en mi conciencia está que hice todo lo humanamente posible por encontrarlo. Es una pregunta muy difícil y hasta te diría que de haber sido posible habría cambiado mi lugar por el de él.


—¿Percibís que hay un sentimiento de impunidad persistente? ¿Cómo se siente el día a día después del trauma?


—Yo creo que la impunidad no es una percepción, es una realidad que nos acompaña desde hace 32 años. Siento que la justicia se detuvo y desde entonces lo único que hemos recibido son respuestas frías, mentiras y engaños en una causa profundamente viciada. Es una herida todavía abierta que quienes tienen la obligación de cerrar, sean fiscales, jueces o el estado mismo, se niegan a hacerlo. Miran para otro lado.

En cuanto al día a día, la realidad no es una película, el trauma no se va. Al principio fue un

dolor silencioso que mantuve oculto sin poder expresarlo en palabras. Ese silencio desgasta por dentro. El peso de ser un sobreviviente y al mismo tiempo el hermano de una víctima, es una carga invisible que afecta todo. El día a día para mí fue aprender a convivir con ese dolor.

Un dolor que siempre tuvo el mismo peso, pero que con el transcurso del tiempo, de alguna

manera, te acostumbras a llevarlo con vos. La familia, los afectos, el nacimiento de mis hijos ayudaron a sobrellevarlo.


—¿Cuál es el mensaje que debería quedar a las generaciones futuras respecto a todo lo vivido?


—El mensaje fundamental es que la única manera de combatir a la impunidad es recordando, ejerciendo la memoria, viviendo y contando.

Muchos de los familiares hoy ya no están y es nuestro deber, mientras tengamos fuerza, seguir contando y transmitir a las nuevas generaciones, que ni siquiera habían nacido cuando ocurrió el atentado, quienes fueron los 85 asesinados. Contar sus historias, recordar que tenían una vida con muchos proyectos por cumplir. Y así, de esta manera, mantener sus nombres y sus historias vivas.

Pero el mensaje más profundo que quisiera transmitir y que me dejó esta tragedia es que la

vida no se detiene. Por eso, nuestra respuesta más poderosa ante el terror es seguir adelante. Y por supuesto nunca dejar de reclamar justicia.


—¿Cuál es el sentido de la memoria que rige en la comunidad y que podemos sacar de positivo ante una desgracia como esta?


—La memoria nos ayuda a combatir la impunidad cuando la justicia falla. Es importante saber que no fue un atentado contra la comunidad judía; fue un atentado contra todos los que formamos parte de este país. Si nos permitimos olvidar corremos el riesgo de que en algún momento se vuelva a repetir. Y como ya dije anteriormente, la memoria nos permite recordar a cada uno de los asesinados tenían una vida por delante. No son solo nombres; es nuestra obligación mantener sus historias vivas.

Ante esta desgracia lo que puedo rescatar de positivo es la solidaridad de la gente ante el

desastre y el acompañamiento que siento de la mayoría de la sociedad.  Esto nos hace sentir que no estamos solos en esta lucha y que hay mucha gente comprometida para seguir reclamando MEMORIA, VERDAD y JUSTICIA.

Fuente: RTS Noticias