En una entrevista en RTS Medios, Carolina Villanueva —presidenta y fundadora de Grow, Género y Trabajo— analizó la brecha salarial, la sobrecarga de cuidados y el impacto que puede tener la reforma laboral en las trayectorias laborales de las mujeres.
Por Victoria Rodriguez
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, los números vuelven a mostrar una desigualdad persistente en el mercado laboral: En América Latina, la tasa de participación laboral es del 75% en hombres y del 53% en mujeres (OIT, 2025). Pero las estadísticas por sí solas no alcanzan para explicar lo que está pasando: detrás de cada indicador hay transformaciones económicas y decisiones políticas que impactan de manera distinta según el género.
En diálogo con RTS Noticias, Carolina Villanueva, presidenta de Grow, Género y Trabajo, advirtió que las mujeres no sólo ganan menos que los varones sino que además cargan con la mayor parte del trabajo de cuidados en un contexto donde el Estado se retira de muchas de esas funciones. Y alertó que la reforma laboral recientemente aprobada por el Congreso y promulgada por el presidente Javier Milei podría profundizar desigualdades ya existentes.
En la misma línea, la retracción del Estado en políticas de acompañamiento a las disidencias y la promoción de discursos de odio impacta de lleno en el acceso de las disidencias, en especial de las y los integrantes del colectivo trans travesti, a oportunidades laborales que garanticen salarios que cubran no sólo las necesidades básicas sino que también permitan proyectar una trayectoria de vida digna que rompa la expectativa de vida actual que está entre los 40 y 45 años.
Brecha salarial y techo de cristal.
Aunque en los últimos años se registraron avances en el acceso de las mujeres al trabajo formal, la desigualdad salarial sigue siendo una constante. En la Argentina la brecha salarial alcanzó el 29,3%, según el informe La cocina de los cuidados 7 del CELS. “La brecha salarial existe y se mantiene. Las mujeres ganan menos que los varones incluso cuando tienen el mismo nivel educativo”, explicó Villanueva.
Pero la desigualdad no se expresa sólo en los ingresos. También aparece en las posibilidades de ascenso dentro de las organizaciones. “El techo de cristal sigue operando: a medida que subimos en la pirámide jerárquica, cada vez hay menos mujeres en los puestos de decisión”, señaló.
Además, de acuerdo a la consultora Grant Thornton, sólo el 37% de los puestos de conducción están ocupados por mujeres en América latina. Pero una vez que llegan a los puestos de conducción las oportunidades tampoco son las mismas. “A las mujeres se las juzga mucho más a partir de la tarea hecha. A los varones se los contrata y se los asciende mucho, basado en su potencial y en lo que pueden aportar. Pero las mujeres primero tienen que aprobar, tienen que probar su valor y, a partir de eso, se les empiezan a dar oportunidades”, detalló la presidenta de Grow.
Para la especialista, el problema no es únicamente cultural sino estructural. Las trayectorias laborales de las mujeres están atravesadas por interrupciones vinculadas al cuidado de hijos e hijas, personas mayores o familiares enfermos, algo que rara vez se distribuye de manera equitativa.
Menos Estado, más carga de cuidados
En América Latina, las mujeres dedican entre 6 y 30 horas semanales más que los varones al trabajo de cuidado no remunerado (OIT, 2024). La sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado es una de las principales barreras para la autonomía económica de las mujeres. Y, según Villanueva, esa desigualdad se profundiza cuando el Estado reduce su presencia en políticas sociales.
Según datos del CELS, el 43% de los niños y niñas menores de cinco años no asiste al jardín, por lo que el cuidado recae principalmente en las familias. Y, en el caso de las personas mayores, el 59% de las familias resuelve el cuidado con su propio tiempo. Sin políticas públicas que promuevan espacios de acompañamiento para las familias y que garanticen un cuidado integral y digno a las poblaciones vulnerables, revertir el impacto económico para las familias es muy difícil.
“Cuando el Estado se retira, alguien tiene que absorber esas tareas. Y generalmente son las mujeres”, explicó. Y es que el desfinanciamiento de las organizaciones barriales que, en muchos casos, proveían espacios de cuidado para que las mujeres puedan salir a trabajar y los recortes para las prestaciones a personas con discapacidad, entre otras acciones de retracción del Estado nacional, impactan de lleno en las oportunidades de las mujeres. Se traduce en jornadas invisibles que combinan empleo remunerado con trabajo doméstico no pago.
“Las mujeres están amortiguando la crisis. Lo hacen con más trabajo de cuidado, con más tiempo dedicado al hogar y muchas veces resignando sus propias oportunidades laborales”, afirmó.
Y alertó: “Los Estados se están preocupando por la baja tasa de natalidad en Argentina. Si quieren que deje de caer la tasa de natalidad y que la fertilidad aumente, necesitamos Estados más presentes y que nos ayuden a cuidar porque básicamente nuestro tiempo es la variable de ajuste para cuidar y tener hijos”.
En esa línea es importante resaltar que el desarrollo de un sistema de cuidados podría generar hasta 1,8 millones de puestos de trabajo hacia 2030, según el CELS.
Reforma laboral y jubilación: impactos desiguales.
En el actual contexto económico, Villanueva también analizó el posible impacto de la reforma laboral recientemente aprobada por el Congreso de la Nación. Desde superspectiva, las modificaciones en las reglas del mercado de trabajo pueden afectar especialmente a quienes ya ocupan posiciones más precarias.
“Las mujeres están sobrerrepresentadas en los trabajos informales, en el empleo doméstico o en sectores con menos protección laboral”, ejemplificó.
Y agregó que eso tiene consecuencias a largo plazo, sobre todo cuando llega el momento de jubilarse. “Si las trayectorias laborales son más discontinuas o más precarias, también se resiente el acceso a una jubilación digna”, advirtió.
Por eso, para Villanueva, el debate sobre reformas laborales no puede ignorar la dimensión de género: “Cuando se discuten cambios en el mercado de trabajo hay que preguntarse quiénes se benefician y quiénes quedan más expuestas. Y en muchos casos las mujeres parten de una situación de desventaja”.
Fuente: RTS Medios