Inundación 2003: El Salado dañó pero también desbordó en solidaridad  

Hace 23 años el río Salado desbordó en la provincia de Santa Fe y varias localidades se vieron afectadas. En la ciudad de Santa Fe las instituciones educativas recibieron a los damnificados y fueron claves en la contención. La escuela Nuestra Señora de Guadalupe, representada por el padre Olidio Pánigo, fue uno de los centros que acogió por más tiempo a los evacuado

Valeria Elías

RTS Medios

El 29 de abril de 2003 la ciudad de Santa Fe despertó con grandes filtraciones en el cordón oeste. Las defensas no contuvieron el desborde del río, por obras inconclusas y un tercio de la ciudad quedó bajo agua. El Salado desbordó y obligó a miles de familias a salir de sus casas dejando sus pertenencias y objetos preciados atrás, apenas los documentos y algún abrigo, otros solo con lo puesto. 

Las escuelas y los clubes, en horas se transformaron en centros de evacuados. La respuesta de la gente fue espontánea, ayudar y contener a tantas personas afectadas. La escuela Nuestra Señora de Guadalupe, de la ciudad de Santa Fe, conocida popularmente como «La Tolde» no fue la excepción, recibió a los evacuados y mantuvo sus puertas abiertas hasta luego de comenzada la reubicación de los perjudicados. 

En ese entonces, el párroco Olidio Pánigo, comenzaba sus primeras actuaciones en la comunidad escolar y eclesiástica. En diálogo con RTS Medios, el cura recordó lo que se vivió en ese momento.   

 

— Inundación del 2003, ¿Cómo lo vivió y qué pasó en ese momento?


— Hacía menos de un año que había llegado como párroco de Guadalupe, así que me estaba acomodando y estaba con los preparativos para la primera Peregrinación a Guadalupe que me tocaba vivir desde dentro, en la organización. Por eso, fue algo sorpresivo, inesperado. El domingo anterior, 27 de abril, habían sido las elecciones nacionales. Cuando fui para votar a mi pueblo, Emilia, me dijeron que el Salado estaba muy crecido, pero nunca imaginé que podía afectar a Santa Fe, que podía provocar lo que después sufrimos.


—¿Cómo fue abrir la escuela y contener a tanta gente desesperada? 


—Fue una decisión rápida porque veíamos las necesidades de la gente. Si bien, estábamos en plena Novena de Guadalupe, con la Fiesta que celebrábamos el fin de semana siguiente, no podíamos permanecer ajenos. Ni bien los directivos de la Escuela me presentaron la situación decidimos ofrecernos como centro de evacuados de inmediato. En una escuela no hay una estructura para que vengan a vivir familias pero iban a estar debajo de un techo y les íbamos a ofrecer lo mejor que podíamos. Años después el Papa Francisco dijo que la Iglesia debe ser como un hospital de campaña, donde se ofrecen las ayudas fundamentales, y sentimos que éramos eso, un hospital de campaña en medio de la catástrofe.


— ¿Cuál fue el trabajo que se realizó en aquel entonces dentro de la comunidad?


—Fueron surgiendo ayudas de todo tipo. Lo primero era ofrecerles comida, ropa, priorizando a los ancianos y los bebés. Inclusive hubo que ubicar a las mascotas que eran parte de la familia y las trajeron con ellos. Fue muy grande la ayuda de la gente, nunca nos faltó qué ofrecer a quienes estaban en la escuela. Como había evacuados en otras escuelas y centros deportivos de Guadalupe, formamos un equipo de trabajo con delegados de los distintos centros para unificar estrategias, ver las necesidades y presentar los pedidos puntuales al gobierno. Como el tiempo de permanencia se prolongaba, se organizaron actividades para los chicos y los adultos, se atendían las necesidades médicas. En esos días fue la Fiesta de Guadalupe y mucha gente que estaba evacuada en los distintos centros del barrio no conocía la Basílica, por lo que los llevamos para que la conozcan. Muchos de ellos participaron también de la Fiesta y se dio algo muy particular: la gente se concentró para participar en la procesión y misa del domingo por la tarde, la que se celebra en la Plaza, y no recuerdo haber visto tanta gente en esa celebración como la que se concentró ese año, a pesar de la inundación. Muchos vinieron a buscar fuerzas a través de la fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe, tanto las personas afectadas por la inundación como quienes estaban sirviendo en los centros de evacuados.


— A tantos años de aquel episodio ¿qué aprendizaje dejó?¿Hay algún mensaje en particular?


—La necesidad nos unió para ayudar a quienes estaban necesitados. Nos permitió sentirnos hermanos aún sin conocernos, aún viviendo en barrios muy distintos. La solidaridad, empatía y ayuda que se vivió en ese momento, debería ser algo que podamos seguir viviendo en la vida de cada día. Cortarnos solos no es el camino porque nadie se salva solo.

Fuente: RTS Noticias