Es un thriller político ambientado en 1980, inspirado en la primera novela escrita por Reynaldo Sietecases. «Es una película rosarina que hice con mucho placer y ganas, de la que estoy muy satisfecho y orgulloso», expresó el actor Darío Grandinetti.
“Un crimen argentino” es una película basada en hechos reales –dirigida por el cordobés Lucas Combina y producida por el rosarino Juan Buscarini–, que está inspirada en la novela de Reynaldo Sietecases, del mismo nombre.
El film se sitúa en los años 80, en el marco de la dictadura militar argentina, cuando el empresario Jorge Salomón Sauan desaparece de modo intrigante en la ciudad de Rosario. «Sin cuerpo no hay crimen» es la máxima escalofriante en la que se apoya el argumento de Márquez, el principal sospechoso, un abogado y ex convicto que planifica el secuestro interpretado por Darío Grandinetti.
“Fue una producción orgullosamente santafesina, el 85% del equipo técnico y del casting eran de ahí. Fue un gran desafío recrear esa Rosario de 1980, una época tan particular y oscura. Todos los que participamos nos llena de orgullo esta película”, recordó Buscarini.
Hacer cine federalmente tiene la riqueza que da recorrer los territorios, nutrirse de sus sonidos, colores, arquitectura y hasta de los mitos e historias que habitan en cada rincón y que están esperando tener la oportunidad de ser contados.
Del mito a la ficción
Lucas Combina contó que lo que más le llamó la atención durante el rodaje fue que siempre se acercaba alguna persona mayor, contemporánea al crimen, a contar algún dato sobre el caso, pero que solían ser historias muy distintas entre sí y muchas veces contrarias a lo que decían las investigaciones oficiales. «Descubrimos que había todo un mito», sostuvo sobre la mística que se generó alrededor del rodaje.
Si esta película no se narrará desde el lugar de los hechos, con el particular clima cálido de diciembre en Rosario, y con todas esas personas que pasaban en el medio de la filmación a contemplar lo que sucedía y a acercar alguna anécdota que los vinculaba con los hechos reales, la historia no se enriquecería tanto en su producción. “Es renovador para el espectador, es algo nuevo salir de la urbanidad y contar historias que ocurren en las provincias”, sostuvo Grandinetti.
Una ciudad que viajó en el tiempo
Durante los meses de rodaje se pudo ver cómo recorrían por la ciudad autos viejos, que venían a interrumpir el espacio urbano para viajar a los 80. El desafío fue recrear en Rosario un escenario de época.
El director sostuvo que fue una ciudad “muy interesante para filmar, y sobre todo para filmar época, porque tiene una arquitectura conservada”. En algunos casos lograron “maquillar haciendo intervenciones de arte y de forma digital” plazas y edificios para que estén tal cual estaban en el momento, logrando a través de referencias de registros fotográficos acercarse más a la época. “Tiene mucho atractivo visual, y sobre todo para un policial donde uno busca locaciones lúgubres y un tipo de arquitectura que te acerque más al género”, expresó.
Cuando una película se filma en la ciudad donde vivis posee la magia de poder reconocer en la gran pantalla los paisajes cotidianos, poder recorrer junto a los personajes calles, edificios y lugares que habitamos. El director destacó la importancia de que la película haya transcurrido en el lugar de los hechos, y la posibilidad que se les brindó de poder utilizar locaciones como Tribunales Federales o la Sede de Gobierno; para él «poder trabajar en esos edificios te acerca mucho más a la historia, porque estás caminando por los mismos pasillos».
El cine es el guardián de la memoria.
“Pasó bastante de la película y me agarra cierta nostalgia de que no esté sucediendo todo eso. Me encuentro en un vacío de decir: ¿Por qué esto no continuó? ¿Por qué tenemos que estar convenciendo de que es importante hacer cine?”, reflexionó el director. Y resaltó que, en este momento, ve una crisis en la industria cinematográfica que no abre las puertas para producir nuevas historias.
“A través del cine y las artes se recuerda quiénes somos, de dónde venimos, y es a eso a lo que le temen, porque el arte nunca se ocupó de reivindicar las acciones fascistas, al contrario, las denunció», analizó Grandinetti sobre el contexto político, y agregó que para él «la cultura y el arte son los mejores guardianes de la memoria, ¿dónde vas a ir a enterarte de dónde venimos y a dónde vamos sino?”.
“¿Por qué algo que ya era concebido como cine nacional viene a tratar de convencernos de que no hace falta?”, se preguntó finalmente el director cordobés, concluyendo que el arte “es fundamental para la construcción de la identidad de un pueblo. Somos ese locro de cosas, de música, de cultura, de cine, de actores”.
La segunda vida de las películas
El productor rosarino contó que es una película que tuvo muy buena difusión, y que se sigue viendo nacional e internacionalmente por las plataformas. “No solo estuvo bueno en la experiencia de pasarla por cine, sino todo lo posterior que nos permite este mundo de las plataformas digitales. La película tuvo y sigue teniendo muchas visualizaciones”, expresó.
Para Combina, “la película se estrenó de la mejor manera, que fue la posibilidad de estrenarla en cine en todo el país” pero resaltó que le parece importante que exista la posibilidad, una vez terminada esa primera etapa, de que entre a una plataforma para que se siga viendo.
“Un proyecto que demostró que en Rosario podemos hacer un buen cine, cine de género y de calidad, y me llena de orgullo”, concluyó Buscarini.
Fuente: Noticias Argentinas