Lala Pasquinelli: “La caída de la natalidad no puede explicarse responsabilizando a las mujeres” 

La abogada y activista feminista analiza las múltiples causas detrás de la caída en el número de nacimientos en Argentina. La “maternidad precarizada”, el factor económico, el acceso a derechos y las transformaciones culturales aparecen como parte de un fenómeno intrínsecamente complejo.

Por Marina Zavala 

RTS Medios

La baja de la natalidad se presenta en los últimos años como uno de los principales fenómenos demográficos en Argentina. Este escenario abre nuevos debates que atraviesan la economía, las políticas públicas, los vínculos familiares y las transformaciones culturales. Desde algunos sectores, se apunta a los feminismos como uno de los principales responsables de la caída de los nacimientos. 

 

Para la abogada y activista femenina, Lala Pasquinelli, reducir este proceso a una supuesta “decisión” de las mujeres implica simplificar un escenario mucho más amplio y complejo. Al mismo tiempo, pone el foco en otros factores que atraviesan esta transformación como la precarización de la maternidad, la distribución desigual de los cuidados y las dificultades económicas.

 

La autora del libro “Maternidad: ¿deseo o mandato?” sostiene que las nuevas generaciones incorporan discusiones que antes quedaban fuera de escena: “Hoy muchas personas se preguntan en qué condiciones van a criar”.

 

¿Existe una conexión entre el cuestionamiento al mandato de la maternidad con la baja de la natalidad?

 

La baja de la natalidad es un asunto -ni siquiera diría que es un problema- que tiene un montón de causas. Lo que sucede es que, en general, desde las ultraderechas en el mundo, se tiende a simplificar una situación compleja, responsabilizar en forma exclusiva a las mujeres de esa caída y proponer como solución el control sobre sus cuerpos. Pero esto no es así, la baja de la natalidad no puede explicarse responsabilizando a las mujeres.

 

En este contexto, lo que proponen abiertamente es la restricción de los derechos sexuales y reproductivos para paliar la caída de la natalidad. Me refiero específicamente a la interrupción voluntaria del embarazo, pero también a políticas vinculadas al acceso a métodos anticonceptivos o a la salud sexual y reproductiva en la salud pública.

 

¿Qué otros factores aparecen detrás de este fenómeno?

 

Hay muchas curvas que, si las ponemos una sobre otra, son prácticamente idénticas. Una es que la caída de la natalidad empieza a acelerarse en la década del 60, cuando las mujeres empiezan a acceder a derechos que les permiten mayor autonomía como la píldora anticonceptiva que abre la posibilidad de planificar cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. 

 

Pero también coincide con otro fenómeno del que no se habla prácticamente nada: la caída de la fertilidad masculina. Culturalmente pareciera que mencionar esto fuera hablar de falta de virilidad. Sin embargo, es un fenómeno significativo y todavía no está claro a qué se debe. 

 

Y también hay algo que influye mucho: las condiciones materiales de vida. El arrasamiento de la clase trabajadora, la pérdida de acceso a derechos básicos como vivienda, salud o educación. Cada vez trabajamos más para sostener ingresos mínimos.

 

¿Creés que las nuevas generaciones piensan la maternidad y la paternidad de otra manera?

 

Sí, empieza a aparecer algo que antes no estaba en la conversación: el pensar que una persona que nace necesita comer todos los días, tener vivienda, zapatillas, acceso a la escuela, tiempo, cuidado amoroso. Antes la conversación sobre maternidad o paternidad estaba planteada solamente en términos de deseo: “quiero o no quiero tener hijos”. Pero no aparecía esta dimensión concreta de las condiciones materiales necesarias para criar.

 

Hoy veo una responsabilidad más clara en las generaciones jóvenes. Muchas personas piensan:“no sé cuándo voy a poder” o “no quiero traer una persona a este mundo en esta situación”.

 

También hay una conciencia mucho más fuerte sobre cómo recaen los cuidados sobre las mujeres. Sabemos que, cuando hay separaciones, en la enorme mayoría de los casos son las madres las que quedan a cargo de las criaturas y muchas veces sin cuota alimentaria. Esa información hoy circula y probablemente influya en las decisiones.

—En este sentido, solés hablar de la “maternidad precarizada”. ¿Hay un vínculo entre este concepto y la baja de la natalidad?

 

—Claro que influye mirar alrededor y ver la situación crítica en la que están criando muchísimas madres trabajadoras. El 60% de las infancias en Argentina está bajo la línea de pobreza y alrededor del 40% de las madres, también. Al mismo tiempo aumentan los servicios, el transporte, los alimentos, pero los salarios no acompañan. Además, sobre ellas sigue recayendo el peso del trabajo doméstico y de cuidados, que no es reconocido ni remunerado.

 

Por otro lado, las maternidades penalizan a las mujeres en el mercado laboral: cuando una mujer es madre tiene menos posibilidades de ser contratada. Y muchas veces, dentro de las parejas, como ganan menos, termina apareciendo la idea de que sea ella quien deje de trabajar para cuidar.

 

Hay números que indican que el 38% de las mujeres deja de trabajar después de tener su primer hijo y solo el 2% logra recuperar su lugar en el mercado laboral en los diez años siguientes. Entonces, se arma todo un ecosistema que las termina expulsando del trabajo y deteriorando su autonomía económica.

 

—¿Qué pensás de las políticas pronatalistas que son impulsadas por algunos países?

 

—Que no logran aumentar significativamente las tasas de natalidad. En Hungría, durante el gobierno de Orbán, hubo políticas muy favorables a las familias numerosas: créditos, beneficios económicos, facilidades para acceder a viviendas o vehículos más grandes. Y aun así el índice de nacimientos apenas creció. 

 

Esto demuestra que no se trata solamente de plata o incentivos económicos sino que hay muchísimas variables que intervienen en esta decisión. Por eso me parece importante insistir en que este es un fenómeno complejo y que no puede explicarse responsabilizando únicamente a las mujeres.

Fuente: RTS Medios