El legado de Güemes: Vocación de libertad y espíritu gaucho

La muerte de Martín M. de Güemes se recuerda como un acto heroico. Las guerras independentistas fueron su destino y el camino a la historia nacional. “ Quien había sabido encauzar su vocación de libertad y autonomía, sin olvidar el esperanzador ideal de la Patria Grande”, dijo el profesor Juan Carlos Alberto. 

Valeria Elías

RTS Medios

La conmemoración del general Don Martín Miguel de Güemes es un día recordado, el 17 de junio, dedicado a honrar la memoria de Martín Miguel de Güemes (1785-1821).

Güemes fue un destacado líder militar que desempeñó un papel crucial en la guerra de independencia de Argentina contra España. El profesor Juan C. Alberto conversó sobre este personaje histórico.


“Martín Miguel Juan de Mata Güemes,–comenzó el profesor– nació en la ciudad de Salta el 7 de febrero de 1785. Su familia pertenecía a lo más distinguido de la sociedad local, pero cuando falleció en La Cruz, en el lugar llamado La Higuera o Las Higuerillas (aproximadamente a 20 km de Salta), estuvo rodeado por «sus gauchos», como acostumbraba decir. El gobernador de la dilatada provincia norteña, durante la noche del 7 de junio 1821, fue emboscado por una partida enemiga, resultó herido de bala en la columna vertebral, mientras cabalgaba prendido al cuello de su flete. Diez días después, débil a consecuencia de sangría incontenible (Güemes era hemofílico), atenazado por el dolor, recibió a un parlamentario enviado por el general realista Pedro A. Olañeta. Sabiéndose cercano a la muerte, citó al jefe de su Estado Mayor, coronel Jorge E. Widt, y le hizo jurar sobre el puño de la espada: «Que marchase inmediatamente con sus fuerzas a poner sitio a la capital y que continuaría la campaña hasta que en el suelo de la Patria no hubiera ya argentinos, o no hubiera ya conquistadores». A pesar de la esforzada atención de su médico, murió aquel mismo día 17 de junio de 1821”.


Sobre el sepelio, el especialista comentó: “Sus restos fueron sepultados en la Capilla de Chamical y recibieron los honores correspondientes a sus altos merecimientos, confirmados por la masiva presencia del pueblo que deseaba despedir a quien había sabido encauzar su vocación de libertad y autonomía, sin olvidar el esperanzador ideal de la Patria Grande. Cuarenta días después de la última orden del jefe del gauchaje, el general jujeño Olañeta, constantemente hostilizado por la guerrilla salteña, se retiraba al Alto Perú –actual Bolivia–. Concluía así, la última de las varias campañas realistas a lo que es hoy territorio argentino”.


Los Infernales
Respecto al grupo que organizó en el norte, el profesor Alberto recordó que Güemes inició la carrera militar en Salta, cuando contaba 14 años, con el grado de cadete del Regimiento Fijo de Buenos Aires –una de cuyas compañías estaba en aquella ciudad– (1799). En 1801, el «Fijo» regresó a la capital del Virreinato; luego, fue destacado a Montevideo (1803). También participó en las jornadas bélicas provocadas por las invasiones británicas (1806 y 1807). Por mérito en estos hechos fue ascendido a alférez graduado, con funciones de Teniente de Milicias de Granaderos del Virrey Liniers.

Desempeñándose como ayudante de dicho jefe, participó en la toma de la fragata «Justine», nave mercante dotada de 26 cañones y 100 tripulantes, unidad integrante de la escuadra del comodoro Home Popham, varada a 400 metros de la costa del Río de la Plata. Atacada por 50 soldados de la caballería de Pueyrredón –al mando de Güemes–, su comandante pronto se rindió el 12 de agosto de 1806. Este fue un hecho singular: un buque armado vencido por jinetes, cuyos animales estaban con el agua al pecho.


“En 1808 le fue concedido volver a su terruño y allí se encontraba cuando se conoció lo ocurrido en Buenos Aires durante las jornadas mayas de 1810. Al llegar las tropas que enviaba la Primera Junta (el Ejército del Norte) para avanzar sobre el Alto Perú, Güemes se presentó con 60 efectivos muy bien montados en caballos criollos, fuerza conocida como «Partida de Observación». En septiembre de ese año, Güemes, destacado en Humahuaca, fue nombrado su capitán. El 7 de noviembre esa tropa participó en la victoria de Suipacha. Es posible que el mencionado cuerpo haya sido el núcleo originario de Los Infernales, porque dicho nombre ya era conocido en 1811. Para 1815, el cuerpo contaba con cerca de 400 plazas. Los alistados, generalmente provenían de la base estructural de aquella sociedad: campesinos sin posesiones, artesanos pobres, arrieros, indígenas, mestizos, afrodescendientes, desertores. Las armas, en su mayoría, silenciosas: lanza, facón, lazo, boleadora”, se explayó.


“Aquella famosa tropa pervive hasta nuestros días en el Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 5 «Gral. Güemes», con asiento en la capital salteña. En fechas señaladas como la que recordamos en estas jornadas, la Guardia de Honor luce con orgullo sus uniformes rojos, rinde homenaje a la Virgen de la Merced –generala del Ejército–, y nos recuerda la gesta que lideró el caudillo del Norte, ante los duros reveses que sufrieron las tropas regulares en batallas como Vilcapugio, Ayohuma, Huaqui, Sipe-Sipe”, cerró la explicación.


La Guerra gaucha y las republiquetas altoperuanas
“La aspereza de la geografía, la vocación patriótica del pueblo, el conocimiento del entorno, así como la acertada e inspiradora guía de su conductor, permitieron obturar los pasos montañosos a fuerzas superiores en número y recursos, para evitar una entrada profunda al territorio. Lo mismo puede decirse de otros conductores que operaban en Alto Perú, cuyos méritos poco se han difundido. Con ellos, el caudillo salteño mantuvo relaciones de inteligencia, autoridad y colaboración. En su homenaje, al menos, escribiremos algunos nombres. Están ordenados de Sur a Norte, desde el más cercano a Güemes, hasta el más alejado, en alrededores de Cochabamba, al NE del lago Poopó: José Fernández Campero, marqués de Tojo y Yaví, en el norte jujeño; Vicente Camargo, Manuel Asencio Padilla –el primero padrino de casamiento y el segundo esposo de Juana Azurduy–, y Francisco Pérez de Uriondo, próximos a Potosí; Ignacio Warnes en Chuquisaca; el comandante Juan Antonio Álvarez de Arenales, con ejército de línea, cerca de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra”, relató el profesor.


“El rápido ataque sorpresa, –continuó– característico de la guerra de guerrillas, el uso de todas las habilidades camperas del gaucho y del indígena, la hostilidad permanente a que eran sometidas las fuerzas realistas, resultaron altamente eficaces para la defensa del territorio, al tiempo que cuidaban las espaldas del ejército de los Andes que San Martín preparaba en Cuyo para pasar a Chile y llegar a Lima, centro del poder realista en esta parte de América. Esta breve reseña de los hechos que protagonizó Güemes debe mencionar por justicia, a quien acompañó al caudillo durante toda su vida. Dos años menor que Miguel, estuvo a su lado en los actos públicos de gobierno, así como en los propios de las campañas bélicas, montando a caballo e inflamando el ánimo de la tropa. Se desempeñó como persona de confianza y Güemes siempre apreció su sabio consejo. Así, por ejemplo, integró el grupo de personas que medió para zanjar las profundas diferencias entre Güemes y Juan José Rondeau (Pacto de San José de los Cerrillos, 22 de marzo de 1816, antevíspera de la instalación del Congreso de Tucumán)”.


“Nos referimos a su hermana, confidente y amiga, doña María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida con el sobrenombre de Macacha. Ocupado en asuntos de gobierno, el mandatario provincial estaba en su casa, aquella trágica noche del 7 de junio. La respetable dama falleció exactamente cuarenta y cinco años después, el 7 de junio de 1866”, finalizó.


El reconocimiento oficial
La revisión histórica ha sido oportuna para que la memoria del pasado otorgue a Güemes un lugar preponderante entre aquellos que, con bien ganados laureles, sostuvieron con denuedo la libertad de Argentina.
“Prestigiosas figuras pusieron de relieve la personalidad del caudillo y la idiosincrasia de la invencible Salta. Desde la literatura se destaca Leopoldo Lugones, con su obra «La Guerra Gaucha» (1905). Con el mismo nombre y gran éxito, fue llevada a la pantalla cinematográfica en 1942, dirigida por Lucas Demare. Entre los historiadores, con diversos estudios, descuella José María Rosa, quien puso relieve a la acción libertadora e independentista del jefe norteño. En 1999, el Congreso nacional sancionó la Ley 26.172 mediante la cual el 17 de junio fue declarado «Día Nacional de la Libertad Latinoamericana». Más tarde, el 2 agosto de 2006, el caudillo fue declarado «Héroe Nacional» (Ley 26.125). Posteriormente, en 2016, el 17 de junio fue establecido como Feriado Nacional, para conmemorar el paso a la inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes (Ley 27.258). Como sabemos, es feriado trasladable”, culminó el entrevistado.


Un recuerdo a su persona
«Era cortés y bien hablado, de muy cultos modales: un aristócrata fino y distinguido en el seno de la aristocracia; un demócrata de manera franca y de habla chabacana y descuidada entre las masas del pueblo. Porque eran dos lenguajes contrarios y distintos los que usaba Güemes, y dos clases de maneras también para conducirse entre las gentes. Cuando actuaba en los centros distinguidos, su expresión era la más correcta y sus maneras las más finas y corteses. Pero en medio de la gente pobre e inculta de los campos, en el seno de sus gauchos, hasta el acento cambiaba; tomaba entonces las maneras populares y desenvueltas, los modismos y los términos propios en el uso de aquellas gentes y en su cuerpo imitaba el aire y apostura del hombre despreocupado o campesino. De manera que quien […] lo veía al presente entre sus gauchos, sentado sobre los talones, en cuclillas, al lado del fogón, saboreando el asado que el gaucho de servicio le sostenía fijo en la cancana, [Varilla, generalmente de hierro, en la que se atraviesa la carne para asarla] rebanando los bocados con su propio puñal de costosa empuñadura que calzaba en el tirador, [cinturón de cuero con bolsillos del mismo material], quien en las calles de Salta o en las de Jujuy lo había admirado pasearse en sus magníficos y fogosos corceles enjaezados con lujo, luciendo en ellos sus bordaduras militares de oro con incomparable elegancia, y pasaba a contemplarlo ahora provisto de guardamontes desnudos, cubierto con su poncho, ceñido a la cintura el chiripá, crecida la barba y tendido sobre el cuello del caballo perderse a toda carrera, aún por el monte espeso y espinoso como el campesino más diestro en la corrida del ganado; quien veía y observaba todo eso no podía menos que descubrir se encerraba en aquella naturaleza un genio particular que, manejando con extraña habilidad los contrastes más fuertes, cumplía en uno y otro teatro los deberes y las exigencias para ser siempre de los primeros en cada uno de ellos».


FRIAS (Bernardo) Historia de Salta y de Güemes. t. III, p. 532. Citado por FIGUEROA GÜEMES (Martín G.) Verdades documentadas para la historia de Güemes. Imprenta de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1948, pp. 36, 37, 38.

Fuente: RTS Noticias