El 12 de octubre se conmemora la llegada de la expedición de Cristóbal Colón a América en 1492. En América las culturas preexistentes vivieron un antes y un después de este encuentro político cultural. ¿Cómo se dieron estos procesos?
Valeria Elías
RTS Medios
Las comunidades constituyentes de Santa Fe, plantean una visión propia de quien es la historia quedó despojado de su verdad y debió acomodarse a una nueva. Sobre lo que fue la historia previa al arribo colombino, y el posterior desarrollo de la conquista y los cambios culturales, la periodista de RTS Medios conversó con Adán Costa, docente universitario y abogado. Miembro de Comunidades Constituyentes Santafesinas. Presidente de la Comisión de Derecho Indígena y Latinoamericano del Colegio de Profesionales de la Abogacía de Santa Fe.
—¿Qué podemos decir del «11 de octubre» respecto a cómo eran las culturas precolombinas?
— Hacia el año 1992, cuando Occidente evocaba los 500 años de la llegada del navegante europeo Cristóforo Colombo a la isla de Guanahaní, una de las Antillas de la actual Bahamas, como «contra-festejo» se comenzó a pensar en Argentina que cada 11 de octubre era el «Último Día de Libertad de los Pueblos Originarios», plantado como acto de resistencia y reflexión cultural, superador de la teoría europeizante de «descubrimiento de América» o la posterior aparición del »Día de la Raza», de cuño hispanoamericano. Así se enfatiza que a partir del «12 de octubre de 1492», América fue sometida a un brutal y sangriento proceso de conquista por la llegada del colonialismo europeo, autor de uno de los mayores etnocidios en la humanidad, que se cobró la vida de más de 80 millones de personas. Con ese proceso de exterminio en nuestra Abya Yala, –nombre en lengua de los gunas con que se identifica a lo que los europeos llamaron «tierras del navegante Américo Vespuccii o Novo Mundo»–, se puso en marcha un proceso de dependencia que se ha mantenido en la historia durante siglos y que se ha cargado con la vida de protagonistas como Tupac Amaru, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, Tupac Katari, Caupolicán, la «reina Nanny» o Gaspar Yanga, entre otros. Por eso no se festeja el «Día de la Raza» ni se celebra el saqueo, la muerte y la dominación que supuso la llegada de las monarquías europeas a nuestras tierras americanas.
Ambas fechas, la del 11 y las del 12 de octubre suponen profundas tensiones culturales como rupturas y continuidades operadas a partir de la fecha evocada, sea por enfatizar el día 11 o el día 12, o incluso sobre el propio 12, resignificando el original «día de la Hispanidad», luego de la «Raza» desde 1917, hasta el «día del Respeto de la diversidad cultural» como jornada de reflexión histórica y diálogo intercultural, determinado por decreto del año 2010 que impone a esta fecha como feriado nacional, aunque por decisión administrativa del actual gobierno nacional se lo mantiene como feriado pero le reimplanta equívocamente el sentido del «Día de la Raza».
Cada 11 de octubre es una oportunidad para reivindicar los sentidos que promueven las epistemologías no occidentalizadas que empoderan, en cuyo horizonte se encuentran diferentes modalidades del ‘vivir bien’ o lo que en el mundo andino se llama sumaj kawsay (buen vivir), evocando a quienes nos antecedieron en estos territorios, volviendo nuestra mirada a nuestras comunidades indígenas y, a su vez, desde las conferencias del sistema de Naciones Unidas de Durban, Sudáfrica del año 2001, y con enorme sentido crítico la trata transatlántica por la cual 20 millones de afroamericanos fueron extraídos contra su voluntad de sus tierras y sometidos como mano de obra esclavizada del sistema económico dominante a partir del siglo XVI instalado en América.
Así se ha procurado entender los vínculos entre culturas diferentes y para sostener la disputa ante el todo sistema de dominación cultural, política o económica, entendiendo a la revolución de sentido simbólico-cultural como un método de resistencia ante el mismo colonialismo que supo someter a nuestra tierra y que buscó destruir una parte importante de nuestra historia y nuestras costumbres.
La relevancia de este sentido nos lleva a nuestra provincia Santa Fe, en la ciudad de Recreo donde persiste una comunidad moqoit y por su decisión la Escuela de Educación Secundaria Orientada Intercultural Bilingüe Nº 509, que se la ha denominado «11 de Octubre».
—¿Qué sería la hibridación cultural asimétrica luego del 12 de octubre? ¿Qué supone el fenómeno de la aculturación?
— El antropólogo argentino Carlos Martínez Sarasola, en su magnífica obra «Nuestros Paisanos los Indios» destaca los diversos aportes de las diferentes configuraciones culturales de nuestro país, siguiendo los contextos históricos por los cuales ha atravesado. Allí sugiere la conformación de «diferentes matrices culturales». Al primer poblamiento americano lo data hace 30.000 años, con rutas de norte a sur, desde el estrecho de Bering hasta la Tierra del Fuego, lo que en términos jurídico constitucionales podríamos denominar la «preexistencia» de los pueblos a las ciudades, a los cabildos municipales, a las intendencias-gobernaciones, a las provincias y a los estados nacionales. Con posterioridad, y pensando en el actual territorio argentino, fija el momento a partir del año 1492, cuando se encontraron los españoles de la Conquista con las comunidades indígenas dando origen a ese primer nudo de nuestra cultura, esa primera mestización que fue la matriz original hispano indígena, configurada por habitantes criollos –hijos de españoles y europeos nacidos en América–, mestizos, negros e indígenas.
Lejos de ser horizontal o igualitaria en términos de derechos, esta matriz híbrida, implicó jerarquías para europeos o criollos en desmedro de los demás, traducido privilegios o del lugar de radicación geográfica sea en ciudades, o en sus periferias o en el ámbito rural. Por lo tanto esta hibridación cultural ha sido asimétrica, porque su pregnancia nos llega hasta hoy. La lengua que principalmente se habla es el español o castellano, como un ejemplo del fenómeno de la aculturación, que si bien supuso la incorporación de palabras en lenguas maternas, como por el ejemplo «cancha, pucho o cura» que son del quechua andino o el noroeste argentino o la palabra «mate» del guaraní del noreste, el predominio cultural, en términos de lengua, religiosidad, u organización política o económica, es europeo-occidental.
Para tener una noción, hacia 1869, ya vivían en la Argentina 1.736.000 personas provenientes de estas matrices, la originaria y la hispano indígena. Con las diversas corrientes inmigratorias de Europa meridional en las últimas décadas del siglo XIX, la población creció, y se agregaron otros componentes que diversificaron esta matriz cultural. Con la complejización y las disputas por democratización y la justicia en la distribución de las riquezas, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, esta hibridación asimétrica ha pretendido ser diluida pero su fijación es tan profunda nos llega hasta hoy, en las prácticas sociales presentes de grupos sociales que han sido muy maltratados en la historia.
Los indígenas y los afro, han sufrido de genocidios y masacres como las de la Patagonia y el Gran Chaco, la invisibilización y auto ocultamiento vergonzante, el borramiento del rasgo identitario para escapar de la muerte, hasta el racismo y supremacismo cultural. Por eso hoy hablamos de la brecha cultural que impide el ejercicio pleno de los derechos en cada una de las representaciones sociales de estas comunidades.
—¿Cuál es la actualidad de las comunidades indígenas?
— En la actualidad nos encontramos, que fruto de militancias por los derechos de indígenas y afro, especialmente para los primeros, han ido apareciendo nuevos estándares normativos, sobre todo a partir de la reforma de la constitución nacional de 1994, que estableció el paradigma del derecho constitucional indígena del art. 75 inc. 17 o la incorporación legislativa del Convenio 169 de la OIT o la reciente reforma de la constitución de la provincia de Santa Fe del artículo 13 inc. 6 y el nuevo bloque de constitucionalidad sancionado el 6 de septiembre de 2025, que añade a la nota de preexistencia la nota de persistencia cultural, que supone una existencia en el presente con preservación de las principales características culturales de las comunidades indígenas. Pero nos encontramos con el problema de que existen normas pero las prácticas sociales de derechos son muy distantes. Se evoluciona en el enfoque de los derechos, pero la brecha cultural que nos atraviesa impide el ejercicio pleno de los mismos, especialmente en materia de participación política, de reparación material, cultural o simbólica. Desde Comunidades Constituyentes Santafesinas, quienes empujamos la sanción del art. 13 inc. 6, con el trago amargo que no se mencionó a los afrosantafesinos en esta u otra cláusula constitucional, promovemos un enfoque que permita superar esa brecha cultural que está anidada y impregna el corazón de las sociedades, que no solo afecta al ejercicio de los derechos de las comunidades, sino afecta a la misma sociedad, la que comprende muy poco de sus orígenes, y lo que conoce, está mal contado o contado al revés a propósito.
La rebelión de los moqoit y qom de 1904 en San Javier, no se contó como lo que fue, una resistencia a la agresión de los poderes instituidos, sino como un malón indígena. Hoy, el 70% de las 101 comunidades indígenas de la provincia está bajo la línea de la subsistencia. Es imprescindible, y la actual constitución santafesina lo habilita, pensar en una ley general de lenguas maternas obligatorias para toda la escolaridad santafesina primaria, en los más de cuatro mil establecimientos educativos de toda la provincia. Cuando hablamos de comunidades indígenas y afrosantafesinos, pese a su enorme riqueza y aportaciones culturales en la historia, la sensación de deuda social es la que predomina en el imaginario y es todo lo que le falta a nuestras democracias de bajas intensidades, donde las representaciones sociales pareciera que sólo pueden ser ejercidas conforme al poder relativo que portan los individuos o las comunidades.
Fuente: RTS Noticias