Juana Azurduy: La libertad lleva nombre de mujer

En 1816 se le dio el grado de Teniente Coronel del Ejército de las Provincias Unidas por decisión del jefe Juan Martín de Pueyrredón, y en 1825 Simón Bolívar la nombró Coronel del Ejército de Bolivia. «La heroína de la independencia» pasó a la historia por su valentía y convicción independentista. 

Valeria Elías

RTS Medios

Juana Azurduy Llanos de Padilla, fue una líder militar, guerrillera y heroína independentista nacida en el Alto Perú (actual Bolivia). Figura clave en las luchas de emancipación de América del Sur, comandando tropas indígenas y mestizas contra el ejército español. Un dato fascinante sobre Juana Azurduy es que lideró batallas estando embarazada, luchando con la espada en alto y llegando a rescatar personalmente el estandarte de un coronel español. Impresionado por su valentía, el general Manuel Belgrano le regaló su propio sable en reconocimiento. Organizó y comandó un temible escuadrón de caballería femenina conocido como «Las Amazonas». A pesar de sus inmensos sacrificios militares por la independencia, en los que perdió a cuatro de sus hijos y a su esposo, murió en la absoluta pobreza y fue enterrada en una fosa común.

 

 

Carina Giletta, doctora en Estudios Sociales y profesora asociada FHUC-UNL, reflexionó sobre esta mujer trascendental de la historia argentina.   

 

—¿Quién era Juana Azurduy? ¿Y por qué se destaca en su momento histórico?

 

 

—Juana nació en Chuquisaca en el año de 1780, año de la gran rebelión indígena y mestiza panandina, lo que marca, de alguna manera como un signo, su rebeldía. Fue una mujer criolla, esposa del hacendado Manuel Ascencio Padilla, ambos partidarios de la temprana revolución de Chuquisaca. Se trató del primer estallido revolucionario ocurrido el 25 de mayo de 1809, un levantamiento popular contra la Real Audiencia de Charcas, que terminó en una violenta represión. Juntos formaron un dúo eficaz para la conducción del proceso de independencia que se abre en el Alto Perú. Padilla fue nombrado comandante militar y civil del territorio de La Laguna, cerca de Chuquisaca. Su forma de conducción a través de alianzas que sellaron con los indígenas chiriguanos y con el cacique Cumbia, fueron clave para engrosar sus filas de sujetos subalternos.

 

 

— ¿Cómo llega a un regimiento militar y quienes la seguían? 

 

 

—Juntos estuvieron a las órdenes de Manuel Belgrano y participaron en el éxodo jujeño. Padilla combatió en Salta, Tucumán y en Vilcapugio. Si bien Juana no entró en acción, estuvo en la retaguardia, siempre atenta para el auxilio. Luego de Ayohuma, Belgrano le obsequió a Juana su sable en señal de respeto y reconocimiento. Montada en su caballo, con su chiripá blanco, casaca roja y el inconfundible gorro del mismo color, sabía cómo conducir, tomar el mando y movilizar a varones como mujeres de los sectores populares.

— ¿Cuáles fueron las batallas más importantes en las que participó? 


—Formaba y lideraba un ejército de retaguardia y auxiliar en varias batallas, pero participó decididamente en 1816, en el ataque del Cerro de Potosí. Por su desempeño Juana fue ascendida a teniente coronel en la división Decididos del Perú. Luego de la muerte de Padilla se alistó a las órdenes de Güemes. Allí finalizó su rol militar. Si bien fue reconocida con una pensión por Bolívar, que duró un tiempo, terminó su vida de manera paupérrima.


— Dentro de ese contexto histórico, ¿qué significaba una mujer como Juana?


—Siempre resulta relevante destacar el rol político de las mujeres en los procesos de independencia. Al rescatar, como en este caso un nombre propio y una figura líder, con su reconocimiento se está rescatando la acción de muchas mujeres de todos los sectores sociales protagonistas de dicho proceso. No obstante, las hazañas de las mujeres en la guerra son valoradas por su imitación de la conducta y cualidades masculinas y no por su transgresión a las normas desde una subjetividad femenina. 

En consecuencia, sus aportes fueron frecuentemente interpretados como excepciones que imitaban conductas masculinas, antes que como expresiones de una transformación de los roles de género o de una forma específica de ejercicio del liderazgo femenino. En este sentido, la recuperación de la figura de Juana Azurduy no solo implica reconocer su destacada actuación militar, sino también cuestionar las narrativas tradicionales que invisibilizaron o minimizaron el papel desempeñado por las mujeres en la construcción de las independencias latinoamericanas.

Fuente: RTS Noticias